De los 3.646 “espacios verdes” computados por la Ciudad, el 60% son canteros y “derivadores de tránsito”

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires computa la existencia de 3.646 “espacios verdes”, de los cuales, 1.763 —casi la mitad— son canteros y 422, “derivadores de tránsito”. Entre ambas categorías suman 60% de las unidades verdes oficiales, número que desciende a 11% si la medición es en hectáreas.

La lista de rarezas del registro ecológico de la Ciudad también incluye 618 plazoletas con una superficie de no más de un cuarto de manzana y, por lo general, secas; 203 “veredas” que rodean pequeños fragmentos verdes, jardines ornamentales, cementerios, canchas de fútbol, bordes costeros, patios y pasajes, de acuerdo a una estadística oficial suministrada a elDiarioAR por la Dirección de Estadística y Censos del Gobierno porteño, en respuesta a un pedido de acceso a la información pública.

Para la nomenclatura de la Dirección General de Antropología Urbana, una plazoleta “tiene una función simbólica y en muchos casos alberga monumentos o hitos de la Ciudad, de superficie de hasta 2.500 metros cuadrados”. De esos reductos hay 618 en la Capital, y ocupan 93,1 hectáreas. Las 203 veredas “verdes” (26 hectáreas) son espacios de tránsito y acceso a viviendas, es decir, de baldosas, pero que rodean un área con césped o plantas. Palermo y Belgrano son los barrios donde las veredas coquetas tienen mayor incidencia.

Esas áreas pseudoverdes se acumulan sobre aquéllas sobre los que no habría mayor discusión: 353 plazas, 64 parques, dos reservas ecológicas y un ecoparque (exzoológico).

Con todo adentro, el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta sostiene que la Capital Federal cuenta con 6,7 hectáreas cada 10.000 habitantes (o 6,7 metros cuadrados por habitante), ratio que fue esgrimido por los funcionarios de la Ciudad como un umbral aceptable para el promedio de América Latina ante la reciente polémica por la habilitación de proyectos inmobiliarios en la tierra pública de Costa Salguero y en la ex República de la Boca, en manos de IRSA desde 1997.

Muchos espacios, que no necesariamente son grandes parques y plazas, también se contemplan como importantes para la superficie verde de una ciudad

Críticos del Ejecutivo porteño sostienen que no hay respaldo académico o urbanístico al criterio de que 6,7 hectáreas cada 10.000 habitantes son sustentables, pero si sólo se tuvieran en cuenta los espacios verdaderamente verdes (plazas, parques, reservas ecológicas), la relación bajaría a 4,7 hectáreas/10.000, lejos de cualquier estándar aceptable.

elDiarioAR intentó obtener la visión de la ministra de Espacio Público, Clara Muzzio. A cambio, esa dependencia envió un texto que habla de una “Infraestructura Urbana Verde” que sería efectiva para mitigar el impacto de las altas temperaturas y las fuertes lluvias. “Es por ello que muchos espacios, que no necesariamente son grandes parques y plazas, también se contemplan como importantes para la superficie verde de una ciudad”, dice la respuesta, en lo que parece aludir a las categorías heterodoxas del registro oficial. 

La cuestión del tamaño

¿Una plaza es un área verde? Depende. Un ejemplo que alimenta la duda sería Miserere (Once), dominada por baldosones, casi sin césped, en el epicentro de uno de los barrios más sofocados por el cemento. Sobre lo que no parece haber debate es que un derivador de tránsito o un cantero no son “hectáreas puramente verdes” definidas en el Plan Verde 2016-2019 lanzado por el Ejecutivo de CABA.

Ese programa trazó un objetivo de 110 hectáreas verdes que Horacio Rodríguez Larreta dio por cumplido durante la reciente campaña electoral, pero un detallado informe de Chequeado tachó tal presunción como falsa.

Según Fabio Márquez, director de la Comisión de Participación Social de la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo y docente de la Maestría Paisaje, Medioambiente y Ciudad en la Universidad de La Plata, el consenso académico internacional estipula que, para salvar singularidades del registro, una ciudad debe tener entre 10 y 15 hectáreas verdes cada 10.000 habitantes, es decir, cerca del doble de lo que declara el Gobierno de la Ciudad y el triple si se ajusta el cómputo.

María Eva Koutsovitis, coordinadora de la Cátedra de Ingeniería Comunitaria de la UBA, toma como parámetro la ley de Ordenamiento Territorial vigente en la Provincia de Buenos Aires. Esta ingeniera industrial, crítica del Gobierno de Rodríguez Larreta, remarca que un espacio verde debe, para ser tal, tener “continuidad hidrológica vertical”, es decir, el agua debe fluir desde la superficie hacia las napas, lo que excluye terrazas, jardines verticales y, obviamente, cemento.

El texto enviado por el Ministerio de Espacio Público evalúa que las 6,7 hectáreas cada 10.000 habitantes de la capital argentina contrastan con las 13,6 hectáreas de Nueva York y las 30 hectáreas de Bruselas (30 m2), pero son más que las 6 hectáreas de México y Santiago, y las 4,2 hectáreas de Lima.

