El Festival de Venecia pone la alfombra roja al cine de Netflix y Hollywood

Adam Driver, protagonista de la película que inaugura el festival, a su llegada a Venecia

Javier Zurro

Venecia —

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Hace cinco años, el mundo de los festivales de cine se dividió en dos. Todo ocurrió en mayo de 2017, cuando el Festival de Cannes permitió luchar por la Palma de Oro a dos películas de Netflix, Okja y The Meyerowitz stories, de Bong Joon-Ho y Noah Baumbach, dos de los habituales nombres del circuito del cine de autor. Los distribuidores franceses pusieron el grito en el cielo y pidieron al festival que no permitiera competir por el premio más prestigioso que existe a una película que no fuera a estrenarse en salas. Cannes es importante para los cines franceses, y pensar en una Palma de Oro que no pasara por taquilla, alteraba un sistema que siempre ha defendido las salas frente a internet y las plataformas.

Los grandes festivales de cine suspenden en paridad, tanto en las películas a concurso como en palmarés

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La polémica, que hasta se trasladó a un jurado presidido por Pedro Almodóvar, se convirtió en el asunto que todos los festivales tuvieron que abordar rápidamente. En Cannes se plantaron y decidieron que para que Netflix (o cualquier otra plataforma) compitiese por la Palma, tenía que aceptar estrenar antes en cines tradicionales. En aquellos momentos, eso suponía en Francia no poder estrenar en internet hasta 36 meses después. Por supuesto, Netflix se negó y también tensó la cuerda diciendo que si no iban a competición, no irían tampoco fuera de concurso a pasear sus estrellas y proyectos más ambiciosos.

El Festival de Venecia vio en esta división una oportunidad. Si Cannes se negaba a aceptar a Netflix, quedaban libres muchos de los títulos más potentes del año que podrían ir a su certamen. Una oportunidad que llegaba en un momento clave. Toronto empezaba a robarle títulos importantes y Telluride cogía cada vez más fuerza. En esa situación, la Mostra decidió que cualquier película podía competir sin exigencias de salas o ventanas de exhibición. El resultado se notó al instante. En 2018 ganó Roma, de Alfonso Cuarón, el año siguiente allí se pudo ver Historia de un matrimonio —que luego sería una de las favoritas al Oscar— y el curso pasado, tras la pausa de Netflix en 2020 por la pandemia, fue Jane Campion quien inició allí su carrera con El poder del perro.

Venecia se rindió a Netflix. Se convirtió así en un festival que sirve de plataforma de lanzamiento para la temporada de premios que concluye con los Oscar. Para Roma, fueron clave las críticas unánimes en el Lido. Igual que para Joker, que ganó de forma sorprendente el León de Oro; o para El poder del perro. No solo Netflix ha visto que Venecia es el mejor comienzo posible para su estrategia en busca del Oscar, sino que el resto de estudios lo saben y muchos colocan aquí sus apuestas cinéfilas y adultas en busca de premios y críticas. Eso sí: hay títulos que se le resisten. Ni Steven Spielberg ni Sam Mendes estarán en Venecia este año. Son vacas sagradas a las que competir (y perder) puede perjudicar en vez de beneficiar y cuya repercusión internacional está asegurada sin necesidad de festivales.

Mucho Netflix, pocas mujeres

Al ver la Sección Oficial del festival de Venecia de este año queda claro que, de nuevo, Alberto Barbera —director del certamen— ha colocado la alfombra roja a Netflix y al cine de Hollywood. De las 23 películas que compiten por el León de Oro, hay cuatro de Netflix. La plataforma desembarca con tres de sus apuestas para los Oscar, White Noise, la adaptación de la novela de Don DeLillo dirigida por Noah Baumbach; Bardo, el regreso de Alejandro González Iñárritu a la dirección y a México; y la polémica Blonde, adaptación del libro sobre Marilyn Monroe de Joyce Carol Oates, que lleva años buscando su estreno y que ha hecho que el director, Andrew Dominik, se pelee de forma abierta por estrenar su corte del filme. Además, Athena, producción francesa de Romain Gavras (hijo del director griego Costas Gavras).

