Quién es Geraldo Alckmin, la nueva estrella electoral de Brasil

Lula y Geraldo Alckmin, una fórmula para derrotar a Bolsonaro en Brasil.

Eleonora Gosman

San Pablo —

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¿Quién es Geraldo Alckmin, la nueva estrella electoral de Brasil? Este médico socialdemócrata, seguidos y que posee un perfil ideológico de centroderecha, deberá ser quien acompañe al ex presidente Lula da Silva como vicepresidente, si es que esa fórmula presidencial resulta victoriosa en los comicios de octubre de este año. Lo cierto es que su nombre está hoy en boca del mundo político, tal vez no tanto por la figura en sí como por lo que representa: es la clave de la alianza que el líder del Partido de los Trabajadores busca construir con el Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), un adversario tradicional desde 1995. 

Alckmin pertenecía, hasta ahora, a la casta política de esa agrupación, que fundó y dirigió durante décadas Fernando Henrique Cardoso. Y su inclusión como vice fue resultado de un acuerdo previo de Lula con el sociólogo y ex presidente brasileño, celebrado en una reunión entre ambos en mayo de 2021. Entonces coincidieron que para derrotar a Jair Bolsonaro, quien aún aspira a conseguir un segundo mandato, deberían unir fuerzas. Aquel proyecto se materializó precisamente en la figura del ex gobernador paulista.

Todo esto, desde luego, viene atado a una comprobación: si las elecciones presidenciales fueran hoy, Lula tendría 42% de los votos; Bolsonaro aparece en segundo lugar con 28% y en el tercer puesto, aunque lejos, surge el ex juez del Lava Jato Sergio Moro, con 8%. De hecho, las encuestas indican que el líder del PT podría ganar en la primera vuelta, ya que su caudal de votantes equivale prácticamente a la suma de las adhesiones conseguidas por el conjunto de sus oponentes. Así lo indica un estudio realizado por la consultora Poder Data entre el 16 y 18 de enero últimos.

Con semejante cuantía de adherentes, que son propios y no del PT, al ex presidente Lula no le haría falta mostrarse junto a Alckmin. Esta es la crítica principal al carismático político que surge desde la izquierda.

Sin embargo, Lula tiene otra dimensión de las dificultades que se presentan a futuro: “No soy candidatos para ser protagonista, los soy para ganar las elecciones en un momento en que Brasil está infinitamente peor que en 2003, cuando asumí la presidencia (por primera vez)”. El dirigente, que estuvo preso durante un año y medio por cuenta de los procesos manejados por el inefable ex juez Moro, explicó: “Ganar las elecciones es más fácil que gobernar, pues gobernar significa una gran capacidad para hablar con todo el mundo. Es por eso que precisamos hacer alianzas”.

Gobernabilidad

Y en ese contexto que defendió a su futuro acompañante: “Uno ve que todo el mundo quiere dar su opinión sobre Alckmin y yo” y, luego, añadió que su asociación con el ex gobernador paulista tiene que ver con la gobernabilidad. Admitió también que entre ambos existen enfoques distintos : “Sí tenemos divergencias y por eso pertenecemos a partidos diferentes, pero eso no impide dejar de lado las diferencias y darle valor a las convergencias como forma de asegurar la gobernabilidad”.

La “gobernabilidad” pasó a ser, en verdad, la mayor preocupación del ex presidente. Sabe que heredará un Brasil abrumado por la pandemia, pero también por los años de caída del Producto Bruto Interno desde 2015 en adelante. Así se lo confesó a Aloysio Nunes Ferreira, uno de los númenes de la socialdemocracia en una reunión que mantuvieron el viernes. “Él evaluó que encontrará un país en malas condiciones, mucho peor que el heredado de Fernando Henrique Cardoso (en 2003)”. Nunes Ferreira apoyó en su momento el impeachment que destituyó a Dilma Rousseff e, incluso, fue canciller durante los dos años siguientes en que gobernó el ex vicepresidente Michel Temer. Pero admite que la situación de estos días exige una perspectiva diferente. “Confirmé ante Lula mi apoyo a su sociedad con Alckmin. El PT y el PSDB son ambos de la socialdemocracia. Uno está más a la izquierda; pero el PT no es revolucionario, es un partido reformista; y el PSDB también es reformista”. Reconoció que en al ascender Temer al poder, en 2016, los socialdemócratas de Cardoso adoptaron “una posición muy anti petista, que estrechó nuestro horizonte. Pero no podemos olvidar que ambas organizaciones fueron responsables de los éxitos en todos los gobiernos que ocupamos. Son dos vertientes de la política democrática”.

Desde luego, el PSDB ofrece candidato propio: es el actual gobernador de San Pablo Joao Doria. Fue consagrado para las presidenciales en noviembre último, luego de una suerte de comicios primarios realizados por la organización. Ocurre que la “vieja guardia” del partido no oculta su desencanto con el político, que no logra superar 3% de popularidad. Considerado como una eventual tercera vía, entre Bolsonaro y Lula, no logró hasta ahora levantar vuelo y, en ese sentido, la postulación vicepresidencial de Alckmin no hace más que empeorar su futuro electoral.

Quién se ofrece como una alternativa posible, con más chances de prosperar, es Sergio Moro quien se desempeño como ministro de Justica del gobierno bolsonarista. El 8% de los sufragios, marcados por las encuestas, le darían más esperanzas que a aquellos otros que compiten en el mismo espacio.

Además del paulista Doria está, también, Ciro Gomes, un centrista con barniz de izquierda que profesa una aguda antipatía contra Lula. Moro, el magistrado que montó en Curitiba un equipo de fiscales obsesionados por condenar al ex presidente, está afiliado a Podemos y admitió ayer en una entrevista que busca la unión con otros tres partidos; estos serían la Unión Brasil, Partido Novo y Ciudadanía. Claro que ninguno pretende definirse antes de ver si la candidatura del ex juez logra o no, una mejora sustancial en las encuestas.

¿Qué perspectivas tiene Bolsonaro para conseguir colocarse, finalmente, como el gran contendiente de Lula y, desde es posición, asegurarse su participación en la segunda vuelta? Hay algo recurrente en el jefe de Estado y es su permanente alusión a amenazas golpistas, en función de un triunfo lulista que para él sería sinónimo de fraude. El presidente mantiene una base electoral estable del 20%, que ni Moro, ni Gomes ni Doria, han conseguido quitarle. Se basa, desde luego, en un factor determinante y es que desde el Palacio del Planalto tiene la chance de tomar medidas populistas que incrementen su potencial. De hecho, hay algunas que ya están en marcha y apuntan al electorado más castigado por la pandemia: es el subsidio bautizado Auxilio Brasil, que transfiere 400 reales (70 dólares) a los más pobres. Esa masa de dinero que ya puso en circulación tuvo un primer impacto en un ligero aumento de la industria. Ese será su gran estandarte, ya que a diferencia de Moro no puede referirse a la “corrupción” del PT y su líder. Es que los hijos de Bolsonaro enfrentan procesos judiciales por dineros públicos indebidamente apropiados , que comprometen incluso a su ex mujer. Las propias encuestas dan cuenta de la pérdida de posiciones del mandatario, que no logra superar el 28% y, peor aún, perdería con todos los contendientes en la segunda vuelta.

 

EG/WC

 

 

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