SALUD

ACV en tiempos del COVID-19: siete síntomas para una detección precoz

Foto: StockSnap / Pixabay

Jordi Sabaté

Diario.es —

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A menudo solemos desconocer cuáles son los mayores riesgos para nuestra salud. Tal es el caso del accidente cerebrovascular (ACV) o ictus, la primera causa de muerte entre las mujeres adultas y la segunda entre los hombres hasta la llegada del COVID-19, así como la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto y la segunda de demencia. Además, una parte de aquellos que sufrieron un accidente cerebrovascular y sobrevivieron, quedaron con alguna incapacidad cognitiva o motora, sobre todo de movilidad y mantenimiento del equilibrio, así como con dificultades a la hora de hablar o incluso con déficits de aprendizaje y discernimiento.

En este sentido, es importante la detección temprana a partir de la identificación de sus síntomas. El tiempo es vital para frenar el daño cerebral.

¿Qué es un ACV o ictus?

Para entender mejor la importancia de dicha detección precoz, hay que explicar primero en qué consiste. Se trata de un accidente de tipo vascular durante el cual el cerebro se queda sin irrigación, de modo que las neuronas mueren por anoxia o falta de oxígeno. De dicha muerte se derivan lesiones cerebrales totales o parciales.

El ACV puede tener dos orígenes distintos:

  • El primero y más habitual es la existencia de un trombo o un ateroma (taponamiento arterial) que impida la correcta irrigación del cerebro. Es lo que se conoce como ictus isquémico.
  • El segundo origen es un derrame cerebral por rotura de un vaso sanguíneo, denominado ictus hemorrágico.

La extensión de las lesiones cerebrales por la falta de oxígeno determinará el alcance de la disfunción, ya sea para tener como resultado una muerte cerebral, para sufrir lesiones severamente incapacitantes o bien para padecer solo daños leves y encarar una recuperación plena. Cuanto antes se detecte el ACV y se pueda llamar a emergencias, antes intervendrán los neurólogos y mayores serán las probabilidades de recuperación total.

Síntomas a los que prestar atención

Esta es la razón por la que es muy importante conocer los síntomas que deben hacernos reaccionar con rapidez. Los más importantes y frecuentes son:

  • La cara de repente pierde fuerza, nos cuesta gestualizar y hacer muecas
  • Esta debilidad se acompaña de la parálisis parcial del brazo o la pierna, a veces ambos, de un lado del cuerpo.
  • Sensaciones de hormigueo o de adormecimiento en la cara, el brazo o la pierna de un lado del cuerpo, sin llegar a la paralización y sin que tenga origen postural.
  • Pérdida repentina de visión, parcial o total, en uno o los dos ojos.
  • Alteraciones súbitas del habla que comportan dificultad para articular palabras y hacernos entender.
  • Dolor de cabeza repentino de intensidad considerable y sin causa aparente.
  • Dificultad para caminar, coordinar movimientos o mantener el equilibrio.

Si nos identificamos con estos síntomas de forma mayoritaria, es que precisamos atención médica inmediata y, llamando al 911, debemos ponernos en contacto con los servicios de emergencias para que nos atiendan lo antes posible. De la rapidez en la respuesta dependerá nuestra vida o el grado de nuestra recuperación.

Causas del ACV

Hay dos tipos de causas que aumentan la probabilidad de sufrir un ACV:

  • Causas no evitables: entre las que no podemos evitar están la predisposición genética (tensión alta, problemas de coagulación); la edad, puesto que a partir de los 55 años el riesgo crece considerablemente; y el sexo, dado que es más frecuente en mujeres.
  • Causas evitables: estas remiten según los hábitos de vida. Las dietas altas en azúcares y grasas saturadas, así como el abuso de la sal en personas hipertensas, aumentan el riesgo. También el sedentarismo, el alcoholismo y el tabaquismo. Eventualmente dormir poco también aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares, entre otras patologías.

En consecuencia, la mejor prevención, al menos respecto a las causas que están en nuestras manos, son una dieta equilibrada, con harinas integrales y minimizando los azúcares libres; dormir siete horas o más; hacer ejercicio moderado a intenso; reducir el alcohol y dejar el tabaco. Si padecemos algún tipo de trastorno del sistema circulatorio, es importante que realicemos controles periódicos y sigamos las indicaciones que nos dé nuestro cardiólogo.

J.S.

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