Feminista berreta, a mucha honra
Justo después de esa jactancia de Bullrich plagada de inexactitudes –(“Mejor que llenar el Estado de estructuras multimillonarias es tener la decisión de proteger a las mujeres” –¡!–; “No es politiquería barata de feminismo berreta”; “Es Ley y Orden”) se conocen casi en continuado tres asesinatos de mujeres que resulta imposible no tipificar como femicidios: según la Ley 26791 se incorpora al Código Penal (artículo 80, inciso 11) el femicidio como un agravante al típico penal básico del homicidio. “Tiene como objetivo elevar la pena para aquellas muertes causadas a mujeres por una persona con la cual ha mantenido una relación sin necesidad de que hubiese convivencia; y/o debido a su género, orientación sexual, identidad de género o su expresión”. Se añade que el juez o la jueza no podrán disminuir la pena de reclusión perpetua si previamente hubo violencia contra la mujer víctima. La ley sancionada en 2012 rige para mujeres, travestis/trans o identidades feminizadas por razones de género.
Como a esta altura es muy sabido por la difusión masiva y obsesivamente reiterativa del periodismo en general –por muchos momentos, obscena–, figura en primer término, asimismo por sus características tremendamente vituperables, el secuestro mediante engaño, la violación, el estrangulamiento y posterior descuartizamiento de la adolescente (ni “chiquita” ni “nenita”, a ver si dejamos de cargar las tintas con un embuste) Agostina Vega, de 14.
Pero, aunque se les dio muchísimo menos espacio, no se pueden dejar de mencionar, con dolor e indignación, los femicidios de Dulce Candia en Misiones, otra adolescente (17) violada y ahorcada en una obra en construcción, cuyo cadáver fue encontrado días después, ya en estado de descomposición (al día de hoy, la policía local dice que tiene esclarecido el caso: sería un remisero de 47 años). Y de Noelia Carolina Romero (30), muerta a puñaladas en la espalda y tórax por Tomás Adrián Núñez, motivado por celos, quien se autoinfligió heridas acaso para simular que hubo un enfrentamiento físico previo. La víctima había llamado previamente al 911 pidiendo ayuda –“Mi novio me tiene secuestrada”-, pero la policía llegó tarde, de modo que incautó el cuchillo de cocina y se llevó detenido al asesino.
En el caso de Agostina, se demoró mucho –cuatro días– en darse el Alerta Sofía, recurso de emergencia rápida para coordinar la urgente búsqueda y localización de menores y de adolescentes desaparecidos/as cuyas vidas se consideran en alto riesgo inminente, mediante el trabajo articulado entre entidades del sector público y del privado, los medios de comunicación y el sector civil. Dicho Alerta, lanzado a tiempo, al menos habría evitado el descuartizamiento del cuerpo de la adolescente, que sus restos fueran tirados lejos, como basura. Y hubiera favorecido que el asesino, con antecedentes de violencia como tantos otros femicidas, fuera aprehendido inmediatamente de hecha la denuncia por su madre, quien además tardó en ser atendida por la policía.
Mujeres mejorando el mundo
Estos tres infames crímenes ocurrieron en pocos días, y quizás hubo otros que no llegaron a conocerse, incluso indirectos. Como sería el caso de los suicidios de mujeres desesperadas por los golpes y amenazas que caen en depresión profunda. Mujeres, en fin, que están bajo “la Ley el Orden”, bajo la supuesta decisión de “proteger a las mujeres”, y no gracias al activismo que se viene ejerciendo desde el siglo XX, particularmente en sus últimas 3 décadas por parte de periodistas, políticas, abogadas, psicólogas, escritoras, cineastas famosas como María Luisa Bemberg que, desde sus lugares y en su escala defendían los derechos de las mujeres y denunciaban la violencia doméstica, censuraban el hecho de llamar, con un toque de lamentable romanticismo, “crimen pasional” a los episodios de sangre que hoy se denominan femicidio.
Sucedía en Lugar de Mujer, en el Centro de Estudios de la Mujer, en medios como los diarios Tiempo Argentino (el original), Sur, La Prensa…; en revistas femeninas como Claudia y Vosotras donde la violación, el derecho al aborto, la custodia compartida de los hijos, el ciclo de la violencia hacia la mujer, fueron tratados. Ese feminismo local que tuvo precursoras de la talla de Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Victoria Ocampo, Florentina Gómez Miranda y tantas otras que hicieron su valioso aporte en la lucha por la igualdad ante la ley, por el llamado voto femenino conquistado recién a mediados del XX.
Entonces, hace 100 años, la –por el momento– senadora PB no habría podido ni en sueños llegar a un alto cargo público, le hubiera costado mucho cursar una carrera universitaria. Y para empezar por el principio, no habría podido votar en elecciones libres.
Chicas del palo, tomémoslo en serio por el daño que nos hacen a las mujeres las senadoras Bullrich, Losada (con su proyecto de ley por denuncias falsas, ¡por favor!); la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, que tiene un problema serio para pronunciar la palabra femicida
La cronista arriba firmante no sabe bien si es una parte o todo el accionar feminista lo que Bullrich considera politiquería, berreta. Pero sí, chicas del palo, tomémoslo en serio por el daño que nos hacen a las mujeres las senadoras Bullrich, Losada (con su proyecto de ley por denuncias falsas, ¡por favor!); la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, que tiene un problema serio para pronunciar la palabra femicida, incluso cuando ya hay un dictamen de la Justicia. Y un poco adoptémoslo a la chacota porque la ignorancia y el desagradecimiento relativos al feminismo que les abrió las puertas a estas señoras renegadas, merecen que, con humor y devolviendo la fina atención, las que así lo deseemos nos llamemos berretas. Orgullosas de nuestro feminismo que ha generado –y lo seguirá haciendo– tantas transformaciones significativas que tienen implicaciones en todos los niveles de la existencia humana.
