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ENTREVISTA

Daniel Filmus: “Ni las derechas más duras del mundo actúan así contra la ciencia”

Daniel Filmus, exministro de Ciencia y Tecnología. 

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Con una caída de los salarios de investigadores del 40%, laboratorios sin insumos y una inversión que va a tocar su piso histórico según el presupuesto 2026, el sistema científico argentino atraviesa una de las peores crisis de su historia. 

Para Daniel Filmus, el problema va más allá del clásico ajuste de los gobiernos de derecha. Responde a la convergencia de la lógica anarcocapitalista de dejar todo en manos del mercado, con un modelo económico primarizado que no demanda conocimiento y un clima oscurantista que desconfía de la ciencia. “La peor combinación posible”, resume el exministro de Ciencia y Tecnología. 

Querido por investigadores y añorado por docentes por su gestión en ambas carteras durante la gestión de Alberto Fernández y Néstor Kirchner, Filmus sigue activo como investigador y director del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia Tecnología e Innovación. En diálogo con elDiarioAR analiza los vaivenes de la política científica en los 40 años de democracia.

–¿Qué lectura general tiene acerca de lo que está pasando hoy con el ecosistema de Ciencia y Tecnología?

–Milei vino a romper el péndulo que hubo en los 40 años de democracia, con momentos de mayor y de menor apoyo a la ciencia. Desde el marco teórico de la escuela económica austriaca o el anarcocapitalismo, plantea que el Estado no tiene que financiar la ciencia. Lo cierto es que en distintos momentos de la historia argentina discutimos qué orientación debía tener la ciencia, con una intención más de ciencia básica o aplicada, pero nunca se discutió la esencia respecto de la ciencia. Incluso en las épocas de la dictadura militar hubo otra mirada, más vinculada a la ciencia y tecnología de la defensa. Lo que hay con Milei, a diferencia de todos los momentos anteriores, es un corte conceptual.

Incluso en las épocas de la dictadura militar hubo otra mirada, más vinculada a la ciencia y tecnología de la defensa. Lo que hay con Milei, a diferencia de todos los momentos anteriores, es un corte conceptual

–¿Cuál es la particularidad de esta época con respecto a anteriores desfinanciamientos?

–Lo más grave en el gobierno de Javier Milei, más allá de los datos concretos del ajuste, es la fusión de la mirada desde tres perspectivas distintas. Por un lado, el marco teórico de la escuela económica austriaca, que dice que la ciencia y la tecnología tiene que ser financiada desde el mercado o desde la filantropía. Si entra el Estado, textualmente dicen, la distorsiona porque ya no sigue la demanda del mercado. El segundo factor es la aplicación de un neoliberalismo muy radicalizado que alienta un modelo económico primarizado y de especulación financiera que no necesita ciencia, ni tecnología, ni agregado valor para la producción. Y esto se combina con un tercer elemento, que es muy original de la Argentina y no necesariamente pasa en las nuevas derechas en todos lados, que es un alianza con un tercer sector oscurantista, que niega la ciencia. Entonces tenés la peor combinación posible para la ciencia. 

"Milei vino a romper el péndulo que hubo en los 40 años de democracia, con momentos de mayor y de menor apoyo a la ciencia", dice Filmus.

–¿Y cómo son las derechas en el resto del mundo respecto a este tema?

–El sistema de ciencia y tecnología en Estados Unidos no se desarmó totalmente, aunque tiene un sesgo oscurantista en algunas áreas, sobre todo en las ligadas a la salud con su ministro antivacunas, no en las de las vinculadas a la producción. 

El otro día todos vimos un cohete (Artemis II) que salió a la Luna, que es de la NASA. Y la NASA es un organismo público, cuyos desarrollos derraman en el sector privado. Orban, otro líder de ultraderecha que acaba de perder en Hungría, continuó con la tradición científica del país, que es muy fuerte. Yo estuve el año pasado invitado justamente por el gobierno de Hungría a una reunión mundial de científicos que se hace de manera bianual y todos decían que, a pesar de ser ultra retrógrado, ha aportado al sistema científico. Bolsonaro mismo, cuando tuvo el gobierno en época de pandemia también con la mirada oscurantista, no abandonó la ciencia.

El otro día todos vimos un cohete (Artemis II) que salió a la Luna, que es de la NASA. Y la NASA es un organismo público, cuyos desarrollos derraman en el sector privado. Orban, otro líder de ultraderecha que acaba de perder en Hungría, continuó con la tradición científica del país, que es muy fuerte

–Los relatos de científicos migrando, o sin insumos recuerdan a años de crisis del país. ¿En cuánto se asemeja la situación actual a los 90 o a la dictadura?

