Olivia Newton-John, la chica cándida que escondía una mujer vestida de cuero negro

Retrato de Olivia Newton-John tomado en Los Ángeles en noviembre de 1982

Elena Cabrera

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La historia es bien conocida: Olivia Newton-John sabía que era demasiado mayor para interpretar a Sandy, la protagonista de Grease. Tenía 29 años y no habría manera de engañar al público para hacerla pasar por una chavala de instituto. Pero John Travolta tenía la intuición de que, cuando apareciera en pantalla, el público querría dejarse engañar.

Travolta, que venía de cosechar un gran éxito con Fiebre del sábado noche el año anterior —una producción del australiano Robert Stigwood, mánager de los Bee Gees, al igual que Grease— estaba en posición de exigir. Y no paró hasta convencer a todo el mundo, incluida a la actriz australiana que ha fallecido este lunes a causa de un cáncer. Cuando hizo la prueba de cámara con su pareja protagonista, ella también sintió esa chispa. En su despedida pública, Travolta firmaba su cariñoso mensaje como “tu Danny, tu John”.

La película, que estaba basada en un musical que para aquel entonces ya llevaba casi diez años de rodaje, se estrenó mientras la música disco era el mainstream y el punk golpeaba a la juventud, con el glam rock como antecedente y su propuesta sucia, cutre y marginal. En ese contexto, la recuperación de los cándidos años 50 que propone la película parecía totalmente fuera de la realidad. Y fue un éxito, quizá porque es lo que los padres de esa juventud que se autodestruía y no veía el futuro preferían ver.

La banda sonora, cantada por los protagonistas, se convirtió en el segundo disco más vendido del año, tan solo por detrás, como no, del de Fiebre del sábado noche. También en España era rara la casa que, si tenía una mínima colección de vinilos, no contara con ese álbum. Las niñas de principios de los 80 jugaban a ser la Olivia Newton-John del final de la película, con pitillo en el pantalón y en la boca, levantando el mentón de un Danny Zuko con el pie enguantado en una sandalia de tacón. Los chicos formaban pandillas de T-Birds y las chicas grupos de Pink Ladys.

Grease, que fue un éxito inmediato de taquilla e hizo ganar a Paramount 100 millones de dólares dos meses después del estreno, disparó hacia las estrellas la carrera musical de Olivia Newton-John, que es a lo que se había dedicado antes de probar suerte en el cine. Había publicado su primer disco, If Not for You, en 1971. Tomaba el título de una canción homónima compuesta por Bob Dylan y era un tema country, al igual que el otro éxito de ese álbum, Banks of Ohio. Todo el disco tenía ese aire, a pesar de que fue grabado en los estudios Abbey Road de Londres, donde ella residía en ese momento. La canción fue un éxito pero a la cantante no le gustaba y en entrevistas, años después, reveló que grabar canciones country fue una decisión que tomaron sus managers y productores por ella. De hecho, admitió que no sabía lo que era la música country hasta que se mudó a Estados Unidos un par de años después.

A mediados de la década de los 70, la intérprete fue seleccionada para representar al Reino Unido en Eurovisión con una canción de cierta fanfarria y alegría comunal elegida por el público y que a ella tampoco le gustaba, demostrando buen criterio, Long Life Love. Aún así quedó cuarta en el año en que ABBA ganó con Waterloo. Pero la canción que triunfó de ese disco y que le permitió ir alejándose poco a poco del country fue el baladón I Honestly Love You, un tipo de canción que la brillante e imperturbable voz de la cantante, en la que puede lucir su afamado dulce vibrato, se siente cómoda. El tema fue número uno durante tres semanas consecutivas.

