Salud mental

Advierten sobre “la trampa de la familia perfecta” en las fotos de las redes sociales

elDiarioAR

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En navidades, las últimas sin ir más lejos, pasar un rato en las redes era como pasar un rato viendo a montones de familias estupendas y alegres alrededor de árboles navideños igual de estupendos y alegres. Pero en las redes, imágenes así van saltando día tras día, todo el año. Muchas personas exponen su vida de manera positiva e irreal: una familia perfecta, feliz, sin conflictos… Y un sentimiento de culpa, frustración e insuficiencia para otros padres y otras madres.

Jorge Gil Tadeo es psicoterapeuta familiar y psicólogo clínico, y además, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF). EFE Salud ha hablado con él para que explique en qué consiste esta “trampa de la familia perfecta” en las redes sociales, como la llama esta organización.

Trampa con efectos reales en su propia consulta, donde, como reconoce, se encuentra con progenitores frustrados y con culpa al ver en redes sociales a padres perfectos, abnegados y entregados a sus hijos. 

Porque en redes se pretende ocultar las miserias y las angustias y mostrar una familia feliz. Se trata de “querer mostrar algo que no existe en la realidad”, apunta Gil. “Y eso crea una competitividad”, añade. 

Y crea un sentimiento de insuficiencia. Vemos cómo “una gran bola de nieve” se va haciendo “cada vez mayor”. 

La “idea errónea” de madre sacrificada = mejor madre

Jorge Gil explica que la competencia parental comenzó antes del auge de las redes sociales, lo que contextualiza en términos sociológicos: “La mujer llega al mundo laboral como un espacio de reivindicación de su desarrollo personal y lo que hace es que suma la crianza, lo doméstico, a su desarrollo profesional”.

“Mientras que los hombres nos solemos quedar en la parte laboral y a lo mejor, en el mejor de los casos, en un momento dado de la historia, colaboramos. No entendemos que es nuestra parte”.

Querer ser la mejor madre pasa una gran factura a la mujer, concluye: “El día tiene 24 horas, las fuerzas son las que son y de ahí una incapacidad, un sentimiento de insuficiencia”, comenta el experto. “Y las redes sociales, lo que hacen, es amplificarlo muchísimo”, manifiesta.

Gil considera que frecuentemente se relaciona la maternidad con un sacrificio abnegado: “Toda esa idea de ‘cuanto más me sacrifico mejor madre soy‘ es una idea muy errónea”.

Indica, además, que existe la idea de mostrar la maternidad perfecta con fin de ocultar una relación de pareja imperfecta: “Cómo muchas veces mostramos una aparente perfección en la maternidad como compensación a una relación de pareja imperfecta, insuficiente”, señala el psicoterapeuta.

Una “trampa” que afecta también a los menores

El psicoterapeuta refleja dos líneas de afectación sobre las que recae la exposición en redes sociales de la familia perfecta: sobre los adultos y, también, sobre los niños.

En los adultos hay mucha necesidad de perfección, competitividad y exigencia, lo cual genera comparación, frustración, culpa y ansiedad. Su nivel de sufrimiento es muy alto.

El profesional declara que no está bien visto expresar los sentimientos de cansancio y agotamiento de los padres o madres sobre los hijos. 

Al no poder externalizarlos, los progenitores tienden a guardárselos, pero “lo que va a ocurrir es que al final aparecen trastornos, depresiones, crisis de ansiedad…”, manifiesta Gil Tadeo. 

Esta perfección también crea exigencia en los menores: que sean los mejores en las actividades extraescolares o que den una imagen de perfección.

Sin embargo, explica el psicoterapeuta, al enseñarles que lo más importante es lo que otros tienen que ver de ellos se siembra “una negación del yo”.

Si los menores piensan que lo importante es aquello que aparentan o aquello que aportan con su apariencia, se generan sentimientos de frustración, culpa o insuficiencia. 

Por otro lado, al no haberles puesto límites, los menores no aceptan las posiciones más autoritarias, como las de profesores o autoridades sociales, y entran en conflicto. En los casos más extremos, puede llegar a haber violencia de hijos hacia los padres. 

El filiarcado

El psicólogo hace hincapié, por otro lado, en el “filiarcado”, percibido desde hace unas décadas: el centro del poder lo ejercen los hijos, “todo va a girar en torno al hijo, a la hija”, puntualiza.

Y los hijos no nacen con ese poder, sino que son los padres quienes se lo dan al no ser capaces de poner límites y normas y al adaptarse a todo lo que gira en torno al hijo, explica. Por ejemplo, si los padres quieren ver un programa en la televisión y el niño quiere ver los dibujos animados, los padres ceden y terminan viendo lo que el menor quiere. 

“Es muy dañino porque no le enseñamos que él tiene un lugar, que es un lugar muy importante en la familia, sino que lo que le enseñamos es que él es el rey y que tiene derecho a todo”, alerta el psicoterapeuta.

Esto puede ser la causa de que el menor, cuando se encuentra en la guardería o en el colegio, no entiende por qué tiene que compartir los juguetes. 

“Y ahí aparecen los conflictos de relaciones, las dificultades de las empatías, las dificultades de salir del yo y ver al otro, y se convierten en adultos narcisistas, adultos neuróticos”, remarca Gil Tadeo.

La importancia de no negar el conflicto

El conflicto es parte de la vida”, señala Jorge Gil. Por ello, los padres deben enseñar a resolver y gestionar los conflictos, a aceptar que no siempre se gana y a aceptar la frustración. 

Si los padres niegan el conflicto están “incapacitando” y “atrofiando” a su hijo, advierte. Esta negación se puede dar mediante:

  • El afrontamiento evitativo, como “el avestruz que mete la cabeza en al tierra y no quiere verlo”.
  • Desde una actitud positiva más cercana a posiciones autoritarias, relacionadas con la violencia o con el narcisismo.

Además, manifiesta que el conflicto se debe gestionar dentro de la familia, ya que es un lugar seguro y será más fácil afrontarlo. 

Solución: aceptar que no existe la familia perfecta

Como solución a este problema, el presidente de la FEATF aconseja aceptar que no existe un padre o madre perfecto: “También somos seres dañados, que fuimos educados con sus imperfecciones e intentamos hacerlo lo mejor posible”.

Se deben aceptar los errores y reconocer que a veces nos equivocamos. Es importante, además, según sus palabras, poder expresar nuestros fallos y nuestro hartazgo dentro de nuestro grupo cercano y sentir apoyo.

Por otra parte, a su entender, no debemos creer todo lo que se expone en redes sociales, ya que en ellas sólo se tiende a mostrar la parte positiva, una parte de la realidad.

Por Mar Ampuero Crespo, para la agencia EFE.