Dieciséis candidaturas se disputan el domingo la presidencia de Ecuador. Los tres favoritos son un economista de izquierda, un banquero de derecha y un líder indígena

elDiarioAR

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El domingo es la primera vuelta de las presidenciales en Ecuador. Además de optar por una entre las 16 fórmulas de partidos y coaliciones ofrecidas para la titularidad del Poder Ejecutivo, el electorado decidirá también quiénes se sentarán en las 137 bancas de la Asamblea Nacional (el Poder Legislativo unicameral) y quiénes serán los seis representantes del país ante el Parlamento Andino. Quince presidenciables varones y una única mujer coinciden en que el balance del mandato de Lenín Boltaire Moreno es la suma de los lastres de una ineficacia pareja en todos los frentes y en que la doble gestión de una pandemia voraz y una economía escuálida es la urgencia para la que son la mejor solución disponible.

Cuatro años atrás, el presidente saliente era el candidato oficialista de Alianza País (PAIS), el partido de su antecesor Rafael Correa, con quien después rompió; las elecciones del domingo son anómalas en la nación y la región en no presentar candidatura pro-gubernamental. En el horizonte que enfrentará la nueva administración quedan patentes los motivos. El COVID-19 deja unos 15 mil muertos, medio millón de infectados y mil contagios diarios para un país de 17 millones y medio de habitantes. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), hay un 23,4% de subempleo y un 6,6% de desempleo. Ecuador ocupa según el Banco Mundial el tercer lugar entre las economías más golpeadas por la pandemia y la recesión en América Latina, con una caída el año pasado de un 9,5% en el PIB. El crecimiento en 2021 se estima bajo, de un 3,5 por ciento. Fue alto, en cambio, el crecimiento de la pobreza, de un 10% en una economía que en el año 2000 renunció al sucre y adoptó el dólar como única moneda y cuyo PBI nominal per cápita según el FMI no supera en mucho los 6000 dólares.

Ante este panorama, el contenido de los programas contrastantes de los candidatos favoritos según las encuestas importa menos en la intención de voto, según esos mismos sondeos, que la impresión que sus personas y figuras han logrado producir en el electorado. Un análisis del Grupo Faro señala que guiados por una voluntad de no malquistar votantes, las propuestas más antagónicas contienen promesas que califica de populistas a la vez que evitan toda precisión sobre cómo manejarán la economía, absteniéndose de mencionar por anticipado medidas que podrían enajenar a grupos o sectores.

Andrés Arauz es la joven herencia del pasado penúltimo. A sus 35 años, puede ser el presidente más joven de la historia ecuatoriana. Economista graduado en la universidad de Ann Arbor, Michigan,  EEUU. Pertenece al Movimiento Revolución Ciudadana (MRC), creado por Correa tras su distanciamiento con su ex delfín Moreno.  Y es el candidato del frente Unión por la Esperanza (UNES). En esta elección de candidaturas atomizadas y de sociedad fragmentada, las alianzas, coaliciones, acercamientos coyunturales y frentes electorales son una característica en toda la oferta electoral. 

En su campaña, Arauz ha sido todo lo abierto que se puede ser sobre su filiación y afiliación con el expresidente Correa, quien no pudo postularse para la vicepresidencia por haber sido condenado in absentia en una causa de corrupción y permanece en Bélgica. A diferencia de lo ocurrido con el retorno del Movimiento al Socialismo (MAS) al gobierno boliviano, donde el actual presidente Luis Arce había anunciado que su antecesor constitucional Evo Morales, depuesto por el golpe de Estado de 2019, no tenía lugar oficial en su administración,  Arauz anticipa que Correa será su mejor y mayor asesor. Y si el ex presidente fue juzgado en efigie en su patria, el candidato que lo reivindica recorrió el país con una gigantografía de Correa de cuerpo entero. Promete reactivar la inversión social y las obras públicas y ha planificado la creación de un bono de mil dólares para un millón de familias: el establecer un programa de estímulo económico fue denunciado por la oposición como una venal compra de votos. Arauz forma parte del Consejo Ejecutivo de la Internacional Progresista, fundada en 2020, y de la que forman parte el senador demócrata estadounidense Bernie Sanders, el exministro griego de Finanzas, Yannis Varoufakis y el vicepresidente del Gobierno de España, Pablo Iglesias. No encuentra por qué deba hacer el correísmo ni autocríticas ni exámenes de conciencia; antes bien, reactivará su modelo de Estado que regula la economía, gastará en infraestructura y en la rearticulación de la energía, buscará la integración latinoamericana y reclamará la vuelta al país de divisas de propiedad ecuatoriana fugadas al extranjero.

