Una manera espectacular de manifestar el descontento

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En agosto de 2023 elDiarioAR me ofreció escribir una columna quincenal. Si bien estaba acostumbrada a dar notas (ahí era que iban a parar mis opiniones), nunca me había imaginado tener una columna regular en un diario. Me pregunté a quién le podría interesar leer mi punto de vista y, aunque algo extrañada, acepté probar.  

Pensé en hablarle a mi comunidad, la comunidad trans, y a la LGTBIQ+ en general. También hablarle a la sociedad sobre nosotrxs. La intención de mi participación en el diario era poder traer la voz de nuestras luchas, hablar sobre temáticas que nos atravesaran. Por ejemplo, nuestra necesidad de recibir una Reparación Histórica, la visibilización de la Marcha del Orgullo y también su historia, el trabajo que realizo junto a mis compañerxs en el Archivo de la Memoria Trans, entre otros.

Ahora bien, últimamente, si sigo el ritmo del sentir social en la Argentina, me encuentro opinando inevitablemente sobre la situación política del país. Siempre, claro, desde mi punto de vista trans, pero con respecto a temáticas que nos interpelan de un modo mucho más global. Hoy me toca dar luz a una problemática que me llega de cerca: la quita de derechos al sector de la Cultura. Quien nos gobierna actualmente no solo avanzó hacia la destrucción del Ministerio de la Mujer y otros organismos representantes de sectores minoritarios y vulnerables, sino que la disolución se extiende, y mucho, también hacia otras áreas. Con el arrasamiento a la Cultura están en peligro los museos, los teatros, el cine, la música, los festivales interdisciplinarios, y tantas otras expresiones artísticas que nos marcan y nos representan como sociedad. La importancia y la trayectoria de la cultura argentina son indiscutibles.

El pasado 10 de enero se llevó a cabo un cacerolazo cultural que movilizó a muchísima gente a lo largo de todo el país. En lo personal, adhiero por completo a la toma de acción. La cultura despertó y movilizó a las personas, que se organizaron incluso antes que cualquier partido político opositor. Observo, entonces, que la propia manifestación es, si no un arte, un movimiento cultural importantísimo en nuestro país: es nuestra manera espectacular de manifestar el descontento, la indignación y la lucha, así como de enmarcar nuestros festejos y la celebración de nuestros logros. 

Estamos recién en el inicio. Ya no se trata simplemente de estar alerta, sino de estar en pie de guerra. La desfinanciación a la cultura y la privatización en general son solo una parte de este modelo, expresado ferozmente en un DNU agresivo, provocador y apresurado. Ya lo dijo en los 90 Alfonsín: no solo vinieron por las joyas de la abuela, sino que la quieren vender a la abuela también.

MBC/SN/DTC