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Opinión - Tribuna abierta

Los $100.000 de salario básico deben estar en el centro de la agenda política

Precandidata a Diputada Nacional por la provincia de Buenos Aires por el Nuevo MAS
El salario mínimo ya no sirve como herramienta de negociación en el sector registrado

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La liviandad de las campañas que llevan adelante los partidos tradicionales contrasta con la profunda crisis social y económica que se vive en el país. Si intentamos adivinar la situación de la Argentina por el peso de esas propuestas tendremos la sensación de que existe una desconexión respecto del malestar social. Pero no existe tal desconexión. La intención es clara: como en un juego de luces, lo que se pone en foco permite a la vez ocultar aquello que queda bajo el cono de sombra. 

A días de las PASO es importante hablar del debate de fondo, oculto por las campañas de los partidos tradicionales. Y es que hay una puja por imponer una agenda de ajuste como salida a la crisis actual por un lado, y una intensa campaña por visibilizar las problemáticas de los trabajadores, la juventud y las mujeres y personas LGBT por el otro. En ese lado de la mecha estamos nosotros, hablando de lo que el gobierno y la oposición callan, como los $100.000 de salario mínimo vital y móvil ante la miseria salarial que afecta a la mayoría de las y los trabajadores, y la precarización y flexibilización laboral que afecta a la juventud, y del abandono educativo al que están sometidos los jóvenes con la universidades cerradas hasta el día de hoy.

El salario es uno de los grandes temas que se ha intentado ocultar en esta campaña. En la actualidad el salario real promedio es el más bajo de los últimos 18 años, y para no ser pobre en una familia se tipo necesita $67.577, sin contemplar el gasto de alquiler. Resulta inaceptable entonces que el salario mínimo, vital y móvil este ubicado en los $29.160, un acuerdo que habilita salarios ya no de pobreza sino de indigencia, y que requirió del consenso del gobierno nacional, las direcciones sindicales burocráticas y de los empresarios. Ante esta situación, hemos puesto en la agenda del debate político la necesidad de que el salario mínimo, vital y móvil parta de los $100.000 en un momento donde lo que resulta realmente imposible es vivir con menos de eso.

¿De dónde saldría el dinero destinado tales aumentos? En Argentina, y sobre todo en la provincia de Buenos Aires, hay enormes riquezas, pero concentradas en pocas manos. El agro registra la recaudación bruta más importante del siglo. En este momento, el sector paga un mísero 12% de retenciones, mientras las y los trabajadores y las mayorías populares pagamos un 21% de IVA. Por eso es necesario elevar el porcentaje de retenciones al agro a un 50%, eliminar el IVA a los productos de consumo masivos, y tomar medidas de redistribución progresivas que eleven las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad.

El país está ante una clara reactivación de la industria, con lo que el gobierno hace bandera, pero evita mencionar que esta reactivación se da en el marco del incremento del trabajo flexibilizado, un legado de los 90 que ningún gobierno ha combatido. Muy por el contrario, se ha profundizado con el paso de las décadas. El empleo por agencia sin derecho a vacaciones ni indemnización, los contratos temporales tanto en el ámbito privado como en el estatal, la precarización justificada por el primer trabajo, hasta el extremo del trabajo sin reconocimiento de vínculo laboral, como ocurre con quienes trabajan a través de las aplicaciones de reparto, son algunos ejemplos de ataque a las condiciones de trabajo que deben revertirse de inmediato para que la reactivación económica no sea a costa de la salud, la vida y el futuro de las y los jóvenes y de todos los trabajadores.

Tampoco debe quedar fuera del debate el abandono educativo que implica que no haya presencialidad segura en las universidades. Miles y miles de jóvenes que buscan tener un futuro mediante el estudio han sido abandonados. Es fundamental volver a la presencialidad optativa y segura sanitariamente, sobre todo para los primeros años que suelen definir la permanencia en la universidad. El aumento inmediato del presupuesto para educación y para la salud deben ser otro de los puntos de partida para pensar el país que necesitamos.

Alberto Fernández ha demostrado ser tibio con los sectores pudientes e inactivo ante las demandas populares. No discute el salario, no toca a los poderosos, pero sí aceptó la estafa histórica de Macri con el FMI. Una estafa que se intentará consumar mediante un acuerdo que implicará un ajuste brutal, a la vez que coloca al país bajo la tutela del Fondo. La ruptura con la deuda externa es una condición fundamental para poder construir un país donde progresar no sea una posibilidad exclusiva de los empresarios.

En la disputa por la agenda política también aparecen sectores directamente reaccionarios o “liber-fachos”, que buscan condicionar el curso del país y legitimar el ataque directo a los derechos conquistados por los sectores democráticos y por trabajadores a lo largo de años. Son campañas infladas en las alturas por intereses empresarios que pretenden recrear el bolsonarismo en el país, pero sin bases sociales reales por abajo. Agitan propuestas para erradicar las pocas leyes laborales favorables al trabajador, disolver los sindicatos, quitarle los mínimos impuestos que pagan los sectores que concentran las riquezas del país, a la vez que enarbolan discursos misóginos y negacionistas del cambio climático. Medidas de corte fascistas que requieren una dictadura a lo Videla para ser llevadas adelante. Malas noticias para ellos, en Argentina no hay lugar para sus proyectos fascistas.

En el escenario actual de malestar social y de fragmentación electoral al que vamos, sin elementos de polarización entre las fuerzas principales, existe un auditorio a la izquierda del dial político que espera debates de fondo y no sólo slogans. En ese marco nuestro aporte es el de haber colocado en la agenda política los problemas de las y los trabajadores. Eso significa renovar a la izquierda: entrar en la disputa electoral que atraviesa al país visibilizando los problemas de las amplias mayorías, a la vez que apostamos a ser una fuerza social transformadora en favor de los de abajo.

Las listas del Nuevo MAS estarán presentes en 13 provincias del país y en 50 distritos de la provincia de Buenos Aires, en la cual me toca encabezar la lista como pre-candidata a diputada nacional. Llamamos a todos, todas y todes a apoyarnos en las urnas el próximo 12 de septiembre para seguir dando pelea para que los problemas de los trabajadores, la juventud, las mujeres y las personas LGBTI sean el punto de partida para discutir a que país vamos.

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