Con su carrera encarrilada entre las baladas y los medios tiempos del pop meloso setentero, y tras el single Have You Never Been Mellow de su siguiente disco, le llegó el terremoto que supuso Grease. Con su personaje de Sandy Olsson y las canciones Hopelessly Devoted to You, Summer Nights y You’re the One That I Love la chica cándida que se convertía en mujer poderosa tocó el cielo, como en la última escena de la película. Una escena que, por cierto, perdió en el montaje final el beso entre Newton-John y Travolta sin causa aparente. Cuando el director quiso recuperarla para la edición videográfica, supo que el celuloide original se había destruido y solo pudo encontrar una copia de trabajo en blanco y negro. Intentó colorearla pero el resultado no era satisfactorio, por lo que tuvo que conformarse con incluirlo en los extras y emplazar a un futuro 2028, para el 50 aniversario de la película, el deseo de que la tecnología haya mejorado y pueda reinsertarse el beso robado.

Al igual que Sandy se transforma en Grease, Olivia Newton-John también lo hace, empoderada por la película, y toma el control de su carrera para alejarla de las baladas de chica bien. Su nuevo disco lo dice todo: Totally Hot. Y en la portada, Olivia, tal y como firma el disco, sin apellido se apoya en una pared vistiendo chupa negra de cuero, pantalones ajustados y zapatos de tacón. En canciones como A Little More Love o Deeper Than The Night aparece una mujer confiada en sí misma, que se suelta y disfruta con lo que canta.

Poco después y con el arranque de los desinhibidos años 80, Newton-John protagoniza un musical de fantasía nunca lo suficientemente bien apreciado que es Xanadu. Coprotagonizada por un Gene Kelly de 68 años en el último papel de su vida, la banda sonora, con la maravillosa canción homónima, la firma el grupo británico de ampulosos arreglos orquestales Electric Light Orchestra, en ese momento en la cima de su carrera. Cinematográficamente, la película se considera fallida y ni se le acerca al éxito de Grease pero la idea de un club nocturno llamado Xanadu por el que se pasea Olivia Newton-John en patines y en el que hay pintado un mural de “las nueve musas” que resulta ser un portal a otra dimensión es una idea admirablemente delirante. La productora de cine Catherine Bray escribió en la web de la BBC que las decisiones conceptuales de esta película, tomadas para hacerla más comercial, sin conseguirlo, produjeron un “monstruo que se agita y provoca deleite, lástima, compasión y horror, todo a la vez”.

Tras tomar impulso con los patines, Newton-John se los quitó para ponerse las polainas. Y en 1981, todavía recuperándose del susto en taquilla de la mencionada fantasía sobre ruedas, grabó Physical, un álbum más orientado hacia el baile con una portada en la que la artista aparece sudando tras lo que suponemos se trata de una agotadora sesión de aeróbicos. Su single, el excelente título homónimo, se convirtió en su canción en solitario de mayor éxito y permaneció 10 semanas en lo alto de la lista de lo más vendido. Las alusiones sexuales son evidentes en la canción y en el videoclip que la ilustra, en el que la cantante fustiga a hombres con sobrepeso hasta convertirlos en adonis musculados casi desnudos y brillantes por el aceite sobre la piel. Goldprapp o Dua Lipa han hecho versiones de éxito de esta magnífica canción.

Con Physical Olivia Newton-John tocó techo y a partir de ahí no consiguió otro éxito semejante. Volvió a cantar con John Travolta, publicó un disco de nanas inspirado en el nacimiento de su única hija y trabajó en causas humanitarias. En 1992 le detectaron un cáncer de mama y ahondó en la experiencia componiendo ella misma todas las canciones de su siguiente disco, Gaia: One Woman's Journey, con temas como Why me, I Never Knew Love o Trust Yourself. A partir de ahí, dedicó parte de las ganancias de sus discos a la investigación contra el cáncer y, en 2008 creó la fundación Olivia Newton-John Cancer and Wellness Centre en Melbourne para la que reunió fondos con discos, actuaciones y subastas. El comprador de la chaqueta de cuero negro que vestía en Grease, por la que pagó algo más de 200.000 euros, se la regaló de nuevo a la actriz y cantante tras ganarla en una subasta cuya recaudación se destinaba a la lucha contra el cáncer.

La artista consiguió remitir el cáncer, aunque la enfermedad retornó en 2013 y 2017, ocasionándole la muerte este 8 de agosto a los 73 años, en su casa de California.

EC

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