Operativo despegue

Patricia Bullrich vuelve a diferenciarse de Milei y usa un viejo tuit de Lula para reconocer su victoria electoral en Brasil

Patricia Bullrich estaba esperando el momento adecuado. Después del batacazo de Lula da Silva en Brasil, Javier Milei ordenó a la tropa no salir a reconocer el resultado. La senadora esperaba que el Presidente dijera algo luego de que el partido de Flavio Bolsonaro reconociera la derrota, pero Milei decidió sostener su enfrentamiento ideológico hasta el final. La fuga de Bolsonaro por Puerto Iguazú para llegar a Estados Unidos fue, finalmente, el punto de quiebre. Bullrich decidió ponerle fin al silencio oficial y, una vez más, aprovechó para marcar su distancia con el Gobierno: para ella, Lula había ganado las elecciones. 

“La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia. Tenemos profundas diferencias políticas con el nuevo gobierno de Brasil, pero nuestros países comparten una historia, intereses estratégicos y enormes oportunidades de cooperación”, tuiteó Bullrich desde su oficina en el Senado, minutos antes de juntarse con Victoria Villarruel para organizar la sesión del jueves. Milei, mientras tanto, estaba de recorrida por Catamarca. 

La ex ministra, que fantasea con convertirse en un Plan B de Milei si el Presidente continúa cayendo en las encuestas, rompió la línea presidencial y enunció lo que ni el canciller Pablo Quirno ni el vocero presidencial, Adrián Ravier, habían querido decir: Lula ganó, Bolsonaro perdió y hay que convivir con la decisión del pueblo brasileño. “Es nuestro principal socio comercial”, se justificó ante sus asesores. Para Bullrich no hay lugar para seguir tensionando la relación con Brasil, y así se lo hizo saber a varios interlocutores en el Gobierno el día anterior. Fue uno de los motivos, incluso, por los que no participó de la reunión de Gabinete del lunes. 

La forma de reconocer el resultado escondía también un mensaje. Bullrich se basó en el tuit de Lula de 2023, cuando el presidente brasileño reconoció la victoria de Milei frente a Sergio Massa. “La democracia es la voz del pueblo, y siempre debe ser respetada. Deseo buena suerte y éxito al nuevo gobierno. Argentina es un gran país y merece todo nuestro respeto”, publicó entonces Lula, hace casi tres años. 

La desautorización de la jefa del oficialismo en el Senado fue doble. Por un lado, contradice la narrativa oficial del Gobierno, que salió a poner en duda el resultado electoral a través de Lilia Lemoine y los tuiteros libertarios que responden a Santiago Caputo. Y, por el otro, se burla de Ravier, quien había justificado la negativa de Milei a felicitar a Lula bajo el argumento de que el presidente brasileño no había saludado al libertario cuando ganó las elecciones. 

“En 2023, cuando Javier Milei fue electo presidente, no hubo ningún gesto del presidente Lula para saludarlo personalmente”, afirmó el vocero el martes, durante una conferencia de prensa. A los pocos minutos varios periodistas lo desmintieron mostrándole el archivo del presidente brasileño. Bullrich hizo lo mismo. 

Una de cal y otra de arena. Bullrich aprovechó también para cuestionar a la Justicia brasileña por prohibirle la salida a Bolsonaro. “Es importante que la democracia no sea binaria: el que gana gobierna y el que pierde va a la cárcel. La utilización de una Justicia no imparcial como instrumento para eliminar a la oposición es una herramienta de poder que nunca puede ser el camino de una democracia”, afirmó. En el peronismo no perdieron la oportunidad de recordarle, con ironía, la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner.

“Cristina libre entonces, cínicos”, le respondió Juliana di Tullio, quien sostiene un buen vínculo con Bullrich en el Senado pese a las diferencias políticas. A Bullrich le gusta decir, en privado, que son todos peronistas. A más de uno le ha confesado que, para ella, la ex presidenta tendría que estar libre. Para afuera, sin embargo, es una furiosa anticristinista: la ex ministra identifica muy bien dónde están sus votos y su base de adhesión florece en el ex macrismo institucionalista residual que detesta a CFK. 

En el Gobierno no salieron a responderle, pero Karina Milei le hizo saber su descontento como suele hacerlo: a través de trascendidos en los medios de comunicación. Bullrich se encoge de hombros cuando le preguntan por las críticas: se siente liberada de la presión de Karina, con quien ya casi ni habla, sabedora de que cuenta con el apoyo de Milei. Y de que La Libertad Avanza la necesita para ganar las elecciones el año próximo. 

Mientras tanto, la senadora avanza con su agenda. Publica videoclips cifrados con sus ambiciones presidenciales sin costo político, mientras avanza en la construcción de un armado político que la respalde si, en marzo, decide lanzarse por la presidencia. Se diferencia de Milei cuando puede, como cuando lo acusó de haber “cruzado un límite” al pedir que manden a un grupo de periodistas a la hoguera, y se fotografía después para aplacar tensiones. Se reúne con los senadores aliados y negocia con ellos modificar las leyes que vienen en el Gobierno, como la reforma de la carta orgánica del Banco Central, y avanza sin pedir permiso. 

Karina y los Menem observan sus movimientos desde afuera, sin poder hacer mucho para pararla.

MCM/CRM