ENTREVISTA Presidente de Cuba

Miguel Díaz-Canel: “Trump busca la asfixia de Cuba para que haya un estallido social y tenga el pretexto para intervenir”

Andrés Gil

Enviado especial de elDiario.es a La Habana —

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Miguel Díaz-Canel (1960), el presidente de Cuba, está al frente de un país de algo menos de diez millones de habitantes, a 90 millas de Florida. Desde la Revolución de 1959, Cuba ha estado en el punto de mira de todas las administraciones estadounidenses. Pero ahora la situación es particularmente extrema y tensa, hasta tal punto que hay quien la compara con la crisis de los misiles (1962), a raíz del recrudecimiento del bloqueo estadounidense con una asfixia energética y sanciones secundarias a las empresas que traten con entidades estatales cubanas. Esa última vuelta de tuerca, del pasado 1 de mayo, llevó a que, desde esta misma semana, ya no se pueda pagar con Visa o Mastercard en Cuba, y a que empresas hoteleras españolas como Iberostar y Meliá hayan decidido abandonar sus hoteles en la isla después de varias décadas en el país.

El cerco que vive Cuba se siente en el día a día del país, en los cortes de luz y de agua que generan problemas para las comunicaciones, calles sin semáforos, basuras sin recoger, calzadas sin tráfico, y hospitales sin poder operar con normalidad. Y cada día que pasa la situación es más crítica, porque es un día más de bloqueo, pesa la incertidumbre y se agudiza el sufrimiento de una población que ve cómo se acercan los meses de más calor sin ventiladores para pasar la noche y teniendo que cocinar con carbón.

En ese contexto, el presidente de Cuba recibe a elDiario.es en un salón de la Presidencia de la República convertido en un jardín evocador de los tiempos de la lucha en la selva, con plantas y rocas traídas de Sierra Maestra, diseñado por Celia Sánchez, combatiente de la Revolución comandada por Fidel Castro.

“Invadir Cuba costaría vidas cubanas, costaría cientos de miles de vidas cubanas, pero también le costaría al invasor grandes pérdidas humanas en todo tipo de casos”, afirma el presidente cubano sobre la hipótesis de un ataque estadounidense con el que amagó en las últimas semanas el presidente norteamericano, Donald Trump.

—En estos días en Cuba pudimos visitar escuelas, hospitales, campos de arroz y pudimos ver cómo afecta ese bloqueo a las personas, también las más vulnerables. Ante esa situación, ¿qué puede hacer el gobierno y usted como presidente para mejorar la vida de la gente?

—El bloqueo hoy es brutal, criminal, es algo que no merece el pueblo cubano. La mayor crudeza del bloqueo es su permanencia en el tiempo, son más de 60 años y el mayor cinismo es cómo ese bloqueo está acompañado de una narrativa que trata de invisibilizar al verdadero culpable y que trata de transformar esa realidad echándole la culpa a lo que ellos han llamado el Estado fallido. Lo que estamos viviendo es una acumulación de los efectos del bloqueo, teníamos otras posibilidades para sobrevivir, avanzar y trabajar.

Pero después de 2019, el bloqueo adquirió una cualidad diferente cuando la Administración Trump impone 240 nuevas medidas: se potencia la persecución financiera, petrolera y nos incluye en una lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo, lo que te corta todas las posibilidades de acceder a créditos, y se hace muy difícil la relación con las agencias financieras a nivel internacional.

En medio de toda esa situación, vino la COVID y Biden, una Administración demócrata, mantuvo las mismas condiciones de bloqueo recrudecido. Y, ahora, esta segunda etapa de Trump ha sido sumamente agresiva hacia Cuba, sobre todo en los últimos meses.

Ya cuando se teje el bloqueo contra Venezuela, cuando se incrementa la presencia militar en proporciones inusuales en los últimos diez años en el Caribe y se bloquea a Venezuela, deja de entrar combustible. Estamos hablando de diciembre del pasado año. Después vino toda la operación mediática para agredir a Venezuela, el secuestro y la extracción del presidente y su esposa para juzgarlo ilegalmente en una corte norteamericana.

—Y llega la primera orden ejecutiva.

—El 29 de enero Trump declara el bloqueo energético a Cuba, y el 1 de mayo firma otra orden ejecutiva que internacionaliza el bloqueo con el concepto de las sanciones secundarias, donde pueden ponerle sanciones a los que vayan a tener una relación con Cuba y a los que ya la han tenido: ya no es solo contra ciudadanos norteamericanos o contra empresas norteamericanas, es contra empresas o ciudadanos de cualquier lugar del mundo.