Ese feminismo que, como escribió la gran referente española Celia Amorós, se comprometió en el proceso de emancipación de las mujeres que tiene raíces comunes con el proceso de descolonización, justamente en la Ilustración europea, que sentó las bases críticas para que tanto el sometimiento de ellas como el subyugamiento y la explotación de continentes enteros, fueran impugnados. Olympe de Gouges, que escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer en 1789 (y le costó literalmente la cabeza en la guillotina) deploraba a la vez la situación de esclavitud en la que se veían sometidas las personas de otro color que el blanco en varias islas. En Estados Unidos, el sufragismo y el abolicionismo surgieron íntimamente unidos.
Ya que estamos, ¿quién se acuerda de los rugbiers galos denunciados?
En julio de 2024, en la ciudad de Mendoza, los jugadores de rugby franceses Hugo Avradou y Oscar Jégou fueron denunciados por una mujer de 39 años (a quien llamaremos, a su pedido, María) de haberla violado reiteradamente en forma sumamente violenta. La noticia se publicó con lujo de detalles en nuestro país, los jugadores estuvieron detenidos, fueron rápidamente defendidos por Rafael Cúneo Libarona, hermano del entonces ministro de Seguridad, Mariano CL (que duró en ese cargo hasta marzo de 2026), y al cabo de unos meses, fueron sobreseídos y marcharon a Francia. Y nunca más se volvió a hablar del tema, salvo alguna protesta de la valiente abogada defensora de la denunciante.
En agosto de ese año, el diario Le Monde apuntaba que “el escalofriante relato ofrecido por la argentina ha conmocionado al mundo del rugby. En un documento judicial al que tuvo acceso Associated Press, el fiscal adjunto Gonzalo Nazar afirmó que la gravedad de los presuntos delitos justificaba inicialmente la prisión preventiva”. Sin embargo, el susodicho Nazar cambió de opinión y para justificar la liberación de los acusados (que igualmente debieron permanecer en el país unos meses) alegó “contradicciones notables, inconsistencias, zonas grises e incluso explicaciones insignificantes en el testimonio de la mujer”. Una conversación telefónica con una amiga en la que hizo un chiste de humor negro sobre el episodio fue usado en contra de la denunciante, mientras que los jugadores insistieron en que las relaciones sexuales habían sido consensuadas.
La denunciante declaró que HA y OJ la llevaron al hotel 5 estrellas de la ciudad de Mendoza y la sometieron a actos sexuales violentos y no consentidos, impidiéndole salir de la habitación. Su abogada Natacha Romano afirmó que su defendida posteriormente, por diversas lesiones -entre las cuales una ulceración sangrante- y por el estado de shock y estrés postraumático, debió recibir tratamiento médico. El periodismo, que estuvo tan perseguidor con el caso Agostina, se desentendió del destino de María que, “abandonada por la Justicia”, como declaró, hizo un intento de suicidio. La abogada Romano prometió, llegar a instancias más altas, pero evidentemente debió desistir. La Justicia de Mendoza dictaminó que ningún crimen se había cometido. Los muchachos se fueron y siguieron jugando, aunque algunos puntos de la normativa de los viajes fueron modificados en Francia.
Según una nota publicada en Buenos Aires Times, la doctora Romano declaró posteriormente: “Teníamos pruebas pendientes cuya presentación incluso se había ordenado, pero sorprendentemente el fiscal no quiso verlas”. Dichas pruebas se relacionaban con el origen de los hematomas de la demandante que los atribuyó a la paliza recibida en el contexto de la violación. Según Romano, “la prueba fundamental fue el testimonio del hematólogo quien firmó un informe que descartaba que ella sufriese dolencia alguna que justificara esas lesiones, que suman 15. La jueza restó importancia a dicho informe, la demandante pidió recusación. La jueza fue confirmada por el sistema judicial. También hubo negativa a realizar inspección visual de la habitación donde tuvieron lugar los hechos denunciados, ni se realizó la prueba acústica pedida”.
Esos hechos tuvieron lugar la noche del 5 al 6 de julio de 2023. Cinco días después, en un acierto periodístico, Fernando Bravo entrevistó en su programa de radio Continental al abogado defensor de los rugbiers, Rafael Cúneo Libarona, con importante participación de Silvina Quintans, abogada, periodista especializada en temas de género. En el link pueden escuchar la elocuente entrevista donde, a los pocos días, el defensor de los jugadores revela como “primicia” que tiene 20 pruebas contundentes, 6 testigos y asegura que quiere “proteger a la mujer”. Una de esas pruebas: que los vecinos de la habitación no oyeron nada pese a que las paredes –del hotel 5 estrellas– son de Durlock y se escucha todo. Lo único que no aclara el doctor RCL es qué motivación llevaría a una mujer de 39 –20 años mayor que los chicos, como puntualiza en algún momento– a moretonearse el cuerpo para hacer una denuncia que la conduciría a un proceso arduo y muy penoso.
MS/MG
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