Once de septiembre
En Santiago de Chile, el 3 de septiembre de 2026, un presidente argentino inauguró el Foro de Madrid en la Casa Piedra San Carlos de Apoquindo. Allí llamó a Salvador Allende “el comunista Allende” y, en el mismo discurso, cubrió a la izquierda —pasada y presente— con el insulto de “zurdos mugrosos negadores de la realidad”. Allende era socialista, en vez de militante del Partido Comunista: presidía una coalición que lo incluía. No renunció ni entregó el mando; permaneció en La Moneda mientras la bombardeaban y allí murió. La autopsia de 2011 y el informe forense sostienen que se suicidó con un fusil AK-47. El 11 de septiembre de 2026 se cumplirán 53 años del golpe de 1973 y de esa muerte.
Es necesario ser un titán del analfabetismo funcional para haber intentado reducir a “comunista” al candidato que, el 4 de septiembre de 1970, ganó la presidencia con la Unidad Popular, integrada por el Partido Socialista —el suyo—, el Comunista, el Radical, el MAPU, la API y, más adelante, la Izquierda Cristiana. Hace falta estar embutido dentro de un mameluco de protección química integral, para lanzarse a transitar esos epítetos en el país que vio nacer a Allende y lo eligió presidente, ocho días antes del aniversario. Y es indispensable haber tachado la empatía del crucigrama, para ser presidente y no respetar el aciago final de un colega. Él diría, de sí mismo: “Me siento orgulloso de ser el presidente más en babia del mundo”.
En Salamanca, en octubre de 2005, el expresidente de Chile Ricardo Lagos evocó una historia en dependencias de la Universidad, a escasos pasos del Paraninfo donde, durante la Guerra Civil española, el general franquista Millán Astray proclamó que Cataluña y las Provincias Vascas eran “cánceres en el cuerpo de la Nación” que el fascismo, sanador de España, sabría extirpar sin falsos sentimentalismos. Ante esas palabras, Miguel de Unamuno replicó que se estaba profanando el sagrado recinto de la inteligencia. Lagos, recordó en 2005 que, en noviembre de 1971, por invitación de Salvador Allende, François Mitterrand visitó Chile siendo primer secretario del Partido Socialista francés, antes de convertirse en presidente en 1981. En La Moneda, frente a la galería de bustos, Allende le señaló el de un expresidente derrocado (José Manuel Balmaceda), y relató que, tras aprobar el presupuesto nacional sin la firma del Congreso (1891), había enfrentado fuerzas sublevadas que lo derrotaron en las batallas de Concón y Placilla. Refugiado luego en la Legación Argentina, se suicidó el 19 de septiembre de 1891, día en que debía concluir su mandato constitucional. “Yo”, dijo Allende, «no me confinaré en ninguna embajada. Me suicidaré primero». El 11 de septiembre de 1973 cumplió esa decisión, y Mitterrand la recordó públicamente el mismo día en un mitin en Rennes, como testimonio de coherencia y tragedia.
Estudiar no es obligatorio, ni siquiera cuando se habla de aquello que debería haberse estudiado. Pero si quien ocupa la primera magistratura, proclama con jactancia lo que desconoce, entonces hay motivo de reproche. Se han escrito, filmado y pintado océanos de páginas sobre los hechos de septiembre de 1973 en Chile; ni siquiera un Neptuno de las zambullidas se hubiera hundido tan hondo. Existe un tríptico documental dirigido por Patricio Guzmán, disponible en YouTube, titulado «La Batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas»; el primer segmento —para entender no hace falta ver los tres— se llama “La insurrección de la burguesía” (1975). También está el mural “Principio y fin” de Julio Escámez (1972), en Chillán, que fue ocultado por la dictadura bajo 12 capas de pintura y actualmente está en proceso de restauración. Juan Gelman habló de dos derrotas, la de 1973 en Chile y la de 1976 en Argentina: “Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano”.
En septiembre de 1939, llegaba a Valparaíso —la ciudad natal de Allende— el vapor Winnipeg, con más de dos mil refugiados españoles. Las visas habían sido gestionadas por Pablo Neruda, entonces cónsul en París (aún sin carné comunista). Ese mismo día, Alemania invadía Polonia. En septiembre de 1973, los estadounidenses Charles Horman y Frank Teruggi —sobre cuya experiencia se filmó Missing, dirigida por Costa-Gavras y protagonizada por Jack Lemmon— estuvieron entre los cientos de extranjeros acorralados en los primeros días del Golpe de Estado bajo la sospecha de ser “extremistas”. Fueron fusilados. Cuando la historia se escribe con tanto dolor, porque “la paciencia es el arrebato de los más débiles”, lo sensato es aprender de la sangre que fluye en tantas almas.
Ciertamente, la intención del argentino fue gratificar al presidente de Chile y a su partido —el Partido Republicano (PRCh)—; también, a los simpatizantes del Partido Nacional Libertario (PNL), de la Unión Demócrata Independiente (UDI), de Renovación Nacional (RN) y de Evolución Política (Evópoli), entre otros. Pero no hay nada peor en una torpeza que su propio tesón. No solo faltó al respeto a la historia chilena, no solo cruzó los límites con vulgaridad, no solo mancilló de forma inadmisible, sino que lo hizo siendo primer mandatario extranjero, sobre una materia local e inminente. El senador Iván Moreira (UDI) dijo que la mayoría de los chilenos no podía aceptar que un presidente de Argentina se tomara el derecho de insultar la historia política chilena. La diputada Ximena Ossandón (RN) dijo que, para un patriota, era incorrecto permitir que se basureara el pasado. El rechazo se amplió más allá del episodio y se cruzó con otros flancos de la política exterior, y el canciller fue citado a interpelación por la Cámara de Diputados para el lunes 28 de septiembre de 2026 —admisibilidad aprobada el 8 de septiembre por 57 votos a favor, 49 en contra y 1 abstención—. El domingo 6 de septiembre de 2026 se dio el último adiós al histórico dirigente del Partido Socialista Camilo Escalona, en el Cementerio Parque El Prado de La Florida, con presencia de figuras de distintos sectores políticos. En julio se detuvo al coronel (r) del Ejército Nelson Haase Mazzei, condenado por el asesinato de Víctor Jara y prófugo desde 2023. Para ser una gratificación, abundó en ingratitudes.
Unamuno dijo que “El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura”; si esto es cierto, habrá más viajes del presidente argentino por sobre los Andes. Para el próximo, resulta práctico conocer algunas particularidades del habla que visitará. Allí, pega significa trabajo; volantín equivale a barrilete; garabatero designa a una persona mal hablada; chilote es el gentilicio del archipiélago de Chiloé; y la expresión «el sueldo de Chile» alude al cobre. En cuanto a “estar en Babia”, conserva significado idéntico en ambos lados de la cordillera.
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