Ese recrudecimiento acumulado, además, ha llevado a una política que tiende a buscar la asfixia para que haya una ruptura en el seno de la sociedad cubana, para que haya un estallido social y un pretexto para intervenir con un relato que invisibiliza a los verdaderos culpables.

Vamos a hablar de la producción de alimentos: no hay fertilizantes, no hay plaguicidas, no hay insumos para la agricultura, no hay combustible para la maquinaria agrícola, no hay medicamentos para los animales. Estamos haciendo uso de la ciencia y la innovación, utilizando las técnicas agroecológicas, tenemos que depender más de la tracción animal. Y hoy tenemos sembrado un área de tierra de cultivo superior a la de los últimos 15 años.

Pero hay menos rendimiento, cuesta más trabajo producir, nos afecta también el transporte. Por ejemplo, hoy nosotros tenemos en puerto un barco con más de 15.000 toneladas de arroz, eso nos da para distribuir tres libras de arroz per cápita durante este mes a toda la población de Cuba. Pero ahora no tenemos cómo trasladar de manera inmediata lo que le corresponde a cada provincia por los problemas de logística afectados por el transporte.

Hoy cuesta más trabajo que alguien nos quiera vender trigo para el pan de todos los días, y comprar en el mercado internacional leche en polvo para los niños.

—La sanidad, uno de los pilares del país, también se está viendo golpeada.

—Tenemos un sistema de salud robusto que durante años ha demostrado su efectividad, somos capaces de compartir servicios médicos con otros países, de formar médicos de manera gratuita para estudiantes de otros lugares del mundo. Incluso estudiantes norteamericanos de medicina se han graduado en Cuba. Y hoy nuestros hospitales no tienen la energía que necesitan por los apagones.

Por lo tanto, hay una lista de espera para operaciones quirúrgicas de más de 100.000 pacientes, y entre ellos hay más de 12.000 niños. Fíjate qué impacto más criminal del bloqueo. Nuestros médicos, nuestro personal de enfermería, llega por las mañanas a cumplir con su deber humanitario ante sus pacientes, tal vez habiendo tenido una noche de muy mal dormir por los apagones o porque, si por la madrugada en sus casas hubo energía, era el momento que tenían que aprovechar para hacer todo lo que tienen acumulado en la casa, y también les cuesta trabajo moverse en transporte, porque el transporte público está limitado por la falta de combustible. Pero llegan y atienden a sus pacientes.

—Todo eso está teniendo un impacto en algunos indicadores de salud.

—Nosotros siempre hemos tenido una tasa de mortalidad infantil que compite con la de los países más desarrollados. Esa tasa de mortalidad infantil, que en otros momentos era de cuatro y tantos, incluso llegó a ser de 3,6 [por cada mil nacidos vidos], ahora está duplicada, situándose en décimas por encima de nueve. Y sigue siendo una tasa competitiva a nivel internacional, pero no es a la que nosotros estamos acostumbrados.

Nosotros tenemos programas de atención a niños con cáncer que son muy efectivos y están limitados por la falta de medicamentos o por insumos, y, por lo tanto, la supervivencia de esos niños que padecen cáncer disminuye.

En los últimos meses, con enorme esfuerzo, a partir de la exportación de servicios médicos y de tecnologías biotecnológicas de nuestra industria farmacéutica, hemos logrado producir una determinada cantidad de medicamentos. En estos momentos tenemos más o menos el 50% de lo que hemos producido en los últimos meses que no hemos podido llegar a distribuir hasta los últimos confines del país, a los que van dirigidos esos medicamentos, precisamente por las afectaciones logísticas que hay por la falta de combustible.

A pesar de tener medicamentos producidos por nosotros, no llegan a la población, que está afectada en más de un 67% en el cuadro básico de medicamentos.

Todo esto también tiene un reflejo en la economía, en la logística, en el transporte, en los procesos productivos y en los procesos de servicio.

Hay una reducción del turismo porque han ido contra las agencias turísticas, las han presionado. Hay muchas agencias que se están retirando del país en contra de su voluntad por las presiones que han recibido. La falta de combustible impide que las líneas aéreas puedan llegar a Cuba y puedan ser abastecidas sus aeronaves para el vuelo de regreso. Y todo eso ha limitado el turismo, que era una de nuestras principales fuentes de ingresos.

