Último reportaje a la comunidad mapuche antes del desalojo de Villa Mascardi

“Vivimos oprimidos, discriminados, y nosotros somos parte de esta tierra”

Villa Mascardi —

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Apenas se les ven los ojos. Tapados “por seguridad” y con capas de ropa vieja y gastada que los cubren del frío del largo invierno de Bariloche, los jóvenes que integran la comunidad Larfken Winkul Mapu realizan “control territorial” sobre los lotes a los que extendieron su presencia. Guantes deshilachados, zapatillas poco acordes para resistir la nieve y la lluvia, camperas que nada tienen que ver con las ofertas que ofrecen las vidrieras de la ciudad turística que los expulsó a los márgenes más pobres. Es lunes 3 de octubre y varios de esos jóvenes de la comunidad reciben a este medio en el portón de la vivienda “La Cristalina”, uno de los predios que en los últimos días anunciaron que habían “recuperado” para evitar que, desde allí, “patotas privadas y agentes del Estado” los “ataquen” o “hagan inteligencia”.

Saltan el portón, y se disponen a dar lo que será la última entrevista antes del desalojo ordenado por la Justicia Federal y ejecutado por un Comando Unificado de fuerzas federales de seguridad, dispuesto por el Ministerio que conduce Aníbal Fernández.

Uno de ellos dice a elDiarioAR “vamos a defender el lugar en donde vivimos, porque somos parte de la tierra”. Las mujeres, a cara descubierta, explicarían más tarden que “no tienen miedo” y que “si nos sacan del territorio vamos a volver, porque la mapu (tierra) siempre perteneció a nuestro pueblo”. Lo dice, por ejemplo, María Nahuel, integrante de la comunidad y tía de Rafael Nahuel, el joven asesinado en 2017 con un tiro por la espalda por miembros del grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina, según la Justicia. A casi cinco años del hecho aún no hay detenidos por el crimen. “Rafael Nahuel es un espíritu que sigue viviendo entre nosotros, nos acompaña y nos ayuda a levantarnos con fuerza. Es una demostración de lo que ha hecho el Estado con nuestra gente, asesinado por un pedazo de tierra”, dice uno de los jóvenes. 

Premonitorio, se hace eco de los rumores que desde hace unos diez días circulan con fuerza en la región: la inminencia de un desalojo. “Estamos dispuestos a resistir”, anticipa. “Acá está derramada la sangre de nuestra gente y si es necesario vamos a dar la vida por este territorio, no vamos a retroceder y nos vamos a defender con lo que tenemos a mano. No vamos a permitir otro despojo del territorio porque ya hemos vivido muchos”.

El Estado, el capital, los terratenientes, figuran en la lista de quienes, interpretan, los han despojado del territorio que ocuparon sus antepasados, tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, desde la campaña denominada Conquista del Desierto, a finales del siglo XIX; los medios, en tanto, observan que consolidan un discurso racista que legitima la represión. El Estado, el capital, los terratenientes, los medios, figuran al tope de sus enemigos.

El que más dialoga con elDiarioAR se acomoda la remera que utiliza como capucha, y con ojos que no miran a su interlocutor repasa: “Vivimos oprimidos por parte del Estado, vivimos la discriminación y el racismo por ser mapuche y eso es algo que asumimos al momento de reconocernos como parte de un pueblo, y al adoptar nuestra cultura y forma de vida que nos dejaron nuestros antepasados”.

“Hoy nos toca -dice- vivir la opresión y la represión que se vive en el territorio”.

- ¿Por qué avanzaron sobre la vivienda particular La Cristalina?

- Esta última recuperación que se hace acá fue una necesidad de nuestra gente porque se venía gestando el racismo hacia nuestra comunidad. No es una casualidad sino que este personaje -Diego Frutos, propietario de la finca- armó todo esto para hoy tener la posibilidad de hacer su campaña política junto con el PRO y Patricia Bullrich. Ese es el contexto en el que se da la recuperación. 

¿La comunidad está dispuesta a un diálogo con el Estado?

Como mapuche siempre podemos dialogar, lo nuestro siempre fue la palabra. Pero siempre que sea en un marco de respeto y de un reconocimiento de parte del Estado. Esto es territorio donde los mapuche fueron asesinados, llevados como esclavos, entonces nosotros podemos dialogar pero solo en contexto de que se reconozca lo que ha hecho el Estado con nuestro pueblo y dejen de verlo como un negocio. Nosotros somos parte de este lugar porque así fue con nuestra gente antigua, que era parte del cerro como lo somos nosotros.

