La inflación acumula 27% en lo que va del mes y se profundiza el parate

Un miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y un director de la carrera de economía de una prestigiosa universidad prefieren hablar sin dar nombre y apellido para advertir que lo que el presidente Javier Milei pronosticó para el comienzo de su gobierno, la estanflación, combinación de caída de la actividad y alta inflación, ya se venía registrando pero ahora está siendo peor.

La estanflación es un “drama” porque coinciden los dos males juntos, la inflación y el desempleo, y por eso es difícil combatir el fenómeno conjunto, requiere de “medicinas amargas”. Señalan que con estos niveles de inflación actuales es imposible planificar más allá de unas semanas o meses, lo que contrae la economía. Interpretan que lo que Milei quiso decir al advertir sobre la estanflación es que se liberará inflación reprimida en los últimos años, como el tipo de cambio, las tarifas y los precio de los alimentos o los combustibles, lo que acelerará la inflación mensual por dos o tres meses, del 12% de noviembre a entre el 20% y el 40%, como pronosticó el jefe de Estado, per si es que se maneja con pericia. La economía, que venía estancada pero rascando el fondo de la olla de las divisas para funcionar, se caerá, según los analistas. 

Los primeros datos demuestran que la inflación vuela como nunca en 33 años. La consultora LCG, que dirige Javier Okseniuk, secundado por Melisa Sala, mide la inflación de 8.000 alimentos y bebidas en cinco supermercados y acumula un 27% en las primeras tres semanas de diciembre, hasta el miércoles jueves. En febrero de 1991, cuando la Argentina salía de la hiperinflación, el índice de precios al consumidor llegó al 27%. Para registrar un mes peor que el actual hay que remitirse al hiperinflacionario marzo de 1990, cuando llegó al 95%, es decir superó con creces el 50% de mínimo para definirse como híper.

Sólo esta semana que pasó el índice de LCG subió al 11,1%, más que el 6,1% de la anterior, cuando Milei asumió la presidencia y su ministro de Economía, Luis Caputo, duplicó el valor del dólar en el mercado oficial. En los últimos siete días medidos, las verduras se encarecieron 18%; las carnes y las frutas, 15% y el aceite, 14%. No por nada en Carrefour hay carteles en góndolas vacías de aceites, café, pan rallado y productos de higiene en los que advierte que no se abastecieron de esas mercaderías por los elevados precios que les quieren imponer los proveedores. En las últimas cuatro semanas lo que más aumentó, según LCG, fueron bebidas e infusiones (28%), lácteos, huevos y aceites (26%) y productos de panificación, cereales y pastas (24%).

“Hay expectativas de que el país vaya para mejor, pero por ahora hay mucha corrección de precios, el frenazo del consumo los asusta un montón y hay nervios sobre cuándo se normaliza la importación de insumos”, describe un consultor de empresas. En una de las principales cadenas de supermercados admiten que llevan remarcando promedio en el mes entre 40% y 50% y el consumo no se cae pero desacelera: “El 21 y 22 de diciembre en general son días de mucho público, pero esta vez estuvo tranquilo”, perciben.

En otra empresa supermercadista reconocen, por un lado, el entusiasmo con Milei porque con el apoyo del 55% de los votantes está ejecutando todo su paquete económico de ajuste fiscal, devaluación y decreto de necesidad y urgencia (DNU) de liberalización de diversos sectores, incluida la derogación de la ley de abastecimiento, pero igualmente prevén que tras las fiestas de fin de año en enero comenzará la recesión en sus ventas. “Es maravilloso este gobierno, pero no sé seguro si va a salir bien, va a haber tropezones y está el riesgo de querer hacer todo y que quede en la nada”, advierten. Mientras, reciben de los proveedores aumentos de valores mayores que en los supermercados chinos y almacenes en los que no regían los Precios Justos, pero les aclaran que no pueden recuperarse los márgenes de un día para el otro. Apuestan a sostener ofertas reviviendo las marcas propias, que antes costaban casi tan caras como las de primera línea, abaratadas por el control de precios del gobierno anterior.