Correa y Arauz se conocen desde hace tiempo. Con 26 años, el candidato presidencial fue director del Banco Central de Ecuador y con 30 años llegó a ser ministro de Conocimiento y Talento Humano, cargo que ocupó entre 2015 y 2017. Por último, durante unos meses de 2017 fue también ministro de Cultura y Patrimonio. 

Guillermo Lasso es un neo liberal en economía y un viejo conservador en todo lo demás.

A sus 65 años, se presenta por tercera vez en las presidenciales ecuatorianas, después de haber sido derrotado por Rafael Correa en 2013 y por el entonces correísta Lenín Moreno en 2017. En estas elecciones, había desconocido el resultado y había denunciado fraude. Pero cuando Moreno giró a la derecha, los dos se entendieron y se aliaron en la Asamblea Nacional.

Si Arauz de algún modo representa a la capital Quito y a la sierra, Lasso representa a la costa y a la ciudad y puerto de Guayaquil, motor de la economía y el comercio ecuatorianos. Es un conocido banquero, y encabezó diversos holdings, ante todo, el del propio Banco de Guayaquil.  Por ello, en campaña Lasso repite el relato del self made man, del hombre que se hizo a sí mismo, de cuna humilde pero trabajador, que desde los 15 años empezó desde abajo una lenta pero indetenible carrera en la Bolsa de Guayaquil. 

En temas sociales, es un católico ultramontano, próximo al Opus Dei, cuidadoso del respeto por las iglesias e imágenes del culto, enemigo del aborto.  Es a los humildes que este banquero busca incorporar a su caudal político. Asegura que si lo votan pondrá fin al hambre de más de un millón de ecuatorianos y que subirá a 500 dólares el salario mínimo.

Yaku Pérez representa a los sectores indígenas y ecologistas del país.

Cuenta con la legitimidad de haber sido prefecto de Azuay, provincia ecuatoriana en la que el 90 % de la población es mestiza y el 5 % blanca. En su biografía de Twitter se caracteriza, en este orden, como kañari-kichwa, como músico, como defensor del agua, doctor en jurisprudencia, escritor, ex prefecto de Azuay, y candidato a la presidencia del Ecuador. Se llama Yaku Sacha porque renunció a su nombre de pila Carlos. Si Arauz está a favor del Estado rector, si Lasso se inclina por dar libertad al mercado, Pérez se ha pronunciado por la solidaridad y por el trueque. La suya es una plataforma con eje en los temas ambientales, en buscar mecanismos alternos de desarrollo económico que no sea la explotación del petróleo o la minería.  Aprueba los impuestos a las grandes fortunas y la salida de dólares del país, y es aun partidario del default de la deuda externa. Créditos blandos, emprendimientos colectivos textiles y agropecuarios, impulso y auxilios estatales a las trabajadoras y empresas propiedad de mujeres, combate al cambio climático y, por sobre todo, que el acceso al agua sea derecho humano básico, inalienable, y efectivo son algunos de los ítems a los que dota de un relieve más enfático su programa de acción comunitarista-ecologista-indigenista radical.

Básicamente de izquierda, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP-18) del que es candidato presidencial ha sido sin embargo opositor tenaz a Correa. Hasta tal punto, que en las elecciones presidenciales de 2017 Pérez dio su apoyo a Lasso contra Moreno: “Es preferible un banquero que una dictadura”, dijo. Es difícil que el líder indígena llegue a la segunda vuelta del 8 de abril. Pero, por su trayectoria política, no es en absoluto seguro que esta vez en el balotaje aliente a sus votantes a decidirse por Arauz.