Panorama Político
Usinas estatales y complicidades corporativas detrás del millón de Cerimedo
Fernando Cerimedo, el “estratega” de la ultraderecha continental, declaró el jueves ante autoridades judiciales bolivianas que tuvo ingresos mensuales de US$1 millón en 2025 y lo que va de 2026. Anoche se corrigió en un mensaje emitido desde la cárcel de Palmasola y afirmó recibir US$1 millón por año. Tan sórdidos son el personaje y el ambiente en que se mueve, que hay que tomar esa cifra como un piso. “Fer”, como lo llamaban sus amigotes de las Fuerzas del Cielo hasta que cayó en desgracia, acumulaba para su billetera y la de otros, bajo la premisa “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”.
Ese piso de US$1 millón anual o mensual abre hipótesis sobre el origen, porque Cerimedo necesita justificar un cúmulo de títulos de propiedades y dinero en efectivo que los tribunales de Bolivia detectaron en una investigación por enriquecimiento ilícito, paralela a la del intento de homicidio de la abogada Nadia Beller. Anoche sumó su segunda prisión preventiva por seis meses.
Una alternativa que manejan personas que conocen en detalle las correrías del estratega es que ese alto monto de facturación por sus “negocios en Argentina y Estados Unidos” —declaró no tener ingresos relevantes en Bolivia— es una forma de justificar desfalcos acumulados en apenas diez meses de gobierno del derechista Rodrigo Paz en Bolivia. Cerimedo ocupaba una oficina contigua a la del Presidente en el Palacio Quemado. Para graficar su influencia, se explicaba a sí mismo —contó un testigo— como “el Karina Milei de Rodrigo Paz”.
La identificación con la hermana presidencial puede ser entendida como su altísima influencia política o su papel de presunta recaudadora de un 3% adicional en coimas revelados en los audios de Diego Spagnuolo, el extitular de la Agencia de Discapacidad (ANDIS) y confidente de Cerimedo.
Aquella vinculación con Spagnuolo y la aceleración de la denuncia contra “los Menem” (Martín y Eduardo “Lule”) como supuestos titiriteros de “los delincuentes” que pusieron a “robar” en ANDIS, en el marco de una feroz disputa con Santiago Caputo por la caja del organismo, fue usada en la semana que para deslindar responsabilidades. “Cerimedo es de Santiago, hay que preguntarle a él”, dijo un funcionario que responde al ala del titular de la Cámara de Diputados, su primo Lule y Karina.
La segunda hipótesis —más plausible, pero no excluyente de la primera— es que el aumento exponencial de la facturación de Cerimedo obedezca a una trama de ultraderecha continental, que trasiega fondos de fondos de país en país, de cripto en cripto, con origen en usinas trumpistas, presupuestos gubernamentales y/o redes delictivas.
El rubro en el que Cerimedo dijo desempeñarse es la “comunicación digital”, caja negra por excelencia de la política en el siglo XXI. ¿Cuánto vale el consejo para redactar posteos de X y videítos de Tik Tok? ¿Se cobra por likes y views, o por la capacidad de generar reacciones de bots que inflan al infinito esos likes y views? ¿Tienen precio las irrupciones en el debate, en nombre propio o de burócratas del posteo, que en el caso de un Cerimedo, un JuanDoe (el secretario con despacho en Casa Rosada Juan Pablo Carreira), un Agustín Laje, un Daniel Parisini o un Javier Milei, están asociadas por regla a la violencia y el insulto? Más “domadas” vejatorias, ¿más se incrementan los fajos de dólares?
La turbiedad de la batalla cultural emprendida desde la “comunicación digital” es obvia, pero la mano estatal se puede ver.
Desde el corazón del Estado
La política utiliza a los trolls en un arco amplio, pero desde tiempos de Mauricio Macri en el gobierno se sabe que esa intervención de apariencia silvestre se apoya en estructuras estatales para su funcionamiento y financiamiento. La huella del macrismo en el mileísmo —a esta altura institucionalizada— se constata también en que la agitación digital contra el Estado encuentra trincheras para disparar en un set de contratos públicos, sea en la ANSES, el Congreso o una oficina que depende de Marcos Peña, Santiago Caputo o Manuel Adorni. Furia antiestatal desde el corazón de Estado que germinó con Cambiemos y se potenció con La Libertad Avanza.
