ENTREVISTA

Daniel Schteingart, director del Centro de Estudios para la Producción: “Es muy difícil tener salarios altos con productividad baja, tarde o temprano explota la economía"

Schteingart: "Que el salario crezca es fundamental en un país como la Argentina, en el que más del 60% de la economía es el consumo"

Aunque admite que tiene mala prensa entre los sectores progresistas, Daniel Schteingart, doctor en sociología y director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) del Ministerio de Producción, identifica a la productividad como la condición de posibilidad para un proceso de movilidad social ascendente sostenible. En sus términos, la productividad aparece como el tan difícil punto de encuentro entre las demandas de los empresarios de bajar costos y de los trabajadores de mejorar sus salarios. 

La crisis económica desatada por la pandemia destruyó 255 millones de empleos, según un informe de la OIT

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En diálogo con elDiarioAR, el encargado de monitorear la marcha del sector productivo en el país asegura que no se advierte el efecto de una segunda ola de contagios en la actividad y que, en el marco de un escenario muy heterogéneo, hay ramas como la industria que en las primeras semanas de enero muestran un crecimiento de dos dígitos por encima del mismo mes de 2020, antes de la pandemia. 

Por otro lado, y con una mirada más de fondo, Schteingart asegura que “buena parte de la desigualdad de ingresos en la Argentina se explica por lo que ocurre en el mercado laboral” y, según señala, la posibilidad de insertarse en el mercado laboral y tener un buen salario no depende solamente de las cualidades de los trabajadores sino, muchas veces, de la gran fragmentación de la estructura productiva argentina. 

¿Cómo se explica la disparidad de salarios entre sectores?

 Una opción es decir hay sectores que pagan menos porque tienen trabajadores de bajo nivel educativo y otros que pagan más porque tienen todos trabajadores con doctorado, por ejemplo. Eso es cierto, pero eso no se agota ahí. Hay otra parte de las brechas salariales que se explican por cosas que van más allá de los atributos de los trabajadores o trabajadoras. Hay ciertos sectores que por sus características específicas dan una prima salarial a sus trabajadores. Por ejemplo, sectores que tienen empresas grandes probablemente den mejores salarios porque tienen mayor productividad, escala, licúan ciertos costos fijos, tienen más espalda para capacitar. Otro factor es la sindicalización promedio del sector: las ramas más sindicalizadas tienden a tener un plus salarial. También aquellas ramas que tienden a tener contratos de más largo plazo, por sobre aquellas en las que hay más rotación.

¿También intervienen en la retribución salarial atributos personales que pueden ser penalizados como el género, la edad o la condición de extranjero? 

Efectivamente hay ciertos atributos que son premiados o penalizados en el mercado laboral. Por ejemplo, tener un título está premiado y el género femenino está penalizado en el mercado laboral argentino y en el de la gran mayoría de los países del mundo. En la Argentina las mujeres ganan 24% menos por mes que los varones, lo que en parte se explica porque los varones trabajan de manera remunerada 40 horas por semana y las mujeres 30, que dedican mucho más tiempo a las tareas domésticas no remuneradas. 

Si agarras el salario por hora pareciera que las mujeres y los varones ganan lo mismo, pero eso no es así porque las mujeres que trabajan en el mercado laboral remunerado son de nivel educativo bastante más alto que los varones —el 45% tiene estudios universitarios, contra el 30% de los varones—y aún con eso tienen que tener muchos más años de educación para ganar lo mismo por hora. Si lo equiparamos el factor educación, las mujeres ganan un 14% menos por hora que los varones: esa es la brecha de género. 

Tener un título está premiado y el género femenino está penalizado en el mercado laboral argentino y en el de la gran mayoría de los países del mundo.

Desde un ideario progresista la productividad tomó tintes negativos porque se asocia a que es un beneficio patronal que se logra a costa de los trabajadores. Sin embargo, se ve que en los sectores con mayor productividad a los trabajadores les va mejor en términos de salarios y de registración. ¿Cómo ves esto?

Hay un imaginario, que tiene cierto fundamento pero creo que equivocado, de que la productividad es algo negativo. Alguien en Twitter me dijo: ‘Cada vez que me hablan de productividad siento que me están por embromar’. Esa idea se explica porque, cuando hubo un aumento muy fuerte de la productividad en la Argentina, en los años 90, eso fue contemporáneo al aumento del desempleo y también porque es un tópico que suele estar mucho más en la agenda de los empresarios y del neoliberalismo que del progresismo o de quienes defienden los intereses de los trabajadores. Ahora, dicho esto, no hay ningún proceso de movilidad social ascendente sostenible, de mejora de vida de las mayorías, sin aumento de la productividad. 

El mayor proceso de generación de clases medias y de calidad de vida de los trabajadores que se dio en la historia del capitalismo, que fue en la segunda posguerra con la generación de los estados de bienestar, particularmente en Europa, fue de la mano de un fenomenal incremento de la productividad. Es lo que genera las condiciones de posibilidad de eso. Es muy difícil que vos puedas tener salarios altos con productividad baja, tarde o temprano te explota la economía. 

Si tengo una gran productividad, puedo ser competitivo y exportar aun con salarios altísimos

El punto es cómo se distribuyen los frutos de esa productividad.

