Se estrena la serie

“Moria”: biopic avalada por la diva que se hizo a sí misma y que, en los años 80, ya valoraba su propia inteligencia

En estos últimos meses imparable, prodigando energía y versatilidad, Moria Casán ha proseguido en el teatro con el suceso de la obra Cuestión de género y en la tevé conduciendo el programa La mañana con Moria, a la vez que participó en la realización de la serie biográfica –naturalmente–titulada Moria. Presentada a toda orquesta el martes pasado en el teatro Lola Membrives con asistencia del elenco, el equipo creativo y un nutrido grupo de referentes del espectáculo, esta producción propone 8 episodios de entre 27 y 45 minutos.

Javier Van de Couter (responsable del film Tesis de una domesticación, 2025; de la serie Cris Miró, 2024) es el director de Moria. Asimismo, coguionista junto a Martín Vatenberg y Donna Tefa Sanguinetti. Amén de MC en persona como presentadora y narradora, su propia hija Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth interpretan a la protagonista en distintos momentos de su vida privada y profesional. Del mismo modo, Micaela Riera y Leticia Brédice son las dos caras de Susana Giménez, en el transcurrir del tiempo. Entre otras tantas figuras que hacen sus entradas, cumplen con su cometido, y se marchan… Grandes intérpretes teatrales como Eugenia Alonso y Gabo Correa encarnan a la madre y el padre de la diva, mientras que sus sucesivas parejas están a cargo de Rafael Ferro, Marco Antonio Caponi y Joaquín Ferreira. Al actual partner de la One, Fernando “Pato” Galmarini lo hace otro excelente actor de la escena alternativa, Julián Calviño. Sebastián Rosso da vida a Alberto OImedo, y Hernán Giménez, a Jorge Porcel, entre otros muchos nombres que brinda la nueva serie.

Una chica como yo, que dice y hace lo que se le canta

Se podrán decir muchas cosas de Moria Casán: que es una desbocada, que a veces se pasa de castaño oscuro en sus dichos, incluso que se fue de mambo con el bótox, pero nadie podría negarle que es una mina trabajadora, salerosa, creativa, acuñadora de frases perdurables en el habla popular, muy capaz de tomarse el pelo en franco tren de parodia. Y si bien es cierto que al lado de la señora Mirtha es casi una péndex, ya va siendo hora de que nos preguntemos qué país le vamos a dejar a Moria Casán, cuya cabeza aggiornada y desprejuiciada le gana por varios cuerpos a la leyenda de los almuerzos.

Soy una ajedrecista de la dialéctica”, “Estas chicas tienen el síndrome de Cenicienta, viven en un mundo prestado”, “Gente que come mortadela y eructa caviar”, “Este es un país de cabotaje”, “Soy la hermafrodita del espectáculo”, “Fijate cómo se cuelgan de mis tetas”, “Te hace falta un chongo shock”, “Si querés llorar, llorá; si querés reír, reí”, “Yo soy el cotillón, vos, el papel picado

De ella, de Moria, como de la chispeante Mae West, otra avispada inventora de frases, se diría que siempre ha sido una personalidad que se impuso por sí misma, que hizo con ligeras variaciones el mismo personaje toda su vida en el teatro, el cine, las telenovelas; como conductora de programas de tevé, jurado del Bailando o siendo entrevistada por periodistas chimenteros o movileros.

Un raudo repaso a su CV nos recuerda que ella estuvo en las burdas comedias picarescas del sello Aries (con títulos que descollaban por zafios, pero que rendían en boletería) durante la Dictadura, además de participar en revistas junto a capocómicos estelares, según pasaran los años, como Adolfo Stray, José Marrone, Dringue Farías, Tato Bores, Antonio Gasalla, Alberto Olmedo…; que en la tele tuvo su Club Privado, sus Tretas de Moria; que la apodaron Monumental, que fue una impagable Rita Turdero, que varios políticos se arrimaron A la Cama con Moria; que fue Con pecado concebida, seudo monja en esa insólita novela. Que fundó una playa nudista en Mar del Plata bautizada Franka, que se dio el gusto de tener su propio restaurante.

Que, sobre las tablas, aparte de incontables revistas, como inspiradacomediante estrenó en 1991 –junto a otras cuatro figuras– la inoxidable obra Brujas, gran suceso que se reestrena cada tanto en este siglo, con Moria y Nora Cárpena inamovibles.

Más recientemente, ella fue el mismísimo Julio César shakespeariano acompañada de variopinto elenco, y antes, en 2009, enfermera improbable en Una visita inoportuna, pieza de Copi, junto a Jean-François Casanova. ¿Quién da más? Bueno, probablemente se pueda argüir que la propia Moria –mejor rodeada en sus emprendimientos, con un poco de preparación formal (aparte de la práctica)– habría rendido todavía más.

