Señales hacia adentro
Karina Milei y Bullrich escenificaron una tregua tras la rebelión de la senadora
La foto apareció después de varios días de ruido interno y funcionó como el mensaje que en la Casa Rosada necesitaban transmitir. “Reunión con Karina, trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente @JMilei”, escribió Patricia Bullrich este miércoles en su cuenta de X junto a una imagen en la que se la ve casi de espaldas, sentada frente a la secretaria general de la Presidencia. El gesto buscó clausurar, al menos por ahora, las especulaciones sobre una ruptura entre ambas dirigentes tras la rebelión que protagonizó la senadora en torno al pliego judicial de María Verónica Michelli.
La publicación llegó apenas horas después de que Bullrich intentara bajar el tono de la crisis desde Mendoza, donde participó de un congreso internacional de ciberseguridad. Allí confirmó que había puesto a disposición su renuncia como titular del bloque libertario en el Senado luego de desobedecer la instrucción del Gobierno de retirar el pliego de Michelli, aunque aclaró que Javier Milei desestimó inmediatamente esa posibilidad. “No hay internas, lo que hay es una objeción de conciencia. Como persona de bien, cuando uno da una posición distinta a la del presidente, pone su renuncia a disposición, pero él siguió la conversación sin darle importancia a esa aseveración”, sostuvo ante la prensa.
La reunión con Karina Milei buscó precisamente transmitir que esas diferencias no alteran el alineamiento político de fondo. Según pudo reconstruir elDiarioAR, la secretaria general de la Presidencia había dado el martes una instrucción clara a su entorno y a los principales referentes del oficialismo: evitar cualquier confrontación pública con Bullrich. La orden apuntaba a impedir que la polémica escalara y terminara convirtiéndose en una disputa abierta dentro de La Libertad Avanza. La fotografía difundida este miércoles fue, en ese sentido, la escenificación pública de esa estrategia de contención.
Sin embargo, en el oficialismo nadie desconoce que Bullrich viene construyendo desde hace semanas un perfil propio. Primero fue el cuestionamiento público a la demora de Manuel Adorni para presentar su declaración jurada patrimonial. Después llegó el respaldo explícito a Michelli bajo el argumento de una “objeción de conciencia”. Dos episodios que fueron leídos en distintos despachos oficiales como señales de autonomía destinadas a preservar un capital político propio frente a eventuales costos de gestión y a marcar diferencias respecto de la conducción política que ejerce Karina Milei sobre el espacio.
Ayer, desde Mendoza, Bullrich también intentó cerrar ambos capítulos. Sobre el escenario electoral de 2027 descartó cualquier candidatura presidencial propia. “Yo voy a pelear por la reelección del presidente Milei”, aseguró. Y respecto de la declaración jurada de Adorni, dio por terminado el asunto. “Démosle tiempo, dijo que la va a presentar el día 15. Es tema terminado, con decir las cosas una vez alcanza, su responsabilidad como funcionario es presentarla”, afirmó. La referencia al 15 de junio como fecha límite para la presentación de la documentación patrimonial del jefe de Gabinete constituye además un dato nuevo dentro de una controversia que venía generando creciente incomodidad en el oficialismo.
El pliego de la polémica
La foto entre Bullrich y Karina Milei coincidió además con una jornada políticamente incómoda para la Casa Rosada en el Senado. Mientras la conducción libertaria intentaba cerrar la crisis, Victoria Villarruel volvía a intervenir de manera directa en el conflicto. La vicepresidenta había recibido el martes a Michelli en su despacho del Palacio Legislativo y le transmitió, según fuentes parlamentarias, su “profundo respaldo institucional”. La reunión duró cerca de una hora y fue interpretada en el oficialismo como una nueva señal de desafío hacia los hermanos Milei.
La escena se completó este miércoles durante la reunión de Labor Parlamentaria, donde participaron los presidentes de todos los bloques. Allí se acordó postergar para la próxima semana cualquier definición sobre el pedido de retiro del pliego de Michelli impulsado por el Poder Ejecutivo. El resultado dejó una imagen incómoda para la Casa Rosada: tanto Villarruel como Bullrich, cada una con métodos distintos, lograron bloquear una decisión que el Gobierno consideraba prioritaria.
La senadora había desafiado públicamente a la conducción del partido al anunciar el lunes que no acompañaría el retiro del pliego de Michelli, postulante a jueza federal en La Plata y cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. La decisión arrastró además a los senadores radicales aliados del Gobierno y dejó al descubierto una mayoría circunstancial que se niega a acompañar la estrategia diseñada por la Casa Rosada. En los pasillos del Senado, parte de la responsabilidad por el conflicto también recayó sobre el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, a quien varios dirigentes oficialistas señalan por haber avanzado con determinados nombramientos sin consultar previamente a la conducción política.
Los Milei rechazan a Michelli por considerar que su cercanía familiar con Alconada Mon representa un problema político en un contexto marcado por investigaciones periodísticas que incomodan al oficialismo. Sin embargo, el pliego cuenta con respaldo transversal dentro de la Cámara alta. Además del apoyo explícito de Bullrich, reúne adhesiones de la UCR, sectores del PRO y parte del peronismo dialoguista, lo que vuelve más compleja cualquier maniobra para retirarlo.
En ese contexto, la imagen difundida por Bullrich funcionó como una señal de distensión hacia adentro del oficialismo. Pero difícilmente alcance para despejar por completo las dudas que dejaron las últimas semanas. La exministra de Seguridad ya demostró que está dispuesta a marcar diferencias cuando considera que hay costos políticos que no está dispuesta a asumir. Y en la Casa Rosada saben que esa autonomía, aunque administrada y contenida, seguirá siendo uno de los factores a monitorear en la compleja convivencia del oficialismo. La discusión de fondo, sin embargo, quedó apenas postergada.
PL/MG