Un plan a 10 años para regenerar el país

Andy Burnham asume el cargo de primer ministro de Reino Unido, el séptimo en una década

María Ramírez

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Y la escena se volvió a repetir. Un primer ministro británico se va de Downing Street antes de tiempo. Otro entra con promesas de cambio. El podio sale, el podio entra. El gato se da una vuelta.

Andy Burnham se convirtió este lunes en la séptima persona en ocupar el puesto al frente del Gobierno británico desde 2016. El nuevo líder laborista promete que su plan para regenerar el país es a 10 años, casi las mismas palabras que utilizó hace unas semanas el dimitido Keir Starmer.

“Sé que la gente está harta de la política... Seré sincero con vosotros, no lo hemos hecho bien. Tenemos que hacerlo mejor. Lo haremos”, dijo Burnham en su primer discurso como primer ministro mientras sonaba el himno de la UE en la calle, en recordatorio del Brexit. Un grupo se manifestaba también contra sus planes para acelerar las perforaciones petrolíferas en el mar del Norte.

En sus primeras palabras como primer ministro, prometió “acabar” con la pobreza extrema que lleva a las personas a dormir en la calle, igual que hizo al llegar a la alcaldía de Mánchester, en 2017. Burnham consiguió reducir el número de personas sin techo en sus primeros años en el cargo, pero la cifra ahora está casi al mismo nivel que cuando llegó.

El adiós de Starmer

Dos años después de su victoria histórica en las elecciones generales después de 14 años de gobiernos conservadores, Starmer se despidió de sus conciudadanos en medio del descontento que forzó su dimisión, pero intentó reivindicar su legado.

En un breve discurso delante de la residencia oficial, aseguró estar orgulloso de que el país sea “más fuerte y más justo” que en 2024, mencionó a la “gente valiente de Ucrania” y ofreció su “pleno apoyo” a su sucesor. Starmer, rodeado de ministros, funcionarios, empleados y sus familiares, dio las gracias a todo el equipo. “Por mucho que haya tanto foco en los individuos, gobernar es un deporte de equipo”, dijo.

Con su dimisión formal ante el rey Carlos III, da paso a su colega de partido y antiguo aliado.

Después de darse el mismo paseo al Palacio de Buckingham, Burnham entró a primera hora de la tarde en el 10 de Downing Street, dio un discurso delante de la puerta y se puso manos a la obra, a nombrar a los miembros del nuevo Gobierno.

Sin triunfalismo

Burnham llegó a Downing Street entre aplausos y vítores después de ser elegido en unas primarias exprés del Partido Laborista en el que no tuvo rivales y apenas dio entrevistas.

Él insiste en que no es momento para triunfalismos y en que es consciente de las dificultades del país, tocado por las crisis más que otros países en Europa, con ciudades destartaladas, desigual y más aislado después del Brexit. Según el mensaje transmitido a la prensa por su equipo, el exalcalde de Mánchester es “plenamente consciente” de que es la séptima persona al frente del país en una década y también de que la paciencia de los ciudadanos con sus políticos es cada vez más escasa.

Burnham promete hacer pronto anuncios que ayuden a los británicos con sus facturas, especialmente la de la luz, ligada al gas y disparada desde la invasión rusa de Ucrania. Su primer mensaje es que dará “un respiro” a los hogares británicos con ayudas para afrontar los costes del día a día. Una de las maneras de hacerlo, según el plan que ha avanzado su equipo, es permitiendo más extracción de petróleo y gas en el mar del Norte. Este plan contrasta con las políticas del Gobierno de Starmer, que había puesto en marcha un proyecto público centrado en la energía renovable.

Nada más llegar al cargo, Burnham tuvo su primera protesta, una concentración con las perforaciones petrolíferas del mar del Norte.

Los planes a medio y largo plazo, igual que los del Gobierno de Starmer, se centrarán en la nacionalización de servicios públicos privatizados y la construcción de vivienda. En su primer discurso como líder del Partido Laborista este viernes, Burnham dijo que revertirá el neoliberalismo de Margaret Thatcher que ha perdurado en los últimos 40 años, en referencia a la centralización del poder político y a la privatización de servicios.

En cuanto a los servicios públicos privatizados, más allá del proyecto de nacionalización de trenes ya en marcha, Burnham espera asumir el control de Thames Water, la empresa de gestión del agua de la cuenca del Támesis al borde de la quiebra.