Pero en ese caso, quizás habría perdido parte de su frescura salvaje, de su natural indómito, de su lengua, que ella denominó certeramente “karateca”.

“Soy una ajedrecista de la dialéctica”, “Estas chicas tienen el síndrome de Cenicienta, viven en un mundo prestado”, “Gente que come mortadela y eructa caviar”, “Este es un país de cabotaje”, “Soy la hermafrodita del espectáculo”, “Fijate cómo se cuelgan de mis tetas”, “Te hace falta un chongo shock”, “Si querés llorar, llorá; si querés reír, reí”, “Yo soy el cotillón, vos, el papel picado”. Voilà algunas expresiones de la polifacética MC que desde el año pasado está arrasando en el teatro Metropolitan como protagonista de

Cuestión de género (Drôle de Genre), de la joven dramaturga francesa Jade-Rose Parker -también actriz, novelista y compositora-, obra que en París protagonizara con mucho éxito Victoria Abril. Casán encarna a la mujer de un político en campaña que, un mal día, recibe un diagnóstico de cáncer yse lo cuenta a su marido, que se encrespa: sucede que dicha enfermedad afecta a la próstata de esa esposa trans que nunca le confió a su esposo que en una vida anterior había sido un varón. Aquí valdría recordar –y recomendar– por libre asociación un gran film de David Cronenberg, M. Butterfly, 1993, inspirado en una pieza teatral del mismo nombre, basada en hechos reales: un francés, en la embajada de Francia en China, se enamora perdidamente de una diva de la Ópera de Pekín, sin advertir que se trata de un espía trans; la relación dura varios años hasta que el francés en cuestión se entera de la sorprendente verdad cuando la cantante es juzgada por espionaje (la pareja de Jeremy Irons-John Lone, imposiblemente más atractiva).

Tornando a Cuestión de género, el marido gruñón que se las da de defensor de derechos de las minorías, no puede bancarse la revelación, quiere separarse. Para colmo, llega –con su novio– la hija adoptada de la pareja que desea conocer a sus padres biológicos… Un público mayoritariamente femenino de diversa edad ríe y aplaude encantado cada vez que Moria, en conexión inmediata con la platea, dice un bocadillo o meramente pestañea.

En aquellos días de 2025, MC pasó alegremente del escenario de la calle Corrientes al de estadio de Vélez, en uno de esos shows multitudinarios de Lali Espósito, la idolatrada cantante, actriz, compositora, emprendedora. Una suerte de amiga, hija, nieta de Moria, acaso menos respondona pero con gran sentido del humor y compartiendo con la autodenominada One una sincera simpatía por la comunidad LGBT+. Una posición que Lali ha reafirmado en sus letras y en sus declaraciones, además de dar fe de otro compromiso en 2018: “Tengo un interés real de ser cada día más feminista, o lo mejor que pueda... Estoy a favor de la interrupción voluntaria del embarazo”. Ambas artistas dueñas de un carisma popular sin duda irresistible.

En 2023, Lali, con el alborozado permiso de Moria, incluyó en su disco Lali el tema ¿Quiénes son?, aludiendo a la frase que MC ha dedicado recurrentemente a los haters, su voz intercalada en la grabación.

En el video de dicho tema se cita el libro visual Memoria Trans. Y en el mentado recital, Espósito, con la canción de fondo, recibió a Casán, enfundada en brillos de pies a cabeza descendiendo majestuosa de una escalera, aclamada por 45 mil personas (otra mayoría de mujeres). Monumental Moria y Diminuta Lali se abrazaron. Moria se achicó, Lali se agrandó, quedaron de igual a igual mientras se escuchaba: “Placer, placer, placer, atravesar generaciones”, entre otros modismos casanianos: “Estoy en un museo y estoy viva”, “Ni un te odio ni un te quiero… Mejor shhh”. Y también un toque de Tita Merello (con letra del genial Ivo Pelay): “Que si fumo, que si vivo, que si digo, que si beso…” Y aquella invaluable admonición al público que arengaba en ShowMatch: “Que se calle el decorado”.

Y sí, esa Moria Casán que estaba allí respaldando a Lali Espósito –la cantante pop ahora más cerca del rock a la que no amedrentan presidentes lenguaraces– es básicamente la misma persona a quien entrevisté hace 43 años, en 1983 para el suplemento La Mujer del diario Tiempo Argentino (el original), que me recibió con suma cordialidad en su casa. La misma que confiaba en su inteligencia, la que desbordaba sentido del humor, la que sabía que la verdadera belleza era una actitud. La que conversaba mimosa con sus lolas en el escenario, improvisando un festejado monólogo que no firmaba. Ni falta que hacía, porque en esas fechas, el público que ya la había consagrado como superestrella de la revista sabía que la muy exitosa vedette tenía –más allá de su natural vis cómica– letra propia.

MS/MG