En los últimos días se aseguró que había gente no mapuche en la comunidad. Les dicen mapuches truchos…

Todas las personas que están acá somos mapuche, podemos tener distintos apellidos pero todos somos de familia mapuche, por eso vivimos acá y somos una comunidad mapuche. Trabajamos la tierra, vivimos de la siembra, tenemos animales, eso es lo que somos nosotros. Lo que dicen sobre lo que somos tiene que ver con generar más racismo y preparar el escenario para la represión y justificarla, que es lo que vivimos desde siempre.

Transmiten una certeza: saben de la fragilidad de su situación ante el poderío del Estado, y a la vez se saben piezas de un proceso histórico indetenible, que cada vez suma más partícipes “dispuestos a recuperar su identidad”.

“Ellos tienen esa capacidad de asesinar, como han hecho siempre con nuestra gente”, explica uno de los jóvenes, “pero acá en Bariloche y en la Patagonia está lleno de gente mapuche. Hoy está oprimida y castigada, termina haciendo de mano de obra barata para el winka (gente blanca), para quienes tienen las grandes tierras y el dinero. A través del tiempo uno se da cuenta de todas las opresiones que nos trae el winka y de que nuestra forma de vida es más sana”.

¿Qué es una vida más sana?

No contaminamos para que mueran las plantas y los animales, tenemos un respeto por la naturaleza como un respeto por toda la vida. Ahí es donde uno se reconoce mapuche. En la ciudad se vive todo el tiempo en opresión, por ser pobre, por ser mapuche, por haber sido despojado, esto no estaría pasando si el Estado no nos hubiese sacado de donde vivíamos bien, sanos y libres. Cuando tomamos conciencia de eso, estamos dispuestos a dar la vida por nuestro territorio.

Menos de 20 horas después de la entrevista, unos 200 uniformados de las fuerzas federales de seguridad ingresaron a la comunidad para desalojarla. Un día después del operativo, la mayoría de los hombres que integran la comunidad se encuentran dispersos por la montaña, dicen que resistiendo dejar esa tierra.

Santiago Rey con colaboración de Lorena Bermejo

Apenas se les ven los ojos. Tapados “por seguridad” y con capas de ropa vieja y gastada que los cubren del frío del largo invierno de Bariloche, los jóvenes que integran la comunidad Larfken Winkul Mapu realizan “control territorial” sobre los lotes a los que extendieron su presencia. Guantes deshilachados, zapatillas poco acordes para resistir la nieve y la lluvia, camperas que nada tienen que ver con las ofertas que ofrecen las vidrieras de la ciudad turística que los expulsó a los márgenes más pobres. Es lunes 3 de octubre y varios de esos jóvenes de la comunidad reciben a este medio en el portón de la vivienda “La Cristalina”, uno de los predios que en los últimos días anunciaron que habían “recuperado” para evitar que, desde allí, “patotas privadas y agentes del Estado” los “ataquen” o “hagan inteligencia”.

Saltan el portón, y se disponen a dar lo que será la última entrevista antes del desalojo ordenado por la Justicia Federal y ejecutado por un Comando Unificado de fuerzas federales de seguridad, dispuesto por el Ministerio que conduce Aníbal Fernández.

Uno de ellos dice a elDiarioAR “vamos a defender el lugar en donde vivimos, porque somos parte de la tierra”. Las mujeres, a cara descubierta, explicarían más tarden que “no tienen miedo” y que “si nos sacan del territorio vamos a volver, porque la mapu (tierra) siempre perteneció a nuestro pueblo”. Lo dice, por ejemplo, María Nahuel, integrante de la comunidad y tía de Rafael Nahuel, el joven asesinado en 2017 con un tiro por la espalda por miembros del grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina, según la Justicia. A casi cinco años del hecho aún no hay detenidos por el crimen. “Rafael Nahuel es un espíritu que sigue viviendo entre nosotros, nos acompaña y nos ayuda a levantarnos con fuerza. Es una demostración de lo que ha hecho el Estado con nuestra gente, asesinado por un pedazo de tierra”, dice uno de los jóvenes. 

Premonitorio, se hace eco de los rumores que desde hace unos diez días circulan con fuerza en la región: la inminencia de un desalojo. “Estamos dispuestos a resistir”, anticipa. “Acá está derramada la sangre de nuestra gente y si es necesario vamos a dar la vida por este territorio, no vamos a retroceder y nos vamos a defender con lo que tenemos a mano. No vamos a permitir otro despojo del territorio porque ya hemos vivido muchos”.

El Estado, el capital, los terratenientes, figuran en la lista de quienes, interpretan, los han despojado del territorio que ocuparon sus antepasados, tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, desde la campaña denominada Conquista del Desierto, a finales del siglo XIX; los medios, en tanto, observan que consolidan un discurso racista que legitima la represión. El Estado, el capital, los terratenientes, los medios, figuran al tope de sus enemigos.