El diario madrileño El País investigó al español Javier Negre, el socio de Cerimedo y comprador de la presunta porción de Carreira en La Derecha Diario. Con el título “La multinacional del bulo”, siguió la ruta de este ultra que recorre América, España e Israel con la causa de “derrotar al comunismo”. Forman parte del menú del éxito de Negre una dosis de megalomanía, olfato oportunista, ausencia de escrúpulos —fue condenado en España por fraguar una entrevista con una víctima de un femicida, a la que coaccionó— y métodos terrenales con apariencia de extorsión pura y dura.
En su etapa primaria, la especialidad de Negre fue meterse en los intersticios de alcaldías y gobiernos regionales del derechista Partido Popular (PP), donde era bien recibido por su chispa en las redes para azuzar a la izquierda, según relata el libro Dentro de la fachosfera, de Josué Cárdenas. Un periodista que trabajó para Negre, Borja Jiménez, grabó un pedido de su jefe para que consiguiera “15.000 pavetes (euros)” de cada alcalde del PP. “Si no nos apoyan, les montamos plataformas. Y que nos coman la polla”, ordenó un procaz Negre. Nada muy distinto a los presentadores de la tele vernácula que gradúan sus indignaciones con tal o cual intendente en función de lo recaudado.
El salto en facturación e influencia del español —quien no respondió una consulta de este diario— se dio cuando aterrizó en Buenos Aires en agosto de 2024 y compró el 50% de La Derecha Diario, para quedar como coequiper de Cerimedo. La administración Milei le abrió las puertas de Casa Rosada para alborotar la sala de periodistas y algo más. Negre comenzó a tratar con familiaridad a personalidades tan prominentes del mundo empresarial como Bettina Bulgheroni. YPF y los gobiernos de Córdoba, Rosario, Catamarca y Tucumán fueron algunos de los aliados del Soez que se tentaron con poner publicidad en La Derecha Diario o usar sus servicios de “estrategia digital”, pero la clientela de Negre y Cerimedo no se limita a ellos. Acérrimo anticomunista y antiperonista, Cerimedo siempre se vanaglorió de trabajar para gobiernos de todas las tendencias, y hay indicios para creerle.
Del chiquitaje al trumpismo continental
El dúo de La Derecha Diario —Negre dijo que Cerimedo le vendió su parte antes de ser detenido en Santa Cruz de la Sierra— está a la caza de negocios donde sea.
Rolando Rozenblum, el empresario de la construcción y los sistemas de seguridad que contrató a Adorni y Javier Milei para visitar Punta del Este, contó con los servicios de Negre y Cerimedo en 2025. En un intento de Rozenblum por ganar la alcaldía de Punta del Este, La Derecha Diario lo presentó como “un outsider” inspirado en Milei, a la vez que organizó un bombardeo cotidiano contra su rival en el Partido Nacional, Javier Carballal, a quien acusó de “antisemita”. La campaña fue desembozada, con la participación de una cronista con un micrófono del medio de Negre y Cerimedo, aunque Rozenblum dijo a este diario que no pagó por esos servicios. También negó haberle abonado a Adorni para que cenara en su departamento de la Trump Tower de Punta del Este con una docena de empresarios argentinos y uruguayos, en una noche del pasado Carnaval. Tampoco —dijo— costeó los US9.000 del avión privado en que se trasladó el entonces jefe de Gabinete con su familia.
La cosecha en internas municipales de los partidos de derecha y ultraderecha en España y América es chiquitaje para la facturación de la multinacional del bulo. Para llegar al USD1 millón por mes que declaró Cerimedo o los varios millones que sugiere el escándalo desatado por contrataciones en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia y Honduras, hace falta bastante más.
Una pista la dio el narcotraficante y expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, indultado por Donald Trump en diciembre pasado. En diálogo en enero de este año con la nueva vicepresidenta de Honduras, María Antonieta Mejía, el condenado por narco informó que el gobierno de Milei se había comprometido a entregar US$350.000 para montar una usina mediática contra la izquierda latinoamericana. Hernández negó la veracidad de los audios difundidos por el español Canal Red.