Diez de las películas a competición son angloparlantes. El dominio del cine en inglés es apabullante y deja muy poco hueco para otras cinematografías. Si a eso se suman cuatro producciones francesas y otras cuatro italianas, el resto de espacio para el cine que muestre otras culturas e industrias es escasísimo. Entre las diez producciones en inglés, hay varias que quieren comentar aquí el ruido de cara a los Oscar. Se espera con ganas The Son, de Florian Zeller, que tras el éxito de The Father, con la que logró el Oscar al Mejor guion adaptado y al Mejor actor para Anthony Hopkins, y que vuelve a adaptar otra de sus obras de teatro.

Otra de las películas más esperadas es The Whale, regreso de Darren Aronofsky tras el batacazo de Mother. Una película rodada en un solo escenario que también adapta una obra de teatro y que tiene a Brendan Fraser como absoluto protagonista. Los gurús de los premios tienen todas sus miradas puestas en Fraser, que podría colocarse como favorito para el premio de la Academia tras años alejado de los grandes papeles. También tienen su lupa puesta en Cate Blanchett, que con TAR puede comenzar su lucha por su tercera estatuilla. Un filme con el que Todd Field vuelve tras 16 años sin dirigir y que ha realizado por y para la estrella.

Blanchett ya sabe lo que es ganar la Copa Volpi, como también lo sabe Penélope Cruz. La logró el año pasado con Madres Paralelas y quiere otra este año con L’Inmensitá, con la que vuelve a rodar en italiano. No será la única presencia de la actriz, que en la sección paralela Orizzonti presentará En los márgenes, debut en la dirección de su amigo Juan Diego Botto con un drama sobre desahucios que ella misma produce. Será la única presencia española junto a la de Carla Simón, que en las 'Jornadas de los autores' presentará un cortometraje sobre la maternidad producidlo por la marca Miu Miu, que desde hace más de diez años ofrece a directoras internacionales la posibilidad de rodar pequeños trabajos. 

Mucho Netflix, pocas mujeres

La presencia de mujeres en la Sección Oficial sigue siendo baja y casi testimonial. Cinco lucharán por el León de Oro. Hay casi la misma cantidad de títulos de Netflix que de directoras. Mati Diop, con Saint-Omer; Joanna Hogg, con The Eternal Daughter; Susanna Nicchiarelli, con Chiara, Rebecca Zlotowski, con Los hijos de otros y Laura Poitras, con el documental All the Beauty and the Bloodshed, intentarán ser la tercera mujer consecutiva en ganar el premio máximo. De las 3.667 películas que se han presentado al Festival, 2.517 estaban dirigidas por hombres (un 68,8%), mientras que solo 1.097 (un 30%) estaban dirigidas por mujeres. Fuera de concurso se podrá ver la obra de otra mujer, Olivia Wilde, en lo que será uno de los momentos más polémicos de la Mostra por los rumores y cotilleos en torno a su Don't Worry Darling, que llevará a la estrella mundial Harry Styles —protagonista y pareja de la directora— a la alfombra roja.

Desde hace años, Venecia también dedica un espacio a las series de televisión. No compiten por el León de Oro —de momento, nadie se ha atrevido a dar ese paso— pero sí que se incluyen en su Sección Oficial fuera de concurso. En esta ocasión, son dos series dirigidas por dos grandes nombres del cine de autor europeo. La primera es The Kingdom: Exodus, tercera entrega años después de la serie de Lars Von Trier que en España se podrá ver de la mano de Filmin. Historia de terror que supone el regreso de uno de los enfant terribles de los festivales (llegó a ser declarado persona non grata en Cannes). El director, además, ha declarado hace poco que padece Parkinson, por lo que esta será su primera aparición desde la noticia. La otra serie es Copenaghen Cowboy, y la dirige otro director con la etiqueta de provocador. Se trata de Nicolas Winding Refn, autor de Drive, que vuelve a las series tras Too Old to Die Young, eso sí, cambia a Amazon por, cómo no, Netflix.

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