En la comparación nacional, Rosario más que duplica el área verde de Buenos Aires, con 10,4 hectáreas/10.000 habitantes, de acuerdo al estudio de la Iniciciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (Ices) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En cualquier caso, lo importante, sugiere el informe porteño con cita a la Organización Mundial de la Salud, es el tamaño, pero también la calidad.

Accesibilidad con bemoles

El ministerio de Muzzio refiere que, de acuerdo a un estudio de la Fundación Bunge y Born que aborda el concepto de accesibilidad, el 87,6% de la población porteña reside a menos de diez minutos de un espacio verde público.

A la hora de la verdad, la “accesibilidad” tiene sus bemoles. Caballito, por caso, es uno de los barrios más poblados de la Capital Federal, cuyos habitantes están entre los más activos en el reclamo de áreas verdes. Parque Rivadavia, Parque Centenario o Plaza Irlanda son grandes extensiones “accesibles” para el gran barrio del centro geográfico de la Ciudad, pero a todas luces insuficientes en relación a los habitantes, dato comprobable un domingo a la tarde, cuando multitudes se amontonan sobre la gramilla, en postales que, de apacibles, tienen poco.

En cualquier caso, que 12,4% de la población esté alejada de zonas verdes, según el particular enfoque de Bunge y Born que el Gobierno de CABA hace propio, marca que “hay mucho por hacer” para el “objetivo de reverdecer Buenos Aires”, admite la cartera de Muzzio.

Dicho objetivo choca de plano con la avanzada que se da no sólo en lugares emblemáticos que el Gobierno de Larreta pretende privatizar, como Costa Salguero, sino también en terrenos ferroviarios en Colegiales y Caballito, en las inmediaciones de las vías de las líneas Mitre y Sarmiento, respectivamente, donde los famosos desarrolladores, en alianza íntima con el Ejecutivo porteño, pugnan por vencer la resistencia de vecinos. En el caso de Caballito, una larga batalla judicial mantiene paralizado y degradado un importante terruño sobre la avenida Avellaneda, calle de por medio con el Club Ferro. En un área que descomprimiría la afluencia a Parque Rivadavia y Plaza Irlanda, IRSA y la administración de Larreta apuntan a construir edificios y centros comerciales.

En su haber, el Gobierno de la Ciudad anota avances verdes en el Paseo del Bajo, en Puerto Madero; el Parque de la Estación, en Almagro; y la Reserva Ecológica Lago Lugano. El caso del Parque de la Estación es curioso, porque vecinos agrupados en organizaciones que coadministran esa hectárea y media que pertenecía al Ferrocarril Sarmiento y hoy alberga especies autóctonas, denuncian que debieron resistir durante años, mediante recursos y movilizaciones, el intento del Ejecutivo de Buenos Aires de construir edificios y comercios.

Barrios sin sombra

Más allá del déficit de espacios agradables con césped, árboles, sombra y sonidos de aves en un contexto de avance de las torres y el hormigón, los números suministrados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dan cuenta de un reparto sumamente dispar entre los barrios.

Los 3.646 “espacios verdes” del registro público suman 2.063 hectáreas, o 1.453 si excluyen los canteros, plazoletas y las categorías inscriptas como “otros” por la Secretaría de Desarrollo Urbano. De ellas, 343 hectáreas —casi un cuarto de los espacios verdes reales— corresponden a la Reserva Ecológica Costanera Sur, que se ubica sobre el Río de la Plata y sólo linda con las últimas torres de Puerto Madero y la villa Rodrigo Bueno, y permanece cerrada desde el atardecer, los lunes y los días de lluvia. Es decir, su inserción en la trama urbana de la Ciudad es bastante limitada, remarca Márquez. Nuevamente, el concepto de “accesibilidad” gana complejidad.

Como la reserva ecológica pertenece a la Comuna 1 (Retiro, Puerto Madero, San Telmo y parte del Centro), la estadística cada 10.000 habitantes crece allí hasta 18,2 hectáreas, el triple del promedio de la Ciudad. También se destaca la Comuna 8, una de las más pobres de la Capital Federal (Soldati, Lugano, Riachuelo), con 18,8 hectáreas/10.000, porque el catastro anota en su haber el Parque Indoamericano, el ex Autódromo, el ex Interama y otros terrenos, varios de ellos degradados o con acceso restringido. La beneficiada comuna de Palermo (14), al contar con los bosques homónimos, asciende hasta 12 hectáreas/10.000 habitantes.

En el fondo de la tabla se ubican Balvanera, Once y San Cristóbal (comuna 3) y Almagro-Boedo (5). Ni siquiera suman con canteros, cementerios o derivadores de tránsito; tienen unas pocas plazas y arañan las 0,4 y 0,2 hectáreas cada 10.000 habitantes, respectivamente. Precisamente en el límite de ambas comunas se da una de las luchas del momento. Vecinos y organizaciones reclaman la construcción de una plazoleta en la intersección de Avenida Corrientes y Gallo, donde fueron demolidas construcciones precarias, a la que ya le pusieron nombre: Tita Merello.

El proyecto del Gobierno de Larreta es otro. Pretende cambiar la zonificación mediante un “convenio urbanístico” para que un desarrollador erija 73 metros.

SL

La nota fue actualizada el 26 de diciembre de 2021, a las 12, para incluir el dato de Rosario.