'Si no ayudamos a gobernar a nuestros candidatos, para que nunca más la izquierda vuelva, nuestro trabajo no va a estar terminado', se vendió Cerimedo
La secuencia invita a atar cabos. Los días posteriores a las elecciones en Honduras del 30 de noviembre de 2025, en medio de un ajustadísimo escrutinio, Cerimedo fue la voz cantante de quien resultaría electo presidente, Nasry Asfura, a quien Hernández trata como un empleado. Horas antes de las elecciones, el exmandatario salió en libertad de una prisión en Virginia, EE.UU., gracias al indulto de Trump. En enero, Hernández se entusiasmó con el aporte de cientos de miles de dólares de Milei para erosionar a los gobiernos “izquierdistas” de Brasil, Colombia y México, y La Derecha Diario se volcó a esa tarea, generando la reacción de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. El 10 de febrero, Cerimedo recibió el premio al “consultor hispánico del año” de manos del brasileño Eduardo Bolsonaro en una velada en Mar-a-Lago, el condominio de Trump en Florida, Estados Unidos. “Fer”, el estratega argentino, le agradeció a Brad Parscale, artífice digital del mandatario estadounidense, por “llevar a cabo la lucha en América Latina contra el socialismo”. “Con nuestro equipo ganamos dos elecciones este año”: Honduras y Bolivia (un consultor argentino que participó de la campaña de Asfura redujo la participación de Cerimedo a activismo y vocería política, sin rol estratégico). “Si no ayudamos a gobernar a nuestros candidatos, para que nunca más la izquierda vuelva, nuestro trabajo no va a estar terminado”, se vendió Cerimedo. La Derecha Diario celebró el logro como propio. A esa altura, “el Karina Milei de Rodrigo Paz” ya reinaba en la capital boliviana. El atribulado Paz admitió días atrás que el argentino le fue presentado cuando inesperadamente quedó como favorito de cara al ballottage.
De Carajo a La Nación
Ante un gobierno de los Hermanos Milei, tan atravesado por arribistas que arman negocios a las puertas del despacho presidencial y con tribunales federales de Comodoro Py de brazos caídos para investigar las sospechas de corrupción, desde la criptoestafa $LIBRA a las coimas de ANDIS, los indicios, por más sugerentes que sean, no se transforman en procesos o sentencias. Las decenas de magistrados federales aprobados en meses recientes por el Senado, la gran mayoría de ellos con anuencia de las bancadas mileístas y kirchnersitas, anticipan el destino de parálisis para esas causas, al menos mientras la suerte política de los Milei se mantenga expectante.
El entramado para la batalla cultural incluye fierros y negocios raros, pero no se limita a marcas como La Derecha Diario, el streaming Carajo —que financia el empresario rovirista y mileísta Augusto Marini— o el canal del Doctor en Filosofía Fantino.
En Comodoro Py hay expedientes que registran montos de coimas, transferencias e intercambios de whatsapp que implicarían a los Hermanos. No es tema para los espacios centrales de las pantallas televisivas de los grupos América, Clarín y La Nación, que —puestos a criticar— están mucho más atentas a asuntos como Adorni o la cuestión de los modos.
Clarín presta su radio, Mitre, para que el conductor Gabriel Anello asienta inerte ante un monocorde Milei, el mismo que llama “mierda humana” a otro periodista de esa casa y columnista del diario, Marcelo Bonelli. Magnánimo, Clarín no se queja, y cuando no ignora los ataques fascistoides del Presidente a sus cronistas, los edita, les baja el tono y los plancha.
El caso de La Nación es algo distinto. El periodista más influyente de Argentina —según el ranking de Poliarquía—, Carlos Pagni, también fue víctima de la agresión presidencial con un agravio similar al recibido por Bonelli. Las páginas del diario dan despliegue y hasta lideran la información sobre los casos de corrupción y las inconsistencias políticas que involucran al gobierno ultraderechista, pero ello no es óbice para que los editoriales, que explican la opinión institucional, protagonicen un fervor oficialista casi inédito desde 1983, sólo comparable a la reciente experiencia de Macri.
Como si hubiera una línea que va del Gordo Dan, refleja un despacho en Casa Rosada, pasa por Cerimedo en Mar-a-Lago, sigue al prime time de TN y se hace texto en la página institucional del diario conservador. Un sistema que entiende que todavía es tiempo de cerrar filas y bancar.
SL
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