“Ni Lula ni Bolsonaro”, las terceras opciones para las elecciones en las calles de Brasil

Giuseppina D'Alberti, 73 años, taxista paulista, el 28 de septiembre en São Paulo

Ayelén Oliva / Enviada especial

São Paulo (Brasil) —

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A pocas horas de las elecciones en Brasil de este domingo, en la esquina de la sede del Tribunal Regional Electoral de São Paulo, el taxi que conduce Giuseppina D'Alberti se detiene para dejar bajar a un pasajero. Esta conductora, de 73 años, es una rareza política entre los taxistas. Primero, porque no es hombre. Pero además, porque dice que no votará por Jair Bolsonaro.

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“Bolsonaro no es confiable, es una persona que no tiene conciencia, es el peor de todos”, dice. Pero tampoco le dará su voto a Luiz Inácio Lula da Silva sino a “una mujer”. La elegida es Simone Tebet, cuarta en las encuestas con el 5% en intención de voto, candidata por Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el partido del expresidente Michel Temer.

El caso de Giuseppina cruza muchas de las variables que marcan el pulso en esta elección. Según el corte generacional, la distancia que separa a Lula de Bolsonaro entre las personas mayores de 60 años es de un 9%, mientras que entre los votantes menores de 24 años el porcentaje suba al 30% a favor del candidato del Partido de los Trabajadores de Lula. Bolsonaro se ubica encima de Lula entre los que cobran mejores salarios, a partir de las clases medias que reciben entre dos y cinco salarios mínimos al mes. En la región del Sudeste, donde está ubicada São Paulo, Bolsonaro supera a Lula con el 41%.

Pero para Giuseppina, la condición de género pesa más que la edad, la ciudad o la clase social. “La mujer es más concienzuda. Una mujer nunca va a hacer alguna cosa mala por causa del dinero”, dice. Entre las mujeres, Bolsonaro consigue pocos apoyos: solo el 29% de ellas dice que votaría por él, mientras que Lula consigue el 49% del respaldo. “El hombre es más corrupto. Por honesto que sea, siempre tiene un precio. Ni Lula ni Bolsonaro”.

Giuseppina D'Alberti, de padres italianos, nació en Francia, pero llegó a Río de Janeiro con tres años, en 1953. Según cuenta, su padre salió de Italia escapando de Cosa Nostra, la principal organización criminal de Italia, en la que estaba implicado. En 1965, la familia decidió mudarse a la ciudad de São Paulo. Pero a los pocos años, su padre abandonó a su madre, a ella y a sus dos hermanos para formar una nueva familia en Paraná, en el sur de Brasil, donde tuvo otros cinco hijos. Giuseppina volvió a ver a su padre recién siete años después del abandono, pero nunca logró recomponer la relación.

Las mujeres no han llevado un papel protagonista en esta elección. De 11 candidatos, solo cuatro son mujeres. Entre las candidatas a vicepresidentas, solo cuatro se postulan para ese cargo entre siete varones. Y ni Lula ni Bolsonaro llevan a una mujer en la fórmula electoral. De cualquier modo, las terceras y cuartas opciones no han tenido demasiado lugar en esta campaña. Entre Lula y Bolsonaro concentran el 80% en intención de voto.

En la vida de Giuseppina, su madre es la que sacó a sus hijos adelante y su padre un hombre que vivió escapando y robando dinero. Pero no le gusta cualquier candidata por ser mujer.

Giuseppina, una trabajadora de clase media paulista, mujer entre un mar de hombres, con una cruz colgada en el espejo retrovisor de una iglesia en la que no cree, fervorosa defensora de las mujeres en un país donde la primera presidenta mujer llegó de la mano del Partido de los Trabajadores, dice: “¡No! Dilma no me gusta. Esa mujer fue un error. Fue puesta ahí para tapar el agujero de Lula”.

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