Todo esto provoca una contracción en la oferta para la población y la inflación da menos posibilidades para que nuestro pueblo pueda satisfacer sus necesidades. Pierde valor adquisitivo el salario, la relación entre salario y precios se descompensa mucho. Esto genera determinados sentimientos de frustración y de cansancio en la gente.

—¿Y cómo afronta eso?

—Un elemento básico es el cambio de la matriz energética. Estamos en un proceso de transición energética. El año pasado logramos aumentar la participación de las fuentes renovables del 3% al 10%, con más de 1.000 megavatios de potencia en los parques fotovoltaicos, que está generando más del 48% de la electricidad durante el día y, en ocasiones, llega al 50%.

Por otra parte, hemos ido recuperando potencia que no estaba disponible en las termoeléctricas con la generación distribuida [pequeñas instalaciones] con más de 1.000 megavatios que podrían estar generando electricidad y disminuyendo los niveles de apagones, pero que no funcionan porque no hay el combustible necesario para eso.

Tenemos que vivir de nuestra fuente de energía, el crudo nacional, y con él funcionan nuestras termoeléctricas. Ese crudo es pesado y hemos aplicado ciencia e innovación para refinarlo. Si ahora incrementamos la producción de crudo nacional podremos tener también unos excedentes para la generación térmica y otros procesos de la economía.

Por otra parte, vamos implementando el uso de la biomasa y del biogás. Y no renunciamos al derecho que tenemos de adquirir combustible en el mercado, que está muy restringido porque han hecho enormes presiones. Los gendarmes del aparato de gobierno norteamericano, cada vez que se enteran de que un barco viene con intenciones de llegar a Cuba, hacen presión.

Solo ha llegado en más de cinco meses un barco ruso, y durante 15 días cambió la situación energética, lo que demuestra que no somos un Estado fallido. Un Estado fallido no podría estar sobreviviendo en medio de esta situación ni podría mostrar que cuando tiene recursos puede hacer las cosas de una manera distinta.

También hemos introducido cambios en nuestras maneras de comercialización. Hemos abierto la importación de combustible para el sector privado. Pero el sector privado cubano solo ha podido, en estos meses, importar alrededor de 27.000 toneladas de combustible, de ellas 6.000 toneladas de gasolina y 21.000 de diésel. Las 6.000 toneladas de gasolina representan menos de la mitad del consumo que necesita el país en un mes, y las 21.000 toneladas de diésel son una semana de generación eléctrica.

El cerco es tan brutal que no llega el combustible que necesitamos, pero no nos vamos a rendir.

—Hablaba de la última ronda de sanciones, la del 1 de mayo. A mí me ha pasado esta mañana en el hotel que he ido a pagar una consumición en la cafetería y ya no ha pasado la tarjeta de crédito.

—Hoy se ha anunciado que la entidad que trabajaba las tarjetas de crédito se retira del país.

—Y esta semana también hemos sabido que Iberostar y Meliá se retiran del país. ¿Qué espera del Gobierno español y de la Unión Europea ante dos referentes del turismo español que se van de Cuba como consecuencia de las sanciones de EEUU?

—Han estado mucho tiempo apostando por Cuba, han trabajado a brazo partido con nuestras entidades turísticas, son empresarios a los cuales les tenemos mucho respeto y se están yendo en contra de su voluntad.

De la misma manera que ellos han podido desarrollar sus negocios en Cuba, también han traído un aprendizaje para las partes cubanas del turismo. Y por eso nosotros tenemos una planta hotelera, a partir de las inversiones que hizo el país y que se puede utilizar hoy, por ejemplo, mediante activos, para compensar deuda o hacer negocios.

Pero, por otra parte, hay un aprendizaje, una formación profesional de nuestra gente.

Habrá hoteles que tendremos que operar, y estamos planteando modalidades de negocio diferentes, con cubanos que quieran invertir y administrar hoteles. Estamos abiertos a eso, y a personas de otros países o entidades que no tienen cuentas en EEUU ni dependencia de EEUU, y que están dispuestos a trabajar con Cuba. Hemos ofrecido esta posibilidad de negocio a los cubanos residentes en el exterior. Estoy seguro de que muchos van a regresar a Cuba a seguir los negocios, pero no será nada fácil por la terquedad con que se ha manifestado la Administración norteamericana tratando de frenar el desarrollo turístico de Cuba, que sabe que es una fuente de ingreso.

