“Dismorfia selfie” o cuando nos obsesionamos por parecernos a nuestra foto con filtro

Elegías un rollo de doce, veinticuatro o treinta y seis fotos. En blanco y negro o color. El instante que retratabas era excepcional e ir a revelarlas se sentía como cuando abrías un paquete de figuritas y veías cuáles te habían tocado. Ni hablar cuando llegaba el momento de archivarlas en un álbum, donde la máxima intervención que podías hacerle a la foto era pegarle un sticker de un “globo de diálogo” que incluía una frase graciosa. Pero eso era un poco arruinar la imagen. O por lo menos, eso es lo último que recuerdo cuando tenía 5 años y el retrato del verano era una foto con mis dos hermanos en una tranquera de Miramar. Hoy seguro podríamos recrearla, pero los tres tenemos celular y nos abre otras posibilidades; como repetirla las veces que sean necesarias hasta que nos guste y, por qué no, hacerle un retoque de edición para que se vea bien en nuestro perfil de Instagram.

La tecnología desplegó un abanico de posibilidades a la hora de adulterar una imagen: sin estudios en diseño gráfico y con una sola aplicación móvil, se puede modificar partes del rostro y del cuerpo con el fin de crear una “ilusión de belleza” en el aspecto una persona. Imágenes trucadas que se hacen públicas y circulan en redes sociales. Una práctica que podría pensarse como “inocente” y que desencadena, según los especialistas, en trastornos de conducta, principalmente, entre los más jóvenes. La obsesión por parecerse a un influencer, acumular likes, o identificarse más con un filtro de Snapchat o Instagram deriva, advierten, en Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), como la anorexia y la bulimia nerviosa, y el trastorno dismórfico corporal: una autopercepción distorsionada de la propia imagen. Desórdenes que se han incrementado con la pandemia y el uso excesivo de redes por pasar tanto tiempo en casa.

Según la Sociedad Argentina de Pediatría, las consultas a especialistas y encuestas “auto administradas en las escuelas arrojan una prevalencia de patologías como Bulimia Nerviosa (BN) y/o Anorexia Nerviosa (AN) en casi 1 de cada 3 mujeres jóvenes de las que presentan algún grado de disconfort previo en su imagen corporal que impacta en sus conductas referidas a la alimentación”.

“El aislamiento exacerbó todo, los chicos pasan más tiempo solos, con sus pensamientos, comparándose todo el tiempo con algo que no es real, con imágenes retocadas con photoshop, o gente que siempre es feliz”, puntualizaron desde el Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA).

Como de la novedades en la tecnología se va aprendiendo día a día, de las consecuencias en su uso excesivo también. La aplicación Snapchat, que sirve para tomar fotos instantáneas que desaparecen en horas, fue pionera a la hora de integrar filtros dentro de sus herramientas: desde orejas de perritos hasta anteojos de sol y pelos de colores. Instagram los incorporó y hoy los usuarios, que saben de herramientas básicas de edición, pueden crear y moldear su propia imagen: narices estrechas, labios voluptuosos, ojos grandes y de colores, con pestañas largas y pómulos tensos. Un “gatillo” que disparó, según la dermatóloga Florencia Salvo, las consultas para hacerse retoques estéticos.

Hay filtros que agrandan los labios o proyectan los pómulos y lo más común es que los pacientes traigan a la consulta esas fotos para tratar de simular el mismo efecto en su rostro colocándoles relleno.

“El uso de las redes sociales incrementó las consultas sobre tratamientos estéticos faciales, sobre todo el volumen de labios o relleno de ojeras en pacientes jóvenes que están más tiempo expuestas a fotos o filmaciones todos los días”, indica la Dra. Salvo a elDiarioAR y ejemplifica: “Hay filtros que agrandan los labios o proyectan los pómulos y lo más común es que los pacientes traigan a la consulta esas fotos para tratar de simular el mismo efecto en su rostro colocándoles relleno; que en algunos casos es exagerado o irreal ya que no se correlaciona con la anatomía o estructura de esa persona”, advierte.

La dermatóloga siempre apunta primero, a preservar la salud: “Siempre hay que tener en cuenta que la medicina estética más allá de 'embellecer', también debe preservar la salud y la armonía en la estructura facial o corporal de cada paciente. Por esa razón en muchos casos me niego a realizar tratamientos que no correspondan al paciente aunque me lo pidan, les explico porqué no lo haría y qué efectos negativos observarían si se los realizan. La mayoría agradece la sinceridad y transparencia con la que me manejo para cuidarlos más allá de la estética. Aunque me ha pasado con algún paciente que concurra a otro centro y le realicen dicho tratamiento, que yo dije que no correspondía, y volviera pidiendo ayuda para deshacer lo que le colocaron”, recordó.

“Sin filtro” es la excepción

El 2021, es el año en que “Sin filtro” es la excepción. Está tan integrado su uso en las plataformas que, desde los usuarios hasta los medios de comunicación, aclaran cuando una foto no tiene retoques. Como si ameritara ser noticia el aspecto de un cuerpo. “La China Suárez mostró su rostro al natural: 'sin filtro ni maquillaje”, titula el diario La Nación; “Florencia Peña se abrió la camisa, mostró su panza sin photoshop y los fans estallaron”, escribe el portal web A24.com.