–Nada es peor que la dictadura, porque en esa época hubo persecución directa, exilio forzado y desaparición de científicos. La comparación que hago es presupuestaria, no política ni represiva. Y en ese plano, los datos son elocuentes: incluso en los peores años, como la salida de la dictadura o la crisis de 2001, la inversión en Ciencia y Técnica se mantuvo cerca o por encima del 0,18%–0,20% del PBI. Lo que se proyecta ahora para 2026 es 0,14%, el nivel más bajo de toda la serie desde 1972. Es decir, el ajuste actual no solo es más profundo que el de los 90, sino que rompe el piso histórico incluso de momentos de colapso económico.Y, por otro lado, teniendo en cuenta esos guarismos, ¿qué sentido tiene hacer un ajuste? Bueno, para poner en juego una concepción.

–¿Puede funcionar en Argentina un ecosistema de CyT financiado estrictamente con el sector privado? 

–En el caso de Argentina, y de la mayor parte de los países de la región, la inversión privada es insignificante, concentrada en el área biomédica, principalmente los laboratorios. La inversión pública y privada de Argentina en Ciencia puede llegar al 0,6% del PBI en un buen momento, con la mayor parte como inversión pública. Hay otros países, como Israel o Corea, que tienen cinco puntos de inversion, traccionado por el sector privado. En Estados Unidos es similar. La relevancia del sector público en este área es que funciona para traccionar al sector privado, uno de los ejemplos más gráficos es la NASA, como te mencionaba anteriormente.Vos fíjate que Milei bajó la inversión pública en ciencia y tecnología y, automáticamente, cayó la inversión privada por primera vez en la historia.

Daniel Filmus durante una de las marchas contra la Ley Bases

–Hablando en sus propios términos, ¿es deficitaria o superavitaria la CyT?

–El sociólogo Enrique Oteiza fue de los primeros en cuantificar el costo de la fuga de cerebros. Él mostraba que cuando un país forma científicos, ingenieros o técnicos y después esos profesionales emigran, lo que está haciendo en los hechos es financiarle capital humano al resto del mundo. Es decir, una transferencia neta de recursos. Y al mismo tiempo, cuando el sistema funciona, genera exactamente lo contrario: ahorro de divisas y valor agregado. Un ejemplo concreto es el de las vacunas o desarrollos tecnológicos locales, que pueden evitar importaciones por cientos de millones de dólares al año.

–¿Cuál es el principal déficit histórico de nuestro sistema de CyT, y que hoy lo vuelve más vulnerable?

–La falta de articulación público-privada, e incluso en el mismo sistema. Es un problema que hay que resolver en una futura gestión. En mi último libro “Del péndulo al precipicio”, analizamos que, al tener Argentina históricamente políticas pendulares, el sistema de ciencia y tecnología y universitario se construyó en defensiva y con poca vinculación con el medio, con el proyecto estatal y con lo privado . Usamos la imagen del archipiélago, con organismos de ciencia y tecnología muchas veces muy desvinculados entre sí, que pertenecen a ministerios distintos con poca articulación en el trabajo conjunto.

Lo más grave que está ocurriendo hoy es el éxodo de los científicos. Los mejores científicos y los mejores tecnólogos, no solo del Conicet, se están yendo o se quieren ir y están buscando becas alternativas. Es difícil que vuelvan a Argentina, ya no más

—Usted también es investigador. ¿Cómo atraviesa personalmente este momento en la forma de trabajar?

–Hay que tener en cuenta un aspecto que para mí es paradójico. Milei critica principalmente las ciencias sociales, pero quienes más sufren el impacto de las políticas son los de las ciencias duras. Nosotros necesitamos menos equipamiento, insumos importados y edificios, para poder trabajar. La investigación social exige relativamente menos recursos. El salario está golpeado igual que cualquier otro, pero las posibilidades de investigación son peores para las ciencias más duras. Se paralizaron todas las obras, se estaban haciendo 100 obras hasta que asumió Milei.

–¿Cómo imagina el sistema científico en los próximos años? 

–Lo más grave que está ocurriendo hoy es el éxodo de los científicos. Los mejores científicos y los mejores tecnólogos, no solo del Conicet, se están yendo o se quieren ir y están buscando becas alternativas. Es difícil que vuelvan a Argentina, ya no más. Nosotros habíamos llevado adelante un programa llamado el Programa Raíz, una ley que este gobierno está incumpliendo y había permitido la recuperación de casi 1700 científicos al país. Pero ¿cuántas veces lo vas a hacer en tu vida? En ciertos campos del conocimiento, como la inteligencia artificial, el conocimiento se renueva cada meses, días, horas. Si los científicos no pueden estar en contacto con la bibliografía porque se cayeron todas las suscripciones, vamos a quedar afuera de la carrera. Que te podes recuperar, claro que sí. Lo hemos hecho.Tenemos una capacidad de resiliencia enorme, pero es difícil. 

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