[Iberostar y Meliá] han estado mucho tiempo apostando en Cuba, han trabajado a brazo partido con nuestras entidades turísticas, son empresarios a los cuales les tenemos mucho respeto por el apoyo que siempre han tenido y se están yendo en contra de su voluntad

Desde las primeras medidas de la primera Administración Trump estaba planteado que si un europeo visitaba Cuba le retiraban automáticamente el ESTA [programa de excención de visado]. Eso no se lo hacen a nadie en el mundo, son medidas que solo han diseñado para Cuba, para ahogarnos, para asfixiarnos. Por eso te hablo de la crueldad que tiene ese bloqueo por su intensidad y además por su permanencia prolongada en el tiempo.

Nosotros tenemos una relación excelente de trabajo con la Unión Europea, con un acuerdo de diálogo político y de cooperación que funciona. Varios países europeos, entre ellos España, con sus agencias de desarrollo y cooperación internacional, han financiado proyectos en Cuba. Y la Unión Europea es uno de los principales socios comerciales de Cuba.

Hoy España es uno de los países más importantes en las relaciones comerciales con Cuba. Nos unen tradiciones, historia y lazos familiares. El Gobierno español ha sido muy respetuoso con Cuba, y la Unión Europea, en su mayoría, siempre ha apoyado la resolución cubana en Naciones Unidas contra el bloqueo, y yo creo que ahora también la Unión Europea y España tienen que comprender que el bloqueo no solo afecta a Cuba, que el bloqueo está afectando a ciudadanos españoles, a ciudadanos europeos, a empresarios y a entidades europeas y españolas.

Los bancos españoles y los bancos europeos no pueden tener relaciones con Cuba, hoy a un turista español le cuesta más trabajo llegar a Cuba, y los inversores europeos o españoles tienen que afrontar trabas coercitivas y presiones.

A ningún país en el mundo le corresponde el papel de ser el gendarme mundial ni de ser el que tenga los designios sobre el resto de los países. Por lo tanto, la Unión Europea y la propia España tienen que afrontar esto y tienen que proteger a su empresariado, a sus ciudadanos. No pueden permitir que les impongan leyes extraterritoriales desde otro país contrarias a las propias concepciones que están en las constituciones europeas y en la Constitución española.

La UE y España tienen que afrontar esto y tienen que proteger a su empresariado, a sus ciudadanos. No pueden permitir que les impongan leyes extraterritoriales desde otro país a las propias concepciones que están en las constituciones europeas y en la Constitución española

—Hubo una declaración en el pasado mes de abril, en la IV Cumbre de la Democracia en Barcelona, contra la intervención militar en Cuba, en la que participaron España y otros países latinoamericanos.

—Fue un momento de apoyo de España, que ha hecho alguna donación de ayuda humanitaria en estos momentos.

—Usted hablaba ahora de esa primera Administración Trump, que introdujo la limitación del ESTA y que supuso un cambio radical con respecto a la Administración Obama, que fue de las que más se abrió recientemente a Cuba. De hecho, una de las consecuencias de aquellas sanciones de Trump fue que EEUU no suministrara respiradores a Cuba durante la pandemia.

—Trump recrudece el bloqueo en el segundo semestre del 2019 y en enero del 2020 nos incluye en la lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo. Y Biden lo mantuvo.

A nosotros nos entra el primer caso de COVID en marzo de 2020, y ya habíamos enviado brigadas médicas cubanas a lugares que eran el epicentro de la pandemia. En su momento, fueron regiones de Italia, las brigadas apoyaron a las autoridades locales, trabajaron con la población y lograron un prestigio y un cariño tremendo, y aprendieron el manejo de la enfermedad. En el primer año de pandemia, pudimos mantener el control y a finales de 2020 abrimos la frontera.

Había muchos cubanos que llevaban mucho tiempo fuera del país, que querían regresar y ver a su familia a finales de año. Y con la llegada de esa avalancha se empezaron a multiplicar los casos y caímos en un pico pandémico muy fuerte en 2021. A mediados de 2021 nos dimos cuenta de que Cuba no tenía opciones con los mecanismos de distribución de vacunas que había en el mundo y, por otra parte, teníamos que incrementar las salas de cuidados intensivos para que no colapsaran, como habían colapsado en otros lugares del mundo, incluido Estados Unidos.