Sí, porque si se distribuyen bien los frutos de esa productividad salen ganando el empresario y el trabajador, pero eso no ocurrió en la Argentina en los 90. Insisto con esto: no existe ningún proceso de mejora de calidad de vida si no mejora la productividad. Siempre que crece, la Argentina necesita importar algunas cosas porque la gente quiere cambiar el celular, el auto, irse de vacaciones a Brasil, y todo eso implica dólares. Esas importaciones se pueden financiar con deuda externa, que ya sabemos cómo nos va, y de forma genuina con exportaciones. Para competir necesito generar una ecuación de costos que me dé. Si soy muy poco productivo la forma de compensar es con bajos salarios. Pero si tengo una gran productividad, puedo ser competitivo y exportar aun con salarios altísimos. Ese es el modelo, por ejemplo, de Alemania. 

El salario mínimo cayó 9% en términos reales en 2020 y en los últimos tres años acumula un retroceso del 29%. ¿Crees que podría haber una recuperación en 2021? o, en todo caso, de qué depende que eso suceda. 

El salario mínimo es un salario testigo, yo miraría el mediano, que cayó menos que el 9% en términos reales en 2020. Pero está clarísimo que hubo dos años muy malos para el salario como 2018 y 2019. 2020 también fue negativo, más que nada porque hubo muchísima gente que perdió transitoriamente el trabajo, sobre todo en el sector informal. Lo importante en lo que tiene que ver con el bolsillo es no sólo el salario sino cuánta gente está ocupada. Creemos que recuperar el salario y el empleo es algo que va a ocurrir en 2021, en la medida en que la economía continúe creciendo.  

Que el salario crezca es fundamental en un país como la Argentina, en el que más del 60% de la economía es el consumo. Eso puede gustarte o no, pero es una realidad. Que el consumo tenga un componente que sea muy importante en la Argentina hace que cuando crecen los salarios y el empleo se mueva mucho la rueda de la economía. Más consumo es más venta de las empresas y por lo tanto más actividad económica. 

Que el salario crezca es fundamental en un país como la Argentina, en el que más del 60% de la economía es el consumo.

¿Están dadas las condiciones, entonces, para que se cumpla la estrategia oficial de crecer por la vía del consumo?

En la Argentina el consumo es el principal motor de la actividad económica. Es muy raro en la historia argentina encontrar un año en que la economía crezca con el consumo cayendo. Incluso muchas veces la inversión tiende a ir de la mano del consumo. La inversión es otro gran motor de la economía y del potencial productivo del país y acá hay varias miradas respecto de qué determina la inversión. 

El Gobierno anterior tendió a pensar que se movía mayormente por la confianza y por las expectativas, por eso habló de la mejora del clima de negocios, arregló con los fondos buitres y consideró que eso iba a traer una lluvia de inversiones, lo que no terminó ocurriendo. Si uno mira la historia, en general la inversión tiende a mejorar cuando está mejorando otros componentes de la economía. Es muy difícil que un inversor invierta si no ve demanda. 

¿El clima de negocios no es importante?

Sí, esto no significa que no importe la confianza. Si los empresarios perciben que el aumento del consumo es insostenible o que la situación va a ser mala difícilmente inviertan tanto, pero hay que dejar de pensar que consumo e inversión tienden a ser antagónicos cuando en realidad el único año de los últimos 70 en que cayó el consumo y subió la inversión fue en 1960, con Frondizi. Obviamente la Argentina no se puede quedar sólo con el motor del consumo, porque aparece siempre el problema de la falta de dólares, y ahí es donde es necesario exportar más. 

Hay que dejar de pensar que consumo e inversión tienden a ser antagónicos cuando en realidad el único año de los últimos 70 en que cayó el consumo y subió la inversión fue en 1960, con Frondizi.

¿Cuánto se recuperó la actividad desde el inicio de la pandemia? 

2020 es un año signado, además de por la pandemia, por la palabra heterogeneidad. Abril fue un mes dramático, con una caída récord de 26% de la actividad. Desde entonces la economía argentina empezó a recuperarse, pero esa recuperación fue muy heterogénea. Hubo sectores que se recuperaron muy rápido e incluso igualaron o superaron los niveles prepandemia, como la industria o la construcción. Pero hay otros sectores que siguen en niveles de actividad mínimos como el cine, el teatro. Después hay una situación intermedia de ramas que estuvieron muy afectadas gran parte del año y en los últimos meses empezaron a mejorar bastante, pero todavía no están en niveles prepandemia, como el turismo. 

¿Se ve, en el nivel de actividad, el efecto de una segunda ola de contagios?

La segunda ola no implicó grandísimas restricciones, sólo la limitación de algunos horarios en el sector gastronómico. Si te guias por los primeros indicadores que hay, no parece haber un claro impacto para nada. Lo que se va viendo en enero en la industria es bueno. En el CEP tratamos de ver en tiempo real el consumo de electricidad de las principales plantas. Vemos un enero que estamos creciendo contra el año pasado en dos dígitos. No está cerrado el mes y esto puede cambiar, pero hasta el 20 de enero la industria estaba creciendo arriba del 10% contra enero de 2020, antes de la pandemia. 

¿Por qué?

Creo que hay varias plantas que están recuperando el terreno perdido, en la siderurgia está pasando mucho eso, y también es posible que no haya tantas parada de plantas o vacaciones como en otros años. Lo cierto es que si uno se guía por los primeros datos que hay de enero, me inclinaría a pensar que sigue la recuperación.

DT

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