Dos señores grandes
En unos días Beto Casella cumplirá 66 años. Su coequiper en el programa de las mañanas de la Rock and Pop, Joe Fernández, cumplió los 51 en enero. Son dos señores grandes que llevan varias décadas vividas en la adultez.
Días atrás, se conoció un fragmento de su programa en el que Fernández lanzaba una serie de insultos homofóbicos contra Valentín Fresno, un jovencísimo bailarín que integra el ballet estable del Colón. Fue el propio Valentín quien lo subió a su cuenta de Instagram con un breve mensaje: “Pleno 2026 y se siguen escuchando este tipo de comentarios; estoy sin palabras”.
Y continuaba: “Es una lástima que medios de comunicación con tanta influencia difundan y avalen comentarios homofóbicos. Con tantas cosas lindas que se pueden comentar sobre el ballet, se centren en la sexualidad de un artista. Este comentario a mí no me lastima ni me perjudica. A los que perjudica son a los futuros niños que quieran hacer ballet y sus familias, o ellos mismos, no los dejen porque piensen que el ballet es de ”putos“. No normalicemos este tipo de lenguaje y bromas”.
Con el escándalo estallado, llegaron los pedidos de disculpas. Joe Fernández difundió un video de 45 segundos en los que decía: “Me extralimité, me pasé, hice comentarios desubicados, estoy acá poniendo la cara para lo que necesites”.
Después, en su cuenta de X, siguió Casella. Dejó en claro que el “autor del insulto” fue Fernández, y le ofreció a Valentín ser su encargado de prensa ad honorem.
Valentín no dijo más. Su mensaje había sido contundente.
Esta semana Casella debutó en la pantalla de América en un horario fuerte, las 22. No es un advenedizo en los medios. Tiene más de 30 años de carrera. Lo que ocurrió en su programa de radio resulta difícil de explicar en alguien con tanta experiencia. No fue un comentario al pasar. La escena ocurrió mientras el conductor, Casella, y el resto del equipo, incluido Fernández, se burlaban y mostraban en el streaming de la radio el video que Valentín subió a sus redes para mostrar cómo es la vida de un bailarín del Teatro Colón.
Los exabruptos y los chistes desubicados pueden ocurrir en un programa en vivo. Se requiere profesionalismo para saber frenarlos a tiempo. Pero eso no ocurrió. El video de Valentín fue buscado para someterlo al escarnio. No hubo improvisación.
Es cierto, fue Fernández quien dijo “puto”, pero el resto de la mesa, incluido Casella, participó de la burla de un chico al que triplican en edad. Un joven que quiso mostrar como es su vida como integrante del Colón. No hace falta ser un ilustrado para saber el esfuerzo, la pasión y el amor que se necesitan para llegar a formar parte de ese cuerpo de ballet. Pero a esos dos señores grandes les pareció que era una buena idea burlarse de él con chistes que, por lo menos, se quedaron en los 80. Hubo risas burlonas. Sumaron los audios con más chistes homofóbicos de Tangalanga –rescatados de los 80–. Lo que no hubo fue nadie que pensara que aquello era solamente un acto de discriminación.
Lo que ocurrió en el estudio de la Rock and Pop no es un tema menor, porque pasa en una Argentina en la que la homosexualidad vuelve a usarse como insulto. Alcanza con ver los agravios que reciben los diputados Esteban Paulón y Maxi Ferraro, ambos referentes de la comunidad LGBT en el Congreso. O recordar que fue el propio presidente Javier Milei quien comparó, en el foro de Davos, la homosexualidad con la pedofilia. Es un síntoma del país de los mandriles y los niños “envaselinados”. Una Argentina en la que la homofobia se legitima desde arriba.
MG
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