Los barrios populares, entre las advertencias oficialistas de estallido social y la apatía por las elecciones

Asentamientos junto al Riachuelo

“La relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del Gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias, no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre que quiere algo más que el plato de comida que nuestras ollas populares ofrecen cotidianamente”, escribió hace un mes en elDiarioAR Juan Grabois, líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), que mantiene un apoyo crítico al oficialismo. Dos semanas después, el diputado del Frente de Todos (FdT) y jefe de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Juan Carlos Alderete, declaró en Infobae: “Si esto no cambia, vamos a un estallido social”. La candidata de ambos en la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz, opinó hace tres días en El Cronista: “El estallido social no está en la agenda. Hay una alarma que se acompaña con ayuda del Estado”.

María Migliore, ministra de Desarrollo Humano porteña: "Es necesario amplificar las voces de los sectores populares en nuestro espacio político"

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En una de las organizaciones sociales opositoras, un referente habla en confianza y descarta un “estallido” porque, por un lado, hay un “colchón de recursos” nuevos, entre la tarjeta Alimentar y el plan Potenciar Trabajo, “sobre todo para los vecinos que están organizados”, y, por el otro, porque los brotes de violencia “nunca son espontáneos”. “Sí vemos mucha necesidad, la tarjeta no alcanza, hay discontinuidad en los comedores y muchos quieren entrar al Potenciar Trabajo, incluida gente que antes tenía un trabajo formal o un oficio y que no se acercaba a una organización social. Hay mucho enojo con el gobierno actual, pero también con el anterior. La gente no quiere hablar de política”, comenta el referente y prosigue: “Aparecieron las changas, porque los que cobran el Potenciar Trabajo también hacen changas para sobrevivir, pero están devaluadas porque la clase media que los contrata perdió poder adquisitivo en los últimos años”.

En otra ‘orga” opositora admiten que en los barrios populares reina la “apatía”, la “desesperanza sobre el sistema político”, “a veces creen en un dirigente, pero dura poco”. Sin embargo, reconocen que algunos votarán por la izquierda; otros, a candidatos peronistas como Tolosa Paz o Florencio Randazzo -que ha entusiasmado a los de Barrios de Pie Libres del Sur dándoles lugares visibles en las listas- y unos pocos a partidos chicos o a Juntos. “En La Matanza, en el peronismo dicen que en los barrios obreros están primeros ellos y luego venimos nosotros, el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores)”, comentaban este lunes en ese municipio en una marcha del Polo Obrero.

Un alto funcionario del Gobierno admite que la situación social está complicada en un país con 42% de pobres: “Suben los alimentos, sigue el problema del morfi. Estamos mejor que cuando estaba todo cerrado: desaparecieron las ollas populares, pero siguen los comedores. La gente inventa cualquier cosa para sobrevivir: delivery de pochoclo o hamburguesas, vende sus cosas o cualquier cosa, chori, pan, en cualquier plaza, hay ferias en todos lados. Muchos negocios en los barrios cerraron, pero abrieron otros. Donde había una inmobiliaria, hay una rotisería. Donde había una librería, hay una verdulería. Muchos abren sin habilitación municipal. La que hacía cinco horas de servicio doméstico, ahora hace tres. Lo bueno es que algo se mueve. No veo un estallido porque las organizaciones saben que los pobres son los primeros que pierden”. El funcionario también observa que “no hay mucho interés por las elecciones”, pero pronostica un buen resultado para el oficialismo en los barrios populares: “No nos va a ir mal. Hay un odio grande a la política, pero estamos las organizaciones sociales, la Iglesia y los cultos evangélicos. Los demás no están. Hay más organización que nunca, más que en 2001. Y le llevamos un año y medio de ventaja a los de Juntos que quieran entrar ahora al barrio”. El fin de semanas, los movimientos sociales oficialistas instalaron 10.000 mesas de propaganda en 1.500 barrios.

En la ciudad de Buenos Aires, la ministra de Desarrollo Social, María Migliore, viene desplegando desde principios de año una ‘orga’ del PRO en las villas, La Popular. “Se hizo un laburo bastante fuerte, principalmente en los barrios del sur de la capital”, cuentan en sus filas. Este lunes se organizará un acto en Villa Soldati con la presencia del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y de su candidata a diputada, María Eugenia Vidal. Después, Larreta visitará un nuevo local que allí abrió La Popular. 

Una peluquera boliviana nacionalizada argentina del Bajo Flores reconoce que en los últimos tiempos el PRO ha abierto comedores propios y ha sumado vecinos. De todos modos, advierte de que muchos de los habitantes de las villas son bolivianos que pueden votar en las elecciones locales y que están enojados con el presunto apoyo del gobierno de Mauricio Macri al golpe de Estado en 2019 contra el entonces presidente de su país, Evo Morales. En la ciudad de Buenos Aires, el padrón de inmigrantes se multiplicó por 20 en dos años y ahora llega a 417.000. En la provincia de Buenos Aires aumentó 24%, hasta los 820.000. En algunas villas porteñas como la 31 los inmigrantes son mayoría, pero en otras como las del conurbano son minoría.

Los encuestadores admiten que apenas sondean en los barrios populares. Algunos admite que ni entran y otros apenas recaban algunos resultados allí y después los proyectan, con lo que los números resultan aún más inciertos que los de los sondeos en general.

AR

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