Bajo la sombra de su padre
Keiko Fujimori asumió como presidenta de Perú e inauguró una nueva era del fujimorismo en el poder
La nueva presidenta de Perú, la derechista Keiko Fujimori, asumió este martes, después de haberse impuesto al izquierdista Roberto Sánchez en las elecciones del pasado junio por menos de 50.000 votos, retomando así el camino iniciado por su polémico padre, el difunto Alberto Fujimori, que gobernó entre 1990 y el 2000.
Fujimori, administradora de empresas de ascendencia japonesa, es la primera mujer en ser elegida jefa de Estado en Perú y todo indica que cuenta con el suficiente respaldo en el Parlamento para poder completar su mandato de cinco años (2026-2031). La nueva mandataria busca terminar con la inestabilidad que marcó la vida política del país en la última década, con una serie de destituciones presidenciales promovidas desde el Legislativo -la mayoría, con los votos del fujimorismo-.
Keiko Fujimori se convirtió en la novena presidenta que asume el mando de Perú en diez años, después de unas elecciones que no estuvieron exentas de polémica. Tras varias semanas de recuento, Fujimori (Fuerza Popular) se impuso a Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) por menos de 50.000 papeletas, según los datos oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Si bien el izquierdista ganó dentro de Perú, Fujimori se hizo con la presidencia gracias al apoyo de los peruanos residentes en otros países.
La mujer perseveró hasta este momento, con la esperanza de llegar al poder, tras haber perdido de forma consecutiva tres elecciones presidenciales en la segunda vuelta (las de 2011, 2016 y 2021), y haber pasado cerca de año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020, imputada por presunto lavado de dinero en la financiación irregular de sus campañas electorales.
El presidente Javier Milei viajó a Perú para asistir a la toma de posesión de Fujimori, así como otros jefes de Estado como el rey Felipe VI de España y los presidentes de Chile, José Antonio Kast; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura, y Paraguay, Santiago Peña.
La sombra de su padre
Desde principios de siglo, la hija mayor y heredera política del exmandatario asumió las riendas del fujimorismo con el propósito de recuperar el poder y limpiar el nombre de su padre, que fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, además de otros cargos por diversos casos de corrupción.
Alberto Fujimori (1938-2024) abandonó el poder en el año 2000, pocos meses tras su victoria en las elecciones que le otorgó un tercer mandato consecutivo. Después de que una serie de grabaciones revelaran sobornos de su asesor Vladimiro Montesinos a figuras políticas, empresariales y mediáticas peruanas, el escándalo hizo que huyera del país a Japón. Sin embargo, su caída no supuso el fin del fujimorismo.
La politóloga y analista Eliana Carlín explicó que la corriente política abierta por Fujimori solo se debilitó durante unos años tras la fuga del mandatario. “Las figuras emblemáticas del fujimorismo siguieron siendo parte del ecosistema político del país, especialmente Keiko Fujimori desde el año 2011”, señaló tras la victoria de la hija mayor del expresidente. “En las cuatro campañas electorales en las que ha pasado a segunda vuelta ha habido un despliegue enorme de recursos económicos que vienen de los empresarios y de los poderes fácticos, aliados tradicionales de su padre”.
Fujimori no tiene una trayectoria política intachable y carga con el legado de su padre, que llegó a la presidencia por la vía electoral, pero se ganó con los años, dentro y fuera de Perú, el calificativo de “dictador” por la acumulación de poder y los delitos de lesa humanidad, cometidos en el marco de la lucha que emprendió contra los grupos guerrilleros Sendero Luminoso y MRTA. Tras ser detenido y extraditado a Perú desde Chile en 2005, la justicia peruana lo condenó a una pena de 25 años de prisión que, sin embargo, no cumplió porque en 2017 recibió un indulto humanitario.
Con información de la agencia EFE