PARITARIAS

Empleados de comercio vuelven a correr detrás de los precios con una recomposición en cuotas

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Los empleados de comercio vuelven a correr detrás de los precios. La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios pactó una recomposición salarial de 5,7% para julio, agosto y septiembre, más un bono de $50.000 en dos cuotas, en un acuerdo que apuesta a que la inflación no vuelva a acelerarse como a principios de año.

El entendimiento, informado por Noticias Argentinas, fue firmado por FAECYS con la Cámara Argentina de Comercio, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Unión de Entidades Comerciales. La recomposición se pagará en tres tramos iguales de 1,9% mensual: julio, agosto y septiembre.

El acuerdo también incluye una suma extraordinaria de $50.000 para trabajadores de todas las categorías, que se abonará en dos cuotas de $25.000, una en julio y otra en agosto. Además, se mantendrá durante este trimestre la suma de $120.000 pactada en la negociación anterior.

La palabra clave es recomposición, no aumento. En la Argentina, las paritarias suelen funcionar como una carrera defensiva contra los precios: buscan evitar que el salario pierda más poder de compra, no necesariamente mejorar los ingresos reales. En este caso, el acuerdo depende de que la inflación mensual se mantenga cerca de los últimos registros y no vuelva a dar un salto.

El secretario general de FAECYS, Armando Cavalieri, defendió el entendimiento como resultado de un “diálogo responsable y constructivo” en un contexto económico complejo. “La negociación colectiva sigue siendo la herramienta más valiosa para encontrar soluciones equilibradas que contemplen la realidad de los trabajadores y de las empresas”, señaló.

Cavalieri también apuntó a la situación de la actividad comercial. “Somos conscientes de las dificultades que atraviesan distintos sectores de la economía, particularmente el comercio, donde muchas pymes y comercios de cercanía enfrentan un escenario muy complejo”, sostuvo. Según el dirigente, el objetivo fue “preservar el empleo, proteger el poder adquisitivo de los trabajadores y brindar previsibilidad a la actividad durante los próximos meses”.

El contexto explica la cautela del acuerdo. Comercio es uno de los sectores más expuestos a la caída del consumo: depende del movimiento diario en supermercados, locales, shoppings, mayoristas, comercios de cercanía y servicios. Cuando los hogares recortan gastos, ese ajuste se siente en las ventas, en las horas trabajadas, en las suspensiones y en el empleo.

Pero esa misma crisis también condiciona a los trabajadores mercantiles. La caída del consumo no elimina la necesidad de recomponer salarios: la vuelve más difícil. Los comercios venden menos, las pymes tienen menos margen y los empleados siguen enfrentando alquileres, servicios, transporte, salud y alimentos que pesan cada mes sobre el ingreso.

El problema para los trabajadores mercantiles, como para buena parte de los asalariados, es que el promedio del IPC no siempre refleja el peso de los gastos que más condicionan el bolsillo. En junio, la inflación mensual fue de 1,9%, pero los servicios subieron 2,9%, los regulados 2,3%, salud 2,9% y vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles 3,3%.

Ese desfasaje se vuelve más claro cuando se mira el primer semestre. Mientras el índice general acumuló 16,8%, los servicios subieron 20,9%, los precios regulados 23% y vivienda 25,1%. Son rubros difíciles de postergar: alquileres, tarifas, transporte, salud, educación, conectividad y otros gastos mensuales que pesan de manera directa sobre el salario.

Por eso, una recomposición de 1,9% mensual puede empatar el último dato general de inflación, pero queda más ajustada cuando se la compara con los gastos fijos. El salario no se gasta en el promedio del IPC: se gasta en la boleta de luz, el alquiler, el colectivo, la prepaga, los medicamentos, internet y la comida.

El bono de $50.000 puede aportar un alivio puntual, pero no modifica la estructura salarial. Al pagarse en dos cuotas, funciona como complemento transitorio y no como mejora permanente del básico. Lo mismo ocurre con las sumas fijas pactadas en acuerdos anteriores: ayudan a sostener ingresos en el corto plazo, pero no siempre consolidan poder adquisitivo hacia adelante.

El acuerdo mercantil confirma una tendencia de las negociaciones salariales en esta etapa: tramos cortos, porcentajes mensuales moderados, sumas fijas y revisión permanente. La lógica es seguir la evolución de los precios sin desbordar la pauta que busca el Gobierno, pero esa estrategia deja a los trabajadores expuestos si la inflación efectiva de los gastos cotidianos vuelve a superar los porcentajes firmados.

La paritaria también muestra el margen estrecho de la negociación colectiva en una economía debilitada. Los gremios intentan evitar una nueva pérdida salarial, mientras las cámaras empresarias advierten por la crisis de actividad y el Gobierno busca sostener una señal de moderación nominal. En el medio quedan los trabajadores, que negocian cada trimestre contra precios que ya acumularon varios meses de ventaja.

Comercio es uno de los sindicatos con mayor cantidad de trabajadores del sector privado. Por eso, cada paritaria mercantil funciona como referencia para otras actividades. La recomposición de 5,7% para el trimestre marca una señal de moderación, pero también muestra el límite de la negociación cuando el salario intenta recuperar terreno en una economía de consumo deprimido.

JJD, con información de NA