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El blindaje presidencial

Milei desayunó con Adorni en Olivos y profundiza su estrategia de respaldo al jefe de Gabinete

Javier Milei y Manuel Adorni.

Pedro Lacour

19 de junio de 2026 12:31 h

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El desayuno estaba agendado desde hacía varios días. Pero, a esta altura, la agenda ya es parte del mensaje. Javier Milei recibió este viernes por la mañana a Manuel Adorni en la Quinta de Olivos, en uno de los encuentros que ambos mantienen periódicamente para repasar asuntos de gestión. La reunión, sin embargo, se produjo en un momento muy distinto al de otras ocasiones. El jefe de Gabinete atraviesa su crisis política más profunda desde que llegó al Gobierno y el Presidente decidió enviar una señal inequívoca: no piensa soltarle la mano.

La secuencia adquiere todavía más relevancia porque se encadena con otra imagen que la Casa Rosada ya tiene completamente diseñada. Este sábado, ambos volverán a mostrarse juntos en Rosario durante el acto oficial por el Día de la Bandera. Adorni ocupará un lugar destacado en la primera fila junto a Karina Milei, en una postal que reunirá a prácticamente todo el gabinete nacional y que buscará transmitir una idea de normalidad en medio de una controversia que ya lleva más de tres meses.

En Balcarce 50 insisten en una definición que se volvió casi una doctrina interna: Adorni es inocente. Javier y Karina Milei no tienen intenciones de desplazarlo y tampoco existe, por ahora, una negociación para ofrecerle una salida elegante. La combinación de presión parlamentaria, cuestionamientos de los aliados y desgaste mediático no alteró esa decisión. Todo lo contrario. Cuanto más se amplificó la discusión pública, más explícito se volvió el respaldo presidencial.

Javier Milei y Manuel Adorni, en la jura del funcionario como jefe de Gabinete.

La estrategia tiene una explicación política. En el Gobierno consideran que remover a Adorni en este contexto equivaldría a reconocer una derrota. Sería, según esa lectura, admitir que sus detractores consiguieron imponerle una decisión al Presidente. Milei no parece dispuesto a conceder ese terreno. Mucho menos alrededor de un funcionario que forma parte de su círculo más estrecho de confianza.

El problema es que esa determinación no alcanza para cerrar la discusión. La Casa Rosada logró postergar hasta el 25 de junio la sesión en el Senado que amenazaba con avanzar sobre el jefe de Gabinete, pero la controversia permanece intacta. La propia jefa de bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, sigue siendo la dirigente que más empuja internamente para que los hermanos Milei encuentren una salida política.

En paralelo, Milei y Adorni intentan correr la discusión hacia otro terreno. Cerca del jefe de Gabinete hablan de una “agenda positiva”: una serie de anuncios y gestos de gestión pensados para romper el monopolio que el escándalo patrimonial ejerce sobre la conversación pública desde marzo. No hay, por ahora, un paquete de reformas ambiciosas ni una batería de proyectos de alto impacto. La apuesta es más simple y, al mismo tiempo, más defensiva: transmitir que el Gobierno sigue funcionando y evitar que la figura de Adorni continúe absorbiendo una parte desproporcionada de la energía política del oficialismo.

De izquierda a derecha, Santiago Caputo, Eduardo Menem, Diego Santilli, Patricia Bullrich, Karina Milei, Martín Menem, Ignacio Devitt y Manuel Adorni, el 11 de junio de 2026.

Los movimientos del jefe de Gabinete en las redes sociales responden a esa lógica. Desde la entrevista que brindó la semana pasada en LN+, donde intentó explicar el crecimiento de su patrimonio, multiplicó los anuncios vinculados a la gestión. Las publicaciones buscan transmitir actividad y evitar un silencio que, en el Gobierno, consideran políticamente riesgoso. El problema es que esa estrategia tiene un alcance limitado. Cada nuevo anuncio termina conviviendo con una discusión que vuelve una y otra vez al mismo lugar.

La dinámica cotidiana de Adorni también se alteró. El centro de gravedad de su trabajo se desplazó hace tiempo. Llega temprano a Balcarce 50, disminuyó sus apariciones públicas y quedó más corrido de las conversaciones políticas que atraviesan al oficialismo. En ese contexto, los desayunos en Olivos dejaron de ser una escena administrativa para convertirse en una herramienta política. Ya no se leen como reuniones de trabajo sino como demostraciones de respaldo. Milei parece decidido a convertir cada aparición junto a Adorni en un mensaje dirigido a la oposición.

Quizás ahí esté la principal dificultad del Gobierno. Desde marzo, cada vez que cree haber cerrado el tema, el tema vuelve a abrirse. La controversia ya no funciona como una crisis puntual sino como un loop que condiciona la agenda oficial. Y mientras eso ocurra, la Casa Rosada seguirá enfrentando una paradoja incómoda: dedicar cada vez más energía a demostrar que Adorni no es un problema es, precisamente, la confirmación de que el problema sigue existiendo.

PL/MG

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