Eso nos permitió que, a finales de 2021, cuando ya teníamos más del 60% de la población vacunada, los niveles bajaran y después pudiéramos mantener un control de la enfermedad. Fuimos el primer país que vacunó a la población infantil por encima de los dos años. Estábamos entre los diez o doce países que más dosis de vacunación habían aplicado por habitante.

En medio de esa situación de bloqueo recrudecido, con apagones, falta de insumos y falta de medicamentos, cuando vamos a buscar para las salas de terapia intensiva ventiladores pulmonares, el Gobierno de los Estados Unidos impide a compañías norteamericanas comercializar este tipo de tecnología con Cuba.

Tuvimos que diseñar ventiladores pulmonares con los cuales pudimos producir lo que necesitábamos y hoy tenemos capacidad para exportar esos ventiladores pulmonares.

Una vez más, la ciencia y la innovación, uno de los patrimonios de la Revolución legados por Fidel, nos permitieron obtener esos resultados.

Y hay un tercer hecho que también demuestra la brutalidad y la perversidad del bloqueo. En medio de esa situación, con un alto número de pacientes ingresados, nuestra planta de producción de oxígeno medicinal sufrió un desperfecto y teníamos que enviar la pieza a un país europeo. Y el Gobierno de Estados Unidos impidió que entidades del área de América Latina y el Caribe, productoras de oxígeno medicinal, le vendieran a Cuba oxígeno medicinal. Hubo otros países, entre ellos Rusia, que nos apoyaron; también pudimos recibir desde China y otros países ventiladores pulmonares y oxígeno medicinal.

Eso te demuestra que estaban condenando a que un grupo de pacientes muriera por falta de oxígeno. Y así fue como el país afrontó la pandemia y fuimos capaces de manejar mejor la enfermedad que otros países con riqueza y no bloqueados. Y eso tiene mucho que ver con nuestro modelo de salud, inclusivo y gratuito. Con toda esta situación, los ricos pudieron tener mejor atención que los pobres, pero al final la pandemia no respetó ni diferenció entre ricos y pobres, y lo que hizo fue cobrarse muchas vidas a nivel global. Y yo creo que esa es una experiencia de la que la humanidad también tiene que sacar lecciones.

—En Estados Unidos se comenta mucho la posibilidad de un ataque a Cuba. Se discuten diversas hipótesis, desde una operación como la del secuestro de Maduro, con la excusa de la imputación de Raúl Castro, hasta otro tipo de operación. De hecho, los demócratas en el Congreso han registrado algunas resoluciones sobre poderes de guerra para intentar impedir esa hipótesis. ¿Lo creen posible?

—Cuba es un país que quiere la paz, somos un país de paz. Es una mentira lo que dicen los representantes del gobierno de EEUU de que Cuba es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Diez millones de habitantes en una isla bloqueada y acosada no pueden ser una amenaza a la seguridad nacional, como ellos han dicho, extraordinaria e inusual, para la potencia más poderosa del mundo. Es un pretexto construido para ir calentando a la opinión pública mundial y justificar la posibilidad de una agresión militar contra Cuba.

En la retórica de los voceros del gobierno de los Estados Unidos cada vez está más presente la agresión. Esa retórica se refuerza y todos los días hay planes de agresión a Cuba, todos los días se describe, en medios norteamericanos, cómo podría producirse una agresión a Cuba. Y lo comparan con Venezuela, y nosotros no queremos la guerra, nosotros queremos el diálogo.

Pero nosotros no le tememos a la guerra y nos preparamos para afrontar una agresión militar. Nos preparamos con el concepto de nuestra doctrina militar, que es la guerra de todo el pueblo, que es una doctrina de defensa con participación de toda la población para defendernos.

Eso también es un elemento disuasorio, porque invadir Cuba costaría vidas cubanas, costaría cientos de miles de vidas cubanas, pero también le costaría al invasor grandes pérdidas humanas en cualquier escenario. Sería un desenlace complejo para los propios Estados Unidos y para nuestro país, pero sería también una amenaza para la estabilidad y la seguridad de América Latina y el Caribe.