En una prepaga confiesan que aumentarán la cuota 40% en enero, aunque señalan que por los costos deberían subir 70%, pero no pueden remarcar tanto porque se les caería la clientela. Acaban de recibir una lista de precios de insumos médicos con alzas del 135%. Prevén que hay que pasar tres meses de alta inflación con la esperanza de que después calme la tempestad.

En las estaciones de servicio hubo largas colas antes del aumento del 37% del 13 de diciembre, el día de la devaluación del peso, y después amainó la carga hasta 10% en algunas. Además, hay una migración de clientes de Shell a Axion e YPF, donde la nafta súper cuesta $50 menos por litro. Los últimos datos oficiales de despacho de combustibles son de octubre y evidenciaban una merma del 1% respecto del mismo mes de 2022.

“El primer semestre será durísimo”, prevén en una empresa de entretenimiento y por eso ejecutará despidos, aunque no masivos, en enero. “Nos gusta que Milei hable con la verdad de la necesidad de un cambio estructural y que se muestre más pragmático que en campaña, pero hay mucho ida y vuelta en sus decisiones y habrá mucha tensión social. Al menos mantiene al apoyo popular a las medidas y tiene un tipo en la Secretaría de Desarrollo Social (Pablo de la Torre) que no desprecia a los pobres, pero tampoco se va a dejar extorsionar”, analizan.

Uno de los industriales más poderosos del país registra que en sus productos la demanda cayó entre 10% y 30% la segunda semana de diciembre, en parte por la falta de precios o su reacomodamiento. “No somos detractores ni aplaudidores del nuevo gobierno. Habrá problemas para sostener la actividad en algunos sectores y me preocupa que al final del camino no se dé una mayor inversión. Habrá que exportar más para compensar la recesión local, ¿pero se podrá con mayores retenciones?”, apunta a la del 5% al 15%.

“El Gobierno lanzó medidas brutales y hay que ver si la sociedad las va a aguantar porque en las encuestas dicen que están a favor de la motosierra mientras no les toque”, comenta un empresario de la construcción, que salió de compras navideñas y en un local de ropa le confesaban récord de ventas. Los pesos queman y es mejor consumir hoy que mañana, sobre todo tras la baja de tasa de interés del plazo fijo y la promesa de que el dólar oficial, tras saltar 100% el 13 de diciembre, subirá a razón de 2% mensual. “Va a haber recesión, poco consumo y alta inflación, el peor de los mundos. Hay que cruzar el desierto, del otro lado está la tierra prometida, pero hay que ver si te bancás los 40 años en el desierto”, recuerda el hombre de negocios la gesta de Moisés, sin perder de vista el judaísmo de Milei.

“Habrá menos plata en el bolsillo para gastar, pero el desastre heredado hay que arreglarlo. El problema es la clase media porque va a caer más que el pobre”, pronostica el constructor. En su sector ya venía habiendo despidos porque el anterior gobierno atrasaba los pagos, que a su vez quedaban desajustadas por la inflación, pero anticipa que en enero habrá más por la paralización de más obras públicas que las anunciadas por Caputo. El ministro dijo que sólo se afectaría a las nuevas, pero el problema es que ha quedado viejo el presupuesto para las que están en marcha y no hay visos de que vayan a actualizarse. Por la devaluación, el asfalto se encareció el 80% y los metales, el 100%.

El ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro, ya trabaja con los empresarios para identificar grandes obras de infraestructura que puedan financiarse desde el sector privado cuando se ordene la macroeconomía. Entre ellas figuran gasoductos, líneas de alta tensión y otras de distribución eléctricas, todas dependientes del tarifazo que comenzará en enero. Al menos la reversión del gasoducto Norte, el que abastecía con gas boliviano y ahora lo hará con el de Vaca Muerta, se pondrá en marcha porque no depende de fondos nacionales sino de un préstamo de la Corporación Andina de Fomento (CAF).

