Cultura Opinión

Cristina Bajo, premiada por el Fondo Nacional de las Artes: una distinción al género

Cristina Bajo

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El Fondo Nacional de las Artes entregó hoy los premios anuales a la Trayectoria artística en distintas disciplinas. Este año, en Letras, la autora elegida fue Cristina Bajo. La propuesta vino de Mariana Enríquez, directora del área de Letras del FNA, presidido por la arquitecta Diana Saiegh. ¿Es casual que la premiada sea una mujer que escribe novela histórica, es decir, que practica literatura de género? La literatura de género sigue siendo considerada una hermana menor, ese adjetivo que se opuso a la literatura alta, o a secas. La minoridad para la literatura de géneros, la altura para la literatura pura. Pero: ¿quién puede mostrar carnet de pureza?

Sabemos que novela histórica y/o romántica es una etiqueta editorial con criterio comercial. Está demostrado que las mujeres son quienes más leen (la diferencia se calcula en un 60 por ciento) y la literatura histórica/romántica está entre las preferencias de las lectoras adultas. Autoras mujeres que escriben para lectoras mujeres libros con temas que las mujeres prefieren (amores apasionados en tiempos remotos, es decir: romanticismo puro y duro, o impuro y blando). Brujas que escriben para brujas.

Porque, detengámonos un minuto: Zama, de Antonio Di Benedetto (la novela llevada al cine por Lucrecia Martel) no entra en las góndolas junto a, por ejemplo, Pecadora, de Florencia Canale. Ni las novelas históricas de Andrés Rivera (La revolución es un sueño eterno, El farmer y etcétera) comparten mesa con la trilogía de La tierra del mal de Florencia Bonelli. ¿Respiración artificial de Piglia, qué es? ¿Podría acercarse a alguna de las novelas policiales decimonónicas de Mercedes Giuffré? La pregunta que cabe es: si quien escribe es varón, es literatura pura o a secas y si es mujer, ¿de género? ¿O es porque las novelas escritas por mujeres se suponen centradas en el amor pasión y las de los varones, en temáticas más cultas o políticas, o esas cosas que llevan a esa imagen un tanto apolillada de un tipo en un sillón fumando una pipa y tomando whisky? 

En inglés la tienen fácil: gender para cuestiones identitarias relativas al sexo, genre para los géneros literarios, por ejemplo, en este caso. En castellano, tenemos que arreglarnos con el homónimo.

En inglés la tienen fácil: gender para cuestiones identitarias relativas al sexo, genre para los géneros literarios, por ejemplo, en este caso. En castellano, tenemos que arreglarnos con el homónimo.

Sin embargo, hay otras escritoras que salen del encasillamiento, aunque también hayan escrito novelas situadas en el siglo XIX (época preferencial para la etiqueta), como María Rosa Lojo, Gabriela Cabezón Cámara o Elsa Drucaroff.

¿Es el romanticismo el diferencial? 

A la literatura de género le cuesta salirse del área de minoridad, y no a pesar de ser más leída, sino por eso, por ser o haber sido popular o de masas. En esa gran bolsa entran también la novela negra, fantástica, el terror, la ciencia ficción. 

Eso explica en parte el revuelo que causó que, para el premio de literatura en 2020, recién aterrizada Mariana Enríquez (escritora de género, aunque con reconocimiento internacional) en el FNA, eligiera el terror, la ciencia ficción y el género fantástico, para el concurso acotado (y recortado), en pandemia. Enríquez destacó la excepcionalidad (del premio y sus circunstancias), al tiempo que hacía una apuesta: elevar esos géneros menores a la categoría de premiables por una institución clásica de la cultura alta argentina, que además representa al Estado. La casa de la hermana mayor.

Esta vez: ¿Enríquez dobla la apuesta? ¿Continúa en la misma línea? ¿Gender y genre?

En el almuerzo para prensa organizado para presentar a los premiados en la sede del FNA que fuera la casa de Victoria Ocampo, en el coqueto Barrio Parque, Diana Saiegh contó que cuando le preguntó a Enríquez a quién propondría para Trayectoria, la autora de Nuestra parte de la noche (novela premiada en la Semana Negra de Gijón, o sea: género) no dudó un segundo. Dijo que ya lo tenía pensado y pronunció el nombre mágico: Cristina Bajo.

El reconocimiento ya existía, por consenso (pregúntenle a cualquier autora del género), por el éxito de la serie de la saga de los Osorio, que se inicia en Como vivido cien veces (1995), por premios como el de la Academia Argentina de Letras en 2005 por Tú, que te escondes: Cristina Bajo es una referente indiscutible del género, y de la Literatura argentina. 

Es interesante destacar que Bajo es cordobesa, no porteña, que empezó a publicar recién a los 58 años, que su primer libro fue un best seller. Ese último aspecto suele, contradictoriamente, aportar a la desvalorización del libro (y de quien escribe): ¿si vende no vale? La maestra de la novela de enigma inglesa, Agatha Christie (autora históricamente denostada, de Chandler a Castillo), escribió que publicaba para vender. ¿Quién no?

Para sumar complejidad al asunto, el carácter de híbrido de la novela histórica (ficción + historia), un espacio intersticial donde se ubican muchos libros de no ficción, también atenta contra la presunta y deseable pureza literaria y lo arroja otra vez al cajón de los juguetes, o al guardarropa femenino.

Como si hubiera algo (o alguien puro), como escritores que no quieren vender el producto de su trabajo y reclaman carnet de nobleza, o señoras que no tienen nada que hacer más que ponerse a garrapatear historias para matar el aburrimiento (como alguna vez sugirió Fogwill).

Cuando en 2007 hablé con Luis Chitarroni, entonces editor de Sudamericana, de un posible libro que luego se convirtió en Cautivas, mi primera novela histórica, más de diez años antes de La reina. El gran sueño de Manuel Belgrano, su consejo fue: Leé a Cristina Bajo. Naturalmente, le hice caso. 

Ahora, Cristina va a estar junto al resto de los premiados y premiadas por el FNA, entre otros: Susana Rinaldi, Horacio González (in justa memoriam), Hilda Bernard, Lía Jelin, Aldo Sessa, Carlos Gianni, Guillermina Cabral, “Coqui” y “Pajarín” Saavedra o Clara Zapettini. 

Por todas esas razones, para este brindis de fin de año celebremos ese premio que significa un reconocimiento del Estado argentino a Cristina Bajo. Una escritora grossa. Nada menor. Y sin secas.

La autora de las novelas históricas Cautivas (Planeta, 2008) y La reina. El gran sueño de Manuel Belgrano (Planeta, 2020).

GS

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