El que más dialoga con elDiarioAR se acomoda la remera que utiliza como capucha, y con ojos que no miran a su interlocutor repasa: “Vivimos oprimidos por parte del Estado, vivimos la discriminación y el racismo por ser mapuche y eso es algo que asumimos al momento de reconocernos como parte de un pueblo, y al adoptar nuestra cultura y forma de vida que nos dejaron nuestros antepasados”.

“Hoy nos toca -dice- vivir la opresión y la represión que se vive en el territorio”.

- ¿Por qué avanzaron sobre la vivienda particular La Cristalina?

- Esta última recuperación que se hace acá fue una necesidad de nuestra gente porque se venía gestando el racismo hacia nuestra comunidad. No es una casualidad sino que este personaje -Diego Frutos, propietario de la finca- armó todo esto para hoy tener la posibilidad de hacer su campaña política junto con el PRO y Patricia Bullrich. Ese es el contexto en el que se da la recuperación. 

¿La comunidad está dispuesta a un diálogo con el Estado?

Como mapuche siempre podemos dialogar, lo nuestro siempre fue la palabra. Pero siempre que sea en un marco de respeto y de un reconocimiento de parte del Estado. Esto es territorio donde los mapuche fueron asesinados, llevados como esclavos, entonces nosotros podemos dialogar pero solo en contexto de que se reconozca lo que ha hecho el Estado con nuestro pueblo y dejen de verlo como un negocio. Nosotros somos parte de este lugar porque así fue con nuestra gente antigua, que era parte del cerro como lo somos nosotros.

En los últimos días se aseguró que había gente no mapuche en la comunidad. Les dicen mapuches truchos…

Todas las personas que están acá somos mapuche, podemos tener distintos apellidos pero todos somos de familia mapuche, por eso vivimos acá y somos una comunidad mapuche. Trabajamos la tierra, vivimos de la siembra, tenemos animales, eso es lo que somos nosotros. Lo que dicen sobre lo que somos tiene que ver con generar más racismo y preparar el escenario para la represión y justificarla, que es lo que vivimos desde siempre.

Transmiten una certeza: saben de la fragilidad de su situación ante el poderío del Estado, y a la vez se saben piezas de un proceso histórico indetenible, que cada vez suma más partícipes “dispuestos a recuperar su identidad”.

“Ellos tienen esa capacidad de asesinar, como han hecho siempre con nuestra gente”, explica uno de los jóvenes, “pero acá en Bariloche y en la Patagonia está lleno de gente mapuche. Hoy está oprimida y castigada, termina haciendo de mano de obra barata para el winka (gente blanca), para quienes tienen las grandes tierras y el dinero. A través del tiempo uno se da cuenta de todas las opresiones que nos trae el winka y de que nuestra forma de vida es más sana”.

¿Qué es una vida más sana?

No contaminamos para que mueran las plantas y los animales, tenemos un respeto por la naturaleza como un respeto por toda la vida. Ahí es donde uno se reconoce mapuche. En la ciudad se vive todo el tiempo en opresión, por ser pobre, por ser mapuche, por haber sido despojado, esto no estaría pasando si el Estado no nos hubiese sacado de donde vivíamos bien, sanos y libres. Cuando tomamos conciencia de eso, estamos dispuestos a dar la vida por nuestro territorio.

Menos de 20 horas después de la entrevista, unos 200 uniformados de las fuerzas federales de seguridad ingresaron a la comunidad para desalojarla. Un día después del operativo, la mayoría de los hombres que integran la comunidad se encuentran dispersos por la montaña, dicen que resistiendo dejar esa tierra.

Santiago Rey con colaboración de Lorena Bermejo

Apenas se les ven los ojos. Tapados “por seguridad” y con capas de ropa vieja y gastada que los cubren del frío del largo invierno de Bariloche, los jóvenes que integran la comunidad Larfken Winkul Mapu realizan “control territorial” sobre los lotes a los que extendieron su presencia. Guantes deshilachados, zapatillas poco acordes para resistir la nieve y la lluvia, camperas que nada tienen que ver con las ofertas que ofrecen las vidrieras de la ciudad turística que los expulsó a los márgenes más pobres. Es lunes 3 de octubre y varios de esos jóvenes de la comunidad reciben a este medio en el portón de la vivienda “La Cristalina”, uno de los predios que en los últimos días anunciaron que habían “recuperado” para evitar que, desde allí, “patotas privadas y agentes del Estado” los “ataquen” o “hagan inteligencia”.