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Opinión - Panorama político
El “Vamos a volver” engordado

Panorama político

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Algo está leyendo Cristina Fernández de Kirchner que la lleva a rememorar su ciclo espeso a la intemperie del poder, cuando gran parte de sus aliados de hoy conspiraban en su contra y la daban por jubilada. Tal vez por eso Juan Manzur quedó estampado en Lomas de Zamora a la pasada. Pese a que el gobernador de Tucumán -que en 2018 anunció “el Cristina ya fue” desde la redacción de Clarín-, también se había hecho acreedor en su momento a un procesamiento de Claudio Bonadio en la causa del Plan Qunita. 

Otra vez como jefa de campaña, con Axel Kicillof como su candidato en la carrera larga hacia 2023 y Martin Insaurralde como anfitrión en Lomas de Zamora, la vicepresidenta desplegó, sobre el escenario y a su manera, el drama que envuelve al peronismo oficial, a casi dos meses de las elecciones primarias. Desde la tercera sección electoral, el bastión que la sostuvo en su momento de mayor aislamiento en relación al sistema político, habló de notebooks, contó la historia de L-Gante y, sobre todo, volvió a iluminar los años de la felicidad perdida en el cosmos del kirchnerismo. “El salario había crecido entre ese 2003 y ese 2015 un 1200%. Estábamos en un país donde teníamos el mejor Salario Mínimo Vital y Móvil, en dólares, de toda América Latina”, dijo. Nada más distante de la realidad actual, con los ingresos en el quinto subsuelo y el Salario Mínimo Vital y Móvil entre los tres más bajos de América Latina  (si se toma en cuenta el dólar oficial). 

El auge de lo que fue el Frente para la Victoria no puede desligarse de la recuperación del salario, después de la devaluación violenta de 2002 que pulverizó los ingresos en un 300%. Favorecidos por el trabajo sucio que hizo Jorge Remes Lenicov, Néstor Kirchner y Roberto Lavagna iniciaron el ciclo que elevó el salario hasta 2006 por decreto y sin paritarias. Después, los sueldos siguieron subiendo hasta 2015 y sólo cayeron con la crisis global en 2009 y con la devaluación de Kicillof en 2014. El excepcional 54% de CFK en 2011 no sólo llegó tras la muerte de Kirchner sino también después de que el salario promedio subiera 50% en dólares en 2 años. Pero paralelo a la reelección y a ese proceso de 2010 y 2011, se consumó lo que la economista Marina Dal Poggetto llama “macrocidio”: se acabó el superávit de la cuenta corriente, implosionó el modelo kirchnerista, se inauguró el control de cambios que la oposición bautizó cepo con éxito y se agudizaron todos los problemas del cristinismo. 

Durante la aventura de Mauricio Macri en el poder, la violenta transferencia de ingresos a favor de los concesionarios de gas y luz, vino acompañada otra vez por el derrumbe de los ingresos, en especial a partir de 2018. Hoy y después de 18 meses de gobierno del Frente de Todos, los números de Eco Go, la consultora de Dal Poggetto, indican que el salario formal registrado retrocedió tanto que ya está en los niveles previos a los del estallido de 2001. 

El error de cálculo de haber fijado una meta de inflación del 29% para el año le trajo a Martín Guzmán unos cuantos trastornos en el primer semestre del año, pero le permitió ajustar el gasto con la licuación acelerada de las jubilaciones y los salarios de los empleados estatales. Ahora, mientras Cristina admite que el país sigue “patas para arriba” y recuerda esos años en que “éramos más felices de lo que vino después”, el Frente de Todos inicia una carrera contrarreloj para que los ingresos recuperen una pequeña parte de lo que perdieron y el consumo, la gran marca del kirchnerismo arrollador, se active en modo electoral. 

La reapertura de paritarias que se inició en gremios de la llamada aristocracia obrera como Camioneros y Bancarios no comprende a la mayor parte de la población. Los números del último informe de Eco Go en base a datos del INDEC lo muestran. De una población económicamente activa de 20,5 millones de personas, hay menos de 9 millones que tienen un trabajo formal y de ese universo sólo 5,9 millones tienen un trabajo formal en el sector privado: el resto trabaja en el sector público. Pero además, sólo 1,5 millones de los trabajadores formales del sector privado están sindicalizados (uno de cada 4), una cifra que en el sector público es bastante más alta y asciende a 2 millones (65% del total).

Con más de 20 millones de personas bajo la línea de la pobreza, ganar las elecciones aparece como una odisea para cualquier gobierno. Sin embargo, la jefa de campaña del oficialismo adapta la consigna del “vamos a volver” a las nuevas circunstancias: promete que el peronismo va a encontrar la salida al laberinto de la crisis, incluso en un contexto de “restricción sin precedentes” como el que impone la deuda monumental que Macri incubó con el Fondo. 

Regresar al poder le permitió a Cristina recuperar la centralidad que había perdido y salir del encierro, pero -por la pandemia, por la herencia y por los errores propios- ni ella ni sus votantes pudieron retornar a los años de la felicidad perdida. Volver al gobierno, ahora se ve, no era volver a la épica del cristinismo autocelebratorio sino hacerse cargo de una situación explosiva y sin garantía de éxito.   