En algunos sectores el subidón de precios aún no afecta por el impulso a consumir de las fiestas de fin de año. “Estamos con la inercia de fin de año. Poco impacto en nuestro sector hasta ahora”, comentan en un ingenio azucarero. En una láctea respiran: “El consumo viene bien”. En una empresa de agroquímicos, ilusionada por el fin de la sequía, tampoco se mosquean: “Por ahora no nos afecta la estanflación: hoy lo que nos preocupa es no poder pagar al exterior, lo que afecta provisión de productos en el futuro porque no hay previsibilidad de cuándo se podrá o no pagar. Que el Banco Central nos dé bonos para pagar afuera lo vemos como positivo porque dan previsibilidad de fecha de pago, pero aún no están todos los detalles reglamentados”.

En una bodega todavía no tienen datos de diciembre, pero advierten que el bajón de ventas los dañó desde principios de año: “Fue muy fuerte”. En otra firma de bebidas confirman que la tendencia a la merma se extendió todo 2023: “Cervezas cayó 8% en volúmenes, aguas quedó empatado y vinos, 25% abajo”. La Cámara Argentina del Acero reportó una caída del 10% en la producción en noviembre pero por falta de divisas para importación de insumos. En una cámara de colectivos tampoco ven una merma de pasajeros este mes y esperan al aumento del boleto en enero a partir del anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, de que recortará 35% los subsidios.

En la industria electrónica reconocen que estas crisis les llegan con cierto rezago, pero admiten que la devaluación sumada al aumento del impuesto PAÍS encareció sus insumos y afecta el poder de compra de los clientes. A eso suma el final del plan Precios Justos, que abarcaba a varios sectores, no sólo los alimentos, bebidas y productos de higene en supermercados. Mientras, en una automotriz reconocen que están recalculando los costos de producción, mientras su fabricación está paralizada por vacaciones. Muchas las adelantaron por la falta de insumos importados. En esta empresa y en otra del sector reconocen que carecen de suficientes vehículos nacionales y extranjeros para abastecer la demanda, por lo que sigue la lista de espera para 2024.

“Lo peor de la estanflación será en el primer semestre de 2024”, advierte el director de la carrera de economía citado al comienzo de esta nota. “El objetivo es que la inflación no te coma la devaluación. Si no anunciás un plan de estabilización, va a haber mucho traslado a precios. Si todo sale bien, la inflación será 20% o 40% mensual. Cuando tenés mucha inflación, bajar la inflación al borde de la híper es expansivo. Hoy la economía no funciona con esta inflación y sin dólares. Una vez que sinceres los precios los primeros tres meses, si el Gobierno lanza un plan de estabilización, puede haber expansión económica, como pasó con el Plan Real (1994) en Brasil, el Austral o la convertibilidad. Eso incluye lo fiscal, lo monetaria, lo cambiario, la política de ingresos, para coordinar expectativas. Eso va ocurrir pero no ahora”, augura el director académico. 

Su colega de la Academia de Ciencias Económicas advierte: “En la estanflación sufrís como un condenado. Si no controlás la inflación, pagás todos los costos y no tenés lo beneficios. Si no aumentás el gasto, baja la inflación. Caen importaciones, conseguís un fuerte superávit comercial y eso te ayuda si no tenés reservas. Pero si no emitís, la economía se te va a caer 10%. Cuanto más terror ahora, más beneficios después. En seis meses vas a tener la cosecha. En el medio, la pobreza puede subir del 40% del primer semestre de 2023 al 60%. El empleo informal que creaste, tipo changa o Uber, se va a caer, el desempleo va a explotar, no vas a poder gobernar si a la gente le hacés pagar de más la crisis y la inversión no va a venir si hay lío. En 2025 te van a sobrar los dólares y el riesgo es que se los gasten para ganar las elecciones legislativas. Hacer un plan de estabilización es el camino”. Es difícil imaginar lo mal que lo vamos a pasar antes de recuperarnos.  

AR/DTC