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La ausencia de una política industrial

Milei acelera el fin de la “anomalía argentina”: crecen el agro y la minería mientras se achica la industria

FATE, una de las fábricas que este 2026 anunció su cierre definitivo.

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Durante décadas, Argentina se destacó como una economía anómala en América Latina. Mientras países vecinos exportaban cobre, petróleo o soja sin procesar, acá la matriz productiva se apoyaba también en obreros metalúrgicos y de la industria automotriz, junto a una clase media que traccionaba el mercado interno. Esa diferencia fue el resultado de una apuesta por la industrialización que el resto de la región, salvo Brasil, no hizo o no pudo. 

Esa condición está cambiando de manera acelerada con el modelo económico que propone Javier Milei. En enero, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció 1,9% interanual. El agro y la minería explicaron 1,7 puntos de ese alza. Del otro lado, la industria manufacturera y el comercio, dos sectores que se caracterizan por ser generadores de empleo, cayeron 2,6% y 3,2% interanual, respectivamente. 

El dato de enero confirma un patrón que se repite desde 2024: el fuerte crecimiento de sectores primarios vinculados a la extracción de recursos naturales, como el agro y la minería, convive con una caída o estancamiento de la industria, el comercio, la construcción. “Tres sectores”, señala el doctor en Ciencias Sociales e investigador del CONICET Martín Schorr en diálogo con elDiarioAR, “muy anclados en el mercado interno”. Su retracción es consistente con la pérdida de poder adquisitivo del salario.

El actual proceso de desindustrialización es aún más profundo que durante la dictadura militar.

Desde Epyca Consultores, el economista Martín Kalos grafica esta dinámica como un crecimiento en forma de K, con sectores extractivos y de servicios que crecen a la vez que la industria manufacturera y la construcción caen. “Tanto el crecimiento como la caída de la actividad entre los distintos sectores es mérito del gobierno”, asegura el informe.

2026: el año del cierre de empresas

La desindustrialización, según Schorr, tiene raíces en la última dictadura militar: “Después tenés dos o tres momentos en que el acelerador se pisa fuerte”. Para el investigador, el proceso actual se distingue de otros experimentos neoliberales por su velocidad: “La caída en la ocupación industrial y en la estructura empresarial es más acelerada que con Mauricio Macri, que en los 90 e incluso que en algunos pasajes de la dictadura”.

El diagnóstico es compartido por industriales consultados por este medio, que ya etiquetan a 2026 como el año del cierre de empresas, a un ritmo más vertiginoso del esperado.

Lo distintivo de esta etapa, frente a otros ciclos de apertura, es la combinación de factores: achicamiento del mercado interno por la caída de los salarios, apertura económica acelerada, aumento de los costos financieros y ausencia de política industrial.

El resultado es el cierre o la reconversión de empresas. Desde el inicio del actual gobierno, el universo de firmas se redujo en 22.608, un 4,4% del total. Según el Monitor mensual de empresas que consigna el think tank Fundar, es la peor caída en los primeros 25 meses de un gobierno desde 2003.

Y muchas de las que no cerraron, están cambiando de rol. El monto de importaciones de bienes de consumo es hoy el más alto de los últimos 30 años, según Schorr. Con una economía estancada y salarios deteriorados, eso revela una destrucción de capacidad instalada, con firmas que abandonan la producción industrial y se reconvierten en importadoras. 

Argentina, Evolución de las importaciones de bienes de consumo, 1991-2025 (millones de dólares)

“No creo tanto en el cierre de empresas como en la reformulación. Empresas que dejan de producir, que se orientan a importar, archivando expertise, conocimiento acumulado, inserción en mercados”, complementa Sergio Arelovich, miembro del Mirador de la Actualidad del Trabajo y Economía.

Sin embargo, el mismo Arelovich advierte que no conviene subestimar lo que queda en pie: “El tejido industrial en la Argentina sigue siendo muy importante, a pesar de los golpes recibidos”. Empresarios industriales consultados por este medio agregan otra dimensión al diagnóstico: la ausencia histórica de una política industrial sostenida. “Nunca hubo una estrategia clara de desarrollo industrial. Hubo momentos de crecimiento, pero no una política consistente”, resumen. 

Latinoamericanización

El patrón que describen estos datos tiene nombre: latinoamericanización. El tipo de país que emerge del otro lado del plan económico actual está alejado de la Argentina que se construyó durante décadas, con una industria que empleaba, una clase media que consumía, y una estructura que, con todos sus problemas, distribuía de manera más amplia su crecimiento, muchos años estancado.

“Gran parte de las producciones primarias de este poder económico transnacionalizado son para vender en el mercado mundial. Objetivamente no les importa que los salarios sean bajos, porque su rentabilidad está atada a la demanda mundial, no a la interna”, dice Schorr. Esta condición limita cualquier política redistributiva futura ya que, a diferencia de la industria orientada al consumo local donde salarios más altos implican más ventas y más producción, estos sectores pueden expandirse sin que mejore el ingreso de la población. 

Desde el inicio del actual gobierno, el universo de firmas se redujo en 22.608, un 4,4% del total.

Además, el aporte de estos sectores en términos de divisas es más limitado de lo que se supone. En un contexto de fuerte transnacionalización, buena parte de los dólares que generan se canaliza hacia el exterior en forma de utilidades, dividendos o pagos financieros. De esta manera, actividades que explican el crecimiento no necesariamente alivian e, incluso, pueden tensionar la restricción externa.

Finalmente, el mercado de trabajo exhibe un deterioro que toma forma de pluriempleo, informalidad y caída en la calidad del empleo. Los sectores que traccionan el crecimiento tienen una menor capacidad de generación de puestos de trabajo y no logran compensar la pérdida de empleo en la industria, el comercio y la construcción.

La pregunta que el modelo actual deja abierta, y que ningún indicador de crecimiento del agro o la minería responde, es quién va a emplear, quién va a consumir y quién va a disrtibuir en la Argentina que viene.

NR/MG

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