Ahora con Sergio Massa como aliado, Cristina, Kicillof y La Cámpora buscarán ratificar su poderío en la provincia de Buenos Aires en un contexto en el que la pandemia pone a prueba como nunca la paciencia social. ¿El cristinismo y el massismo pueden perder el distrito más importante del país? No parece, por lo menos de acuerdo a los números de Federico Aurelio. Con proyección de indecisos, los últimos sondeos de la consultora Aresco en la provincia de Buenos Aires indican que, si las elecciones fueran hoy, el Frente de Todos vería reducida a la mitad la ventaja de 16 puntos que obtuvo en las generales de 2019 pero obtendría una diferencia favorable de 8 puntos. 

Aunque todavía falta el cierre de listas y que termine de definirse el menú electoral de la oposición, el eventual triunfo del pancristinismo sería bastante más estrecho. De por sí, por el peso del distrito más grande del país, esos 8 puntos menos en territorio bonaerense reducirían 3 puntos la diferencia nacional que obtuvieron los Fernández sobre Macri en las últimas presidenciales. ¿El oficialismo puede ganar la provincia y perder a nivel nacional? Todavía es temprano para sacar conclusiones. Sin embargo, los sondeos de Aurelio marcan un contraste fuerte con respecto a la narrativa de los medios que apostaron por Cambiemos y registran una brecha fenomenal entre el malhumor social y la imagen del gobierno.  

Con fecha de mediados de junio y en base a 5002 casos en todo el país, la última medición indica que el 65,1% de los consultados juzga desfavorable su situación económica personal y familiar desde que asumió el Frente de Todos, el 46% dice que su realidad empeoró en los últimos meses y el 58% afirma que sus expectativas para los próximos meses son aún peores. Sin embargo, ese cuadro que en circunstancias normales sería letal para las aspiraciones de cualquier proyecto no sepulta las aspiraciones del oficialismo. Por lo menos, en la encuesta de Aresco, donde Alberto Fernández aparece todavía con una imagen positiva del 47% a nivel nacional y la del gobierno llega al 40,5%. Para Federico Aurelio, ese gap fenomenal se explica por un compás de espera que, pese a todo, aún está abierto en los votantes del FDT. Cuánto puede durar la espera y cuándo se agota la paciencia, eso es lo que nadie sabe. 

Blanco permanente de la crítica opositora, la política sanitaria de Fernández figura como el activo principal de su gestión. Pese a que Argentina ya cuenta más de 95 mil muertos y está entre los países con más fallecidos por millón de habitantes, la respuesta del gobierno ante el COVID 19 resulta el activo principal del mandato de los Fernández. En opinión de Aurelio, “fuera de la pandemia, no le queda nada”. 

El 12 de septiembre se verá si lo que aparece en los sondeos se confirma en las urnas o es desmentido por la realidad. En la vereda de enfrente la oposición se apura a jubilar a Macri y se entusiasma con una PASO competitiva que pueda multiplicar sus adhesiones. A tono con el deseo de buena parte del establishment, Horacio Rodríguez Larreta busca recibirse de jefe y subordinar al político de cuna empresaria que lo puso en lo más alto. Larreta acaba de dar un primer paso. Aunque con María Eugenia Vidal ya creía tener garantizado el éxito en la zona franca del PRO, precisaba la rendición de Patricia Bullrich, que se confirmó ayer a modo de paso al costado. En el múltiple operativo de pinzas que desplegó el jefe de gobierno incluía el impulso a la candidatura de Ricardo López Murphy para condicionar a la ex ministra de Seguridad. Vidal solo estaba dispuesta a competir si existía una lista de unidad no concebía la posibilidad de que le hagan una interna a su socio, el único gobernador que tiene el PRO en todo el país.

Pero lo que funciona en la Ciudad tal vez no resulte de la misma manera del otro lado de la General Paz. Una primaria abierta en la que compitan Diego Santilli, Facundo Manes y Jorge Macri le daría a la oposición un volumen político que el vicejefe de gobierno porteño, por sí solo, no garantiza. Sin la maquinaria aceitada de Larreta pero con la promesa del plus que viene asociado al outsider, Manes se juega a conquistar la inmensidad bonaerense como trampolín para su ambición presidencial. Envalentonados, los estrategas de Juntos por el Cambio sueñan con una gran elección y se fijan como objetivo llegar al 40% en provincia. La crisis, la pandemia, la improvisación y las contradicciones dentro del Frente de Todos le permitieron a la oposición de mercado entusiasmarse con un rápido regreso al poder. También ellos cantan, ahora y por lo bajo, su “vamos a volver”. Es un juego de espejos en el que el peronismo oficial está pendiente del bloque opositor y no descarta promover su propia PASO en provincia para competir con la interna de Santilli, Manes y Macri. Se habla, por ejemplo, de un mano a mano entre Victoria Tolosa Paz y Sergio Berni. Acostumbrado a ver como La Cámpora y los intendentes del Gran Buenos Aires se reparten las acciones en su distrito, Kicillof tiene también candidatos propios para incluir en las listas. Con miras a 2023, el gobernador le dice a Cristina que necesita diputados propios capaces de defender su gestión desde la Cámara de Diputados, algo de lo que hoy carece y no puede ofrecerle la sociedad Máximo-Massa. 

DG   

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