La Argentina endeudada
La deuda ya funciona como parte del salario: más hogares usan crédito y el stock creció 25% real
El salario llega hasta donde puede. Después empiezan la tarjeta, la billetera virtual, la mutual, la fintech o el préstamo personal. Las personas endeudadas con proveedores no financieros de crédito pasaron de 9,5 millones a 11,3 millones entre diciembre de 2023 y enero de 2026. Cada vez más hogares usan deuda para cubrir consumos que los ingresos no logran sostener.
Un informe de Fundación Éforo describe la deuda de personas físicas con proveedores no financieros de crédito: fintech, mutuales, cooperativas, tarjetas no bancarias y otros prestadores que financian consumo por fuera del sistema bancario tradicional. Allí se ve el movimiento de fondo: más personas toman crédito, el volumen total financiado crece y la mora empieza a mostrar que una parte de esos compromisos ya no puede pagarse con los ingresos disponibles.
La deuda promedio por persona pasó de $337.000 a $1.044.000 entre diciembre de 2023 y enero de 2026. Descontada la inflación acumulada del período, cercana al 195%, la suba real fue de alrededor de 5%.
El saldo total financiado muestra mejor esa expansión. Según Éforo, el volumen operado por esos proveedores pasó de $3,2 billones a $11,8 billones en poco más de dos años. Descontando la inflación, ese stock creció alrededor de 25% en términos reales. La deuda promedio individual avanzó poco por encima de los precios, pero la masa total de crédito a personas creció bastante más porque se amplió el universo de deudores.
La deuda ya no aparece sólo al final del mes, cuando una familia no puede pagar. Aparece antes, cuando los ingresos no alcanzan para cubrir alimentos, servicios, alquiler, transporte, salud o gastos escolares. El crédito es ya una extensión cara del salario.
Eso no debería ser normal en una economía sana, mucho menos en la economía ordenada y de recuperación salarial que Javier Milei prometió durante la campaña presidencial. Cuando ni un salario —y muchas veces ni dos ingresos dentro del mismo hogar— alcanzan para cubrir gastos básicos, el crédito ya no es una opción para ampliar un negocio o comprar un bien durable o resolver una emergencia específica, sino que se vuelve una fuente de estrés permanente porque cada compra necesaria llega con vencimiento, intereses y una pregunta que se repite al mes siguiente: cómo se paga.
La señal más delicada es que el endeudamiento crece al mismo tiempo que la morosidad. Según el informe de Éforo, en los préstamos otorgados por bancos privados el incumplimiento pasó de 4,5% a 10,6%. En los proveedores no financieros de crédito, la mora llegó al 16,2%. En las tarjetas no bancarias, una de las vías principales de financiamiento del consumo cotidiano, alcanzó el 14,5%.
Si sólo creciera el acceso al crédito, podría leerse como una normalización financiera después de años de bajo financiamiento. Si sólo creciera la mora, podría interpretarse como un problema de administración de pagos. Pero cuando suben al mismo tiempo la cantidad de deudores, el volumen financiado y los atrasos, el dato empieza a avisar que los hogares que toman más crédito y encuentran cada vez más dificultades para devolverlo.
El costo de esa deuda profundiza la diferencia entre hogares. Mientras las tasas para préstamos personales en bancos rondaron entre el 70% y el 90% nominal anual durante 2025 y comienzos de 2026, en los proveedores no financieros promediaron el 129%, según el informe. Es decir que quienes tienen ingresos más estables, mejor historial o relación bancaria pueden acceder a líneas menos caras; quienes quedan fuera del sistema formal suelen terminar en circuitos más costosos.
Ese mapa también explica por qué el crecimiento del crédito hipotecario aparece como una excepción. El informe de Éforo marcó una recuperación significativa de esa línea, con un crecimiento real interanual superior al 50% y niveles de mora más bajos que el promedio del sistema. Pero esa mejora convive con un endeudamiento de consumo mucho más tensionado, concentrado en hogares que necesitan crédito para sostener el mes.
El último informe del Banco Central sobre proveedores no financieros de crédito también muestra que el fenómeno siguió vigente en 2026. En febrero, el financiamiento promedio por deudor persona humana alcanzó $1,1 millones, aunque mostró una caída real de 3% entre noviembre de 2025 y febrero de 2026. Ese dato confirma el matiz: el promedio individual dejó de crecer con fuerza en términos reales, pero el volumen de personas endeudadas y la mora sostienen la señal de alerta.
El endeudamiento se volvió una forma de administrar esa distancia. El sueldo paga una parte del mes; el resto se cubre con tarjeta, préstamo, adelanto, billetera o refinanciación. Cada mecanismo tiene su tasa, su vencimiento y su costo. El alivio inmediato puede ser real, pero también deja una obligación futura sobre ingresos que ya venían ajustados.
JJD