¿De qué se trata la Odisea?
Lo primero que pensé cuando leí la Odisea en el colegio secundario fue que era absurdo que nos hicieran empezar una historia en la segunda parte. Cuando, a partir de ese pensamiento, fui en busca de la Ilíada, pensé dos cosas más. Primero, que en realidad la Ilíada también se sentía como entrar a una saga por la mitad: también se la pasaban refiriendo a mundos, historias y personajes que una no conocía como si debiera conocerlos, de modo que en el fondo daba casi igual empezar por ahí y por la Odisea. Segundo, que aunque la Ilíada y la Odisea estuvieran firmadas con el mismo nombre, eran libros radicalmente diferentes. La Ilíada era una crónica de guerra; aunque el protagonista fuera Aquiles, se sentía mucho más como una obra de protagonista colectivo. La Odisea, en cambio, se sentía como una novela con un antihéroe moderno en el centro, aunque todavía no existieran las novelas, ni los antihéroes, ni la modernidad. La Odisea no era una parodia ni una respuesta a la Ilíada; y sin embargo, me parecía que más que una segunda parte, la Odisea era a la Ilíada lo que las novelas de caballería eran al Quijote. Estas intuiciones contienen tantos errores e imprecisiones que me sorprende que hayan quedado en mi mente tantos años. Por lo general, al menos en mi experiencia subjetiva, las ideas malas tienen patas cortas; corren demasiado despacio y se quedan atrás muy rápido. Por eso confío mucho en mi memoria y a veces no tomo notas aunque piense que debería; confío en que las cosas que perduran son las buenas, y las que se pierden tenían que perderse. Pero bueno; algunos errores funcionan como aprender mal una canción, una la canta así para siempre y es imposible convencer a la cabeza de pensar o hacer otra cosa.
Supongo que en parte es por todo esto que la Odisea de Nolan me gustó más que a muchos otros; me gustó, evidentemente, más que a Emily Wilson, la primera mujer en traducir la Odisea al inglés y en cuya traducción Nolan dijo que se inspiró para su película. Wilson tiene razón en mucho de lo que dice, sobre todo, creo, en dos cosas: a la Odisea de Nolan le falta sexo y le falta humor. Le falta, en suma, un vínculo con el deseo: el deseo de grandeza, de ser el más pillo, de poseer a todas las mujeres y dominar a todos los hombres. En ese sentido, como pone el título de la crítica de Wilson, al Odiseo de Nolan le faltan muchas facetas del carácter complicado de Odiseo. Convertir a Odiseo en un veterano de guerra carcomido por los remordimientos es una decisión potente en términos de la actualización del relato: y aunque polémica, y por supuesto traidora, me pareció una apuesta interesante; valiente, por lo menos. Lo que sucede, y esto es lo que Wilson ve claramente, es que esa relectura deja muy poco lugar para el Odiseo antihéroe, el Odiseo moralmente cuestionable. Quizás es por eso que Nolan decide excluir de su Odisea mi episodio favorito, el de Nausícaa y los feacios. En el libro, Nausícaa representa la tentación de un nuevo comienzo en una sociedad que, a diferencia de la griega, parece sostener todavía la ley de la hospitalidad; Nausícaa es la princesa bella y jovencísima de un palacio que le abre las puertas a Odiseo, y todo indica que él se vio tentado de quedarse allí y olvidar esa casa que quizás no reconocería al volver. Sin embargo elige seguir viaje y regresar a su historia y a su familia. Esa decisión lo engrandecía, pero la tentación lo humanizaba. Algo similar ocurre con lo que hace Nolan con el episodio de Calipso: la Calipso de Charlize Theron parece más una terapeuta que una mata hari.
Y sin embargo, aunque a Nolan no le interese mucho la tentación encarnada en las mujeres, sí creo que le interesa otra tentación masculina, a la que deja muy claro que Odiseo sí sucumbió: el deseo de novedad, el rechazo de la mismidad doméstica. Es una trama tan pequeña que no llega a ser una trama, tan escondida detrás del asunto de la culpa y la hospitalidad que uno casi que puede no verla. No recuerdo exactamente en qué escena inserta este diálogo, pero lo que Nolan muestra es que Odiseo quería dar un par de vueltas antes de volver a casa, ver un poco el mundo, y le terminó saliendo demasiado caro el paseo. Ese tironeo entre el deseo genuino de volver a ver a su esposa y a su gente y el hambre igualmente auténtico de seguir buscando la gloria me pareció, a la vez, lo más moderno, lo más antiguo y lo más bello de la Odisea de Nolan.
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