Escribió en el Financial Times

Milei pidió que las big tech se instalen en Argentina: propone una ley de IA sin controles y empresas sin personas

4 de junio de 2026 09:48 h

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Javier Milei eligió las páginas del Financial Times para hacer una jugada que excede la política doméstica: hablarle directamente a los inversores tecnológicos globales y ofrecerles a Argentina como el territorio más desregulado del mundo para instalar sus empresas de inteligencia artificial. La iniciativa está alineada al desembarco de Palantir de Peter Thiel, el tecnofascista que vive en Buenos Aires desde hace semanas.

La columna de opinión está firmada por el propio presidente junto a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Reforma del Estado, que días atrás envió al Congreso la reforma más profunda al derecho societario argentino desde 1972: habilita la existencia legal de empresas operadas exclusivamente por algoritmos, sin empleados ni gerentes humanos. Ahora ambas piezas encajan: la reforma societaria es la arquitectura legal; la columna en el FT es el aviso publicitario dirigido al mundo.

El texto se titula Argentina invites AI to free itself” —“Argentina invita a la IA a liberarse”— y arranca con una analogía histórica: la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 como origen de la sociedad de responsabilidad limitada y motor del capitalismo industrial. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribe Milei. El salto argumental es directo: así como esa figura jurídica liberó el potencial del capital, la IA necesita hoy su propio vehículo legal. “Tanto como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones del músculo humano, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, llevando la productividad más allá de nuestros sueños más salvajes”, dice el texto.

Sin controles: el corazón del proyecto

La columna anuncia que el Ejecutivo presentó al Congreso un proyecto de ley de IA basado en tres pilares. El primero, y más revelador, es la declaración de principios: mantener la IA sin regulación, “libre para ser desarrollada sin la mano letal de una regulación prematura y mal comprendida”. No hay mención a organismos de supervisión, marcos éticos, ni instancias de participación ciudadana en el diseño del sistema. La única restricción que aparece en todo el texto es la declaración de beneficiarios finales para evitar el lavado de activos.

El segundo pilar es la creación en el derecho argentino de una “corporación no humana” —entidades operadas por agentes de IA o robots, con responsabilidad limitada—. “Los accionistas humanos pueden participar, pero no son requeridos”, escribe Milei. El tercero: un entorno fiscal competitivo con baja tasa corporativa y posibilidad de elegir la ley de gobernanza. “Argentina no tiene interés en convertirse en un paraíso para el capital ilícito”, aclara, aunque promete “condiciones inigualables” para toda actividad legítima.

El concepto de “corporación no humana” ya estaba en el proyecto de Ley General de Sociedades define a las Sociedades Automatizadas como aquellas que desarrollan su objeto social mediante sistemas algorítmicos autónomos sin requerir trabajadores ni recursos humanos para su operación ordinaria.

El guiño a Thiel llega antes que la negativa

La elección del Financial Times como plataforma no es casual. Es el medio de referencia de los mercados financieros y de los grandes fondos de inversión tecnológicos. Publicar allí una columna presidencial es, en sí mismo, un acto de lobby internacional, y tiene un destinatario preciso en el ecosistema ideológico que rodea al gobierno.

Peter Thiel, cofundador de PayPal y uno de los principales ideólogos del movimiento tech-libertario que promueve activamente la erosión de marcos regulatorios estatales, lleva semanas en Argentina para desembarcar su empresa Palantir, especializada en gestión masiva de datos personales e inteligencia artificial para seguridad y defensa. El tecnomagnate tiene fichas colocadas en distintos casilleros del tablero local. En el gobierno niegan que la reforma societaria o el proyecto de IA estén vinculados a ese desembarco. “Lo haga luego Peter Thiel o cualquier otro. Ojalá muchos”, dijo un funcionario cercano a Sturzenegger.

El cierre de la columna del FT es una pieza de marketing territorial dirigida sin disimulo a las big tech globales: “Que Buenos Aires se convierta para la IA en lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación —el lugar donde la imaginación legal se puso a la altura del momento tecnológico, y el mundo cambió.”

No hay referencias a derechos laborales en un esquema donde las empresas pueden operar sin trabajadores ni accionistas humanos, ni a las implicancias jurídicas de reconocer a agentes de IA como operadores autónomos con responsabilidad limitada. Tampoco aparece ninguna voz crítica, ningún contrapeso institucional, ninguna pregunta sobre quién controla a las máquinas cuando algo sale mal.