En Noruega, por ejemplo, pasa al revés: a través de la ley de marketing, es obligatorio para estas figuras públicas aclarar cuando la imagen tiene un retoque digital, pero solo para las publicaciones promocionales.

Hace una semana decidí y conté abiertamente a mis seguidores que yo, para mi cara, no iba a usar más filtros porque me parece que nosotros tenemos que ser más ese mensaje y dejar de alimentar el estereotipo de 'mina perfecta”, cuenta a este medio Ornella Griffa, conductora e influencer, que cuenta con más de 80 mil seguidores en su cuenta de Instagram. Asimismo, admite, “Yo también abusé de ellos hasta que dije 'basta de esto'”.

Y agrega: “El camino de la aceptación con uno mismo es jodido. Más con los estándares de belleza que hay desde siempre y los filtros no ayudan”.

“Lamentablemente la foto no es más solo para nosotros”, reconoce. “Quisiera saber cuánta gente realmente saca fotos sin subirlas a ninguna red social. Muchas veces las fotos las sacamos de determinado ángulo, con determinada luz, edición, para que guste, para que tenga un like o una reacción en historias”, reflexiona.

La exposición en redes sociales también la llevaron a que se sienta por mucho tiempo con el compromiso de mostrarse “bien” a través de la pantalla. “Hoy en día si tengo un mal día lo digo, lo comparto. Si la gente me sigue por cosas buenas que también me siga por cosas mala. Intento justamente eso, que sepan y entiendan que somos personas. Uno a veces a la gente de las redes, o la tele, las suele 'endiosar'. Y por ahí me han llegado mensaje de, 'che te vi en el bondi, que raro' y yo: 'si obvio, siempre me van a ver tomando el colectivo”.

Mensajes para deconstruir, contradicciones y la charla que hay que tener con amigos

Miles de activistas por la diversidad corporal y deconstrucción del “ideal de belleza” establecido culturalmente por décadas, aportan con reflexiones y mensajes a diario desde sus cuentas en redes sociales. “Abrimos conversaciones para que las nuevas generaciones crezcan libres de mandatos sociales”, describe en su biografía “bellamentearg”: un proyecto que promueve la autoaceptación, administrado por Candela Yatche, estudiante de Psicología en la Universidad de Buenos Aires y quien forma parte del equipo de investigación sobre trastornos alimentarios e imagen corporal dirigido por la doctora Guillermina Rutsztein. También publicó su libro “Bellamente”.

Son las que ayudan a romper discursos y poner en jaque mandatos sociales. Mensajes de aceptación que se escuchan cada vez con más fuerza pero que, en muchos casos, chocan con la realidad que vemos reflejada en la web. “Hay que hablar de distorsión de la imagen corporal: con los mismos ojos que vemos esas imágenes que están retocadas también vemos a nuestros cuerpos. Hay una diferencia enorme entre los cuerpos retocados y nuestra propia corporalidad. Creamos una identidad visual muy distinta a la propia y vemos identidades visuales distintas. Eso va creando y moldeando subjetividades que tenemos”, apunta Yatche a este medio.

Para la estudiante de psicología “estamos en un momento de transformación social y como toda transformación tiene su proceso y contradicciones . Contradicciones porque hay muchísimos mensajes para deconstruir pero al mismo tiempo hay un montón de productos y servicios que nos venden para cambiar nuestros cuerpos marcando que nuestros estos estén mal y hay que modificarlos”, considera.

Por esta razón cree importante tomar consciencia de que “los estereotipos de belleza se establecieron hace un montón de tiempo, que fueron cambiando pero que son muy exigentes y cada vez se hacen más duros. Está buenísimo que se pueda empezar a cambiar y deconstruir pero va a llevar tiempo, no va a ocurrir de un día para el otro ni es fácil aceptarse de un segundo para el otro, si toda la vida nos enseñaron que nuestros cuerpos estaban mal, no encajaban en al norma y tenían que ser modificados para ser mas deseados y ser felices. Ahí está al punto. Estos tiempos los definiría como una contradicción andante, tenemos dos miradas que se chocan y que a veces genera que nos perdamos entre todo”.

“Está bueno abrir conversaciones en grupos de amigues con respecto a cómo nos sentimos con nuestros cuerpos, si alguna vez se sintieron mal con algún comentario que recibieron. También sobre los comentarios que hacemos sobre otro cuerpos y comentarios sobre nuestro propio cuerpo. Hay algo para marcar y, así como se empezó a hablar de diversidad sexual, hay que llevar a nuestras conversaciones todo lo que tiene que ver con la diversidad corporal; que los cuerpos son distintos, no discriminar, evitar compartir memes o chistes que tienen que ver con agresiones a otros cuerpos”, dice Yatche. Y cierra: “También cómo elegimos mostrarnos, por qué y para qué elegimos mostrarnos de determinada manera. Si es que no nos sentimos bien o nos divierte. Cada persona debe tener su propio motivo pero también hay algo general que nos reúne que es el ideal de belleza inalcanzable. Hablar siempre desde el respeto y poder lentamente trabajarlo y abrir conversaciones es otra manera de arrancar”.

AB