Radiografía de una superviviente
La excepción Bullrich: la aliada de Milei que nunca aceptó convertirse en empleada
Patricia Bullrich no quería ser senadora. Cuando el año pasado comenzaron a circular versiones sobre una posible candidatura suya para encabezar la lista libertaria al Senado por la Ciudad de Buenos Aires, la entonces ministra de Seguridad hizo saber que prefería otra cosa: seguir donde estaba. Después de todo, llevaba casi dos años al frente de una de las áreas más sensibles del Gobierno y había logrado convertirse en una de las funcionarias con mayor volumen político dentro de la administración de Javier Milei. Cambiar un ministerio por una banca no era necesariamente un ascenso.
La escena ayuda a entender mejor las tensiones que atraviesan hoy su relación con el oficialismo. La discusión por el pliego de Verónica Michelli, que la empujó a reivindicar públicamente la “objeción de conciencia”, y los posteriores gestos de tregua con Karina Milei reabrieron una pregunta que atraviesa toda su experiencia dentro del mileísmo: ¿hasta qué punto Patricia Bullrich es una dirigente libertaria y hasta qué punto sigue siendo una figura política con proyecto propio?
La historia comenzó incluso antes de que Milei llegara a la Casa Rosada. Tras el balotaje de noviembre de 2023, el entonces presidente electo avanzó personalmente para sumarla al futuro gabinete. Fue una negociación que se desarrolló en paralelo y, según reconstruyen quienes participaron de aquellas conversaciones, en buena medida a espaldas de Mauricio Macri, que todavía aparecía como el principal articulador de la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza. Bullrich aceptó el Ministerio de Seguridad y se convirtió en una de las primeras figuras de peso incorporadas al nuevo gobierno.
La decisión no era menor. Apenas semanas antes había competido contra Milei en la primera vuelta presidencial. El libertario la había acusado de poner bombas en jardines de infantes y ella lo describía como un dirigente imprevisible. Sin embargo, ambos encontraron rápidamente un terreno común alrededor de la agenda de seguridad y confrontación con el kirchnerismo.
Con el correr de los meses, Bullrich hizo algo que pocos dirigentes del PRO consiguieron: dejó de ser una aliada circunstancial para transformarse en una pieza del esquema de poder libertario. Primero construyó una relación de confianza con Milei. Después profundizó su vínculo con Karina Milei. Más tarde encabezó buena parte del éxodo amarillo hacia La Libertad Avanza. Cuando finalmente se afilió al partido, en mayo de 2025, el movimiento apenas formalizó algo que ya era evidente.
Pero la integración nunca fue completa. Bullrich conserva una característica que la distingue de casi todos los dirigentes relevantes del oficialismo: su carrera política no empezó con Javier Milei ni depende exclusivamente de él. Durante buena parte de 2024 y 2025 esa particularidad quedó disimulada detrás de una coincidencia política casi total con el Presidente. La exministra fue una de las funcionarias que defendió con mayor intensidad cada una de las decisiones más controvertidas del Gobierno. Mientras otros integrantes del gabinete evitaban exponerse, Bullrich aparecía sistemáticamente en la primera línea. La relación parecía tan sólida que muchos comenzaron a verla como una pieza inamovible del dispositivo libertario.
Sin embargo, quienes la conocen desde hace años advierten que siempre hubo algo más complejo detrás de esa imagen. “Patricia nunca fue una soldado. Ni de Macri, ni de Milei, ni de nadie”, resume un funcionario que la conoce desde hace más de una década. “Lo que pasa es que mientras coincide con vos parece la persona más leal del mundo. Cuando deja de coincidir, te enterás rápido”.
La paradoja es que esa misma acumulación de poder terminó convirtiéndola en una figura difícil de clasificar dentro del esquema oficialista. Quizás el ejemplo más evidente sea su relación con Karina Milei. Durante los últimos dos años construyeron una sociedad extremadamente eficaz. Juntas avanzaron sobre sectores enteros del PRO. La afiliación libertaria de Bullrich fue, en muchos sentidos, una victoria política de la secretaria general de la Presidencia. Sin embargo, incluso en ese vínculo aparecen matices que no existen en otras relaciones de poder dentro de La Libertad Avanza.
Bullrich sobrevivió a casi todos los ciclos políticos que marcaron las últimas tres décadas argentinas. Y lo hizo ocupando lugares relevantes. Esa experiencia también ayuda a entender por qué las tensiones actuales difícilmente desemboquen en una ruptura. Bullrich sabe que buena parte de su poder actual está asociado al éxito del gobierno de Milei. Pero en el Gobierno también saben que la exministra aporta algo difícil de reemplazar: volumen político. Por eso la fotografía difundida esta semana junto a Karina Milei tuvo una importancia mayor a la que sugería la imagen. No se trató solamente de desmentir rumores o clausurar especulaciones. Funcionó como un recordatorio mutuo. La conducción libertaria sigue considerando a Bullrich una pieza central de su proyecto político. Y Bullrich sabe que, a fin de cuentas, la necesitan.
¿Cuánto hay en la actual senadora de genuina preocupación por la suerte del proyecto libertario y cuánto de simple instinto de conservación política? La pregunta sobrevuela hoy a buena parte del oficialismo. A diferencia de Milei, que se mostró displicente respecto de una eventual derrota cuando salió a defender a Manuel Adorni, la exministra de Trabajo de Fernando de la Rúa es una de las pocas dirigentes del Gobierno que todavía preserva algo parecido al sentido común político. “A Patricia no le da lo mismo perder o no”, deslizan en el oficialismo.
Esa certeza empieza a proyectarse cada vez más sobre el calendario de 2027. Hasta hace apenas unos meses, dentro de La Libertad Avanza muchos daban por descontado que la senadora encabezaría la boleta para la jefatura de Gobierno porteña. Su nivel de conocimiento y su capacidad para disputar el electorado histórico del PRO parecían convertirla en una candidata natural para intentar completar la conquista libertaria de la Ciudad. Hoy, esa posibilidad parece comenzar a ponerse en duda. Karina lo tiene bien claro: Bullrich siempre juega dentro del poder, pero rara vez acepta jugar únicamente para otros.
PL/MC