Paleontología

¿Un dentista neandertal? El orificio en una muela sugiere el primer ‘tratamiento dental’ hace 60.000 años

Antonio Martínez Ron

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Hurgarse entre los dientes para aliviar molestias o retirar restos de comida es, posiblemente, el hábito más antiguo de la humanidad. Hay pruebas de esta práctica en todas las especies humanas, que se remontan a hace dos millones de años en África. Ahora, un equipo de investigadoras rusas aseguran haber encontrado algo aún más sorprendente: la primera prueba de un tratamiento dental para eliminar el dolor. Y sucedió hace 60.000 años en un grupo de neandertales. 

En un trabajo publicado este miércoles en la revista PLoS One, Alisa Zubova y su equipo analizaron un molar único procedente de la cueva de Chagyrskaya, en Rusia, con una antigüedad aproximada de 59.000 años. El diente presenta un orificio profundo en el centro que se extiende hasta la cavidad pulpar que les llevó a pensar en una posible intervención con una de las herramientas con punta de piedra halladas en la cueva de Chagyrskaya. “Unos arañazos claramente visibles sugerían que la concavidad no era el resultado de un daño natural, sino de acciones intencionadas”, asegura Zubova. 

Las investigadoras realizaron a continuación una serie de experimentos con tres dientes humanos modernos para demostrar que se puede crear un orificio de la misma forma y con el mismo patrón de surcos microscópicos. “La comparación de las huellas microscópicas del espécimen neandertal original con las obtenidas experimentalmente reveló una clara coincidencia”, asegura Lydia Zotkina, coautora del estudio. “Los hallazgos demuestran que perforar una lesión cariosa con una herramienta de piedra afilada y delgada es totalmente eficaz, permitiendo la rápida eliminación del tejido dental dañado”.

Dolor para eliminar la infección

Estos resultados llevan a Zubova y su equipo a concluir que el orificio en este molar dañado es la prueba de que los neandertales tenían los conocimientos necesarios para identificar una infección dental y la destreza motora para perforar la zona dañada. Este procedimiento habría sido doloroso, pero también habría aliviado el dolor de una infección dental al eliminar la parte dañada del diente. “Esta es, que sepamos, la evidencia más antigua de un tratamiento invasivo de caries en la evolución humana”, asegura Zotkina. Es la primera vez que se demuestra tal comportamiento fuera del Homo sapiens y el ejemplo más antiguo de este tipo de comportamiento.

Esta es, que sepamos, la evidencia más antigua de un tratamiento invasivo de caries en la evolución humana

Para las autoras, este hallazgo también representa un punto de inflexión en nuestra comprensión de la mente neandertal. “Tratar un diente con caries no es solo alimentar o proteger a alguien”, explica Ksenia Kolobova, también coautora. “Requiere diagnosticar la fuente del dolor, seleccionar una herramienta adecuada, realizar una acción invasiva dolorosa y persistir a pesar del malestar del paciente”. 

A su juicio, este comportamiento demuestra un asombroso salto cognitivo más allá del instinto: la capacidad de entender la relación de causa y efecto (“si elimino el tejido cariado, el dolor puede detenerse”). Además, realizar una intervención tan delicada en el angosto espacio de la boca requirió de una motricidad fina excepcional e, hipotéticamente, de un estrecho vínculo social, ya que creen que es muy probable que el “paciente” necesitara a un familiar o ayudante para que le mantuviera la cabeza quieta mientras operaba con la punta de piedra.  

Dudas sobre las conclusiones

Almudena Estalrrich, investigadora del Museo Nacional del Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) que documentó un caso de caries neandertal en la cueva de El Sidrón (Asturias), se muestra escéptica con el método usado para validar el resultado. “Ellos han probado con dientes sueltos y es muy fácil taladrar, claro, pero cuando tienes el moflete es más difícil llegar, y más en una muela poco accesible como esta”, explica. “Además, solo hay tres o cuatro marcas, no es producto de una acción continua sino ocasional. Y no se puede asegurar porque es un único caso que hay. No puedes hacer la norma de un solo caso”.

Laura Martín-Francés, investigadora del CENIEH, cree que el estudio tiene méritos claros porque intenta demostrar una intervención dental intencional en neandertales, lo que potencialmente retrasaría en más de 35.000 años la evidencia más antigua conocida de este tipo de prácticas. “El hecho de que la supuesta intervención hubiera sido realizada por neandertales hace que el caso resulte especialmente atractivo, dadas las persistentes preconcepciones históricas que han rodeado a este grupo humano”, señala. Sin embargo, y aunque no pone en duda la presencia de una caries severa, también se muestra prudente respecto a la interpretación de las autoras.

Aunque la evidencia directa siga siendo discutible, hay pocas dudas de que los neandertales sufrían enfermedades dentales y desarrollaron respuestas

“Las supuestas marcas de perforación se localizan principalmente en las paredes externas y márgenes de la lesión, más que en un punto concreto de penetración hacia la cavidad pulpar”, señala. “Esto abre la posibilidad de que las modificaciones observadas reflejen manipulación, limpieza o exploración de una cavidad ya abierta, en lugar de una perforación intencional dirigida específicamente a alcanzar la pulpa”. Por eso considera que las evidencias no son completamente concluyentes y deberían seguir considerándose otras explicaciones.

Comportamiento sofisticado

Martín-Francés recuerda que las evidencias sobre la sofisticación conductual de los neandertales son ya abundantes desde hace años y sabemos que padecieron diversas patologías dentales, aunque el registro de caries es muy escaso. “También existen indicios del posible uso medicinal de plantas para reducir el dolor o la inflamación”, subraya. “Por tanto, aunque la evidencia directa de una práctica invasiva intencional siga siendo discutible, hay pocas dudas de que los neandertales sufrían enfermedades dentales y desarrollaron respuestas conductuales para manejar el dolor y las molestias asociadas”.

Desde un punto de vista científico, la especialista cree que descubrimientos como este son importantes no solo porque amplían nuestro conocimiento sobre el modo de vida de los neandertales, sino también porque contribuyen a debates más amplios sobre su cognición y comportamiento. “Independientemente de que este caso concreto termine demostrando o no una intervención dental invasiva intencional, el trabajo constituye una contribución importante a las discusiones sobre la complejidad conductual de nuestros parientes evolutivos más cercanos”. “Todo apunta a que el comportamiento de los neandertales es más complejo de lo que pensábamos, que eran conscientes y tenían la mente suficiente para adaptar recursos que veían para su propio beneficio”, coincide Almudena Estalrrich. “Lo bueno de este artículo es que nos abre el horizonte”.