Invadir Cuba costaría vidas cubanas, costaría cientos de miles de vidas cubanas, pero también le costaría al invasor grandes pérdidas humanas en todo tipo de casos

Yo creo que Estados Unidos está apostando por tres escenarios: el primero es con la asfixia económica, provocar el estallido social y que ese estallido social le dé la posibilidad, con el pretexto de la ayuda humanitaria, a intervenir en el país. Ejemplos como ese lo tenemos en Haití, y Haití cada vez es una nación más pobre y el pueblo haitiano cada vez vive una situación más compleja.

Un segundo escenario es seguir un diálogo con Cuba coercitivo, de máxima presión para apoderarse de la economía cubana con el fin de ocupar el país económicamente y que eso, después, les diera la posibilidad de provocar un cambio de sistema político. Es la gran aspiración de Estados Unidos.

Y un tercer escenario es el de la agresión militar.

Pero esos escenarios no los hemos construido nosotros, son los escenarios que están presentes en su retórica. Por lo tanto, nosotros tenemos el derecho a defendernos, a prepararnos para defendernos, para que no haya sorpresa y para que no haya derrota.

Y siempre tratamos de evitar las comparaciones con otra nación. Porque que nos comparen con otra nación sería desconocer la fortaleza de nuestras instituciones, la unidad de nuestro heroico pueblo, la decisión de la mayoría de nuestro pueblo de defender la Revolución hasta sus últimas consecuencias.

Nuestra historia y nuestras tradiciones de lucha, nuestro apego a la soberanía, la independencia y la autodeterminación, que tanto trabajo nos costó lograr.

Nosotros vamos a seguir defendiendo la paz, buscando el diálogo y haciendo que el diálogo permita resolver las contradicciones que tenemos en nuestras relaciones bilaterales y que nos aleje de la confrontación. Pero para eso tiene que haber también una disposición por parte del gobierno de los Estados Unidos.

Y hay un ejemplo en Venezuela: 32 cubanos dieron sus vidas heroicamente defendiendo sus principios, defendiendo sus convicciones. Qué no harían millones de cubanos que están dispuestos a defender la Revolución, la soberanía, la independencia y que quieren mantener la autodeterminación que tenemos en este país.

—Usted está mencionando las declaraciones públicas del gobierno estadounidense acerca de Cuba, pero ustedes están hablando con ellos. Estuvo el director de la CIA aquí, y, por otro lado, también se han reunido hace poco al lado de la base de Guantánamo, con el Mando Sur de Estados Unidos. Es decir, está habiendo conversaciones. ¿Y en qué pueden ustedes ceder? ¿Qué no pueden ceder? ¿Dónde están las líneas rojas?

—Podemos tener un diálogo civilizado como el que tiene Estados Unidos con otros países, que también considera adversarios, independientemente de las diferencias ideológicas. Pero, además, podríamos tener relaciones comerciales, intercambio cultural, académico, deportivo, científico... Podría haber turismo de ambas partes sin restricción.

En varios momentos de la historia han existido conversaciones o han existido intentos de conversaciones que no siempre llegan por las vías oficiales. Uno de los diálogos que más avanzó fue en la etapa de Obama, cuando restablecimos incluso las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Hubo toda una apertura en las relaciones que benefició a ambos países.

Nosotros siempre hemos planteado el diálogo y, por eso, funcionarios nuestros han sostenido conversaciones en las que planteamos tratar de resolver nuestras contradicciones bilaterales para encontrar áreas de cooperación en las cuales podamos avanzar con proyectos que benefician a ambos pueblos y que garanticen la seguridad de ambos pueblos, de América Latina y el Caribe, de la región en la que vivimos.

Son conversaciones que hay que asumir con mucha responsabilidad, con discreción y mucha sensibilidad, porque atañen profundamente a las relaciones entre nuestros países y entre nuestros pueblos, y que nos permitan construir espacios de diálogo que faciliten avanzar en esa relación y nos alejen de la confrontación.

Pero tiene que ser un diálogo sin presiones, en igualdad de condiciones, sin condicionamientos sobre cambios en nuestro sistema político y social, sin consideraciones en cuanto a nuestra independencia, nuestra soberanía y nuestra autodeterminación; un diálogo que observe un principio de reciprocidad y respete el derecho internacional. Por lo tanto, ahí estamos poniendo líneas rojas.

No puede haber imposición de cambio de sistema político. No están en juego los asuntos internos de nuestro país. No puede ser un diálogo partiendo de una posición de fuerza o de una presión hacia el país. Y hay que asumirlo con responsabilidad, con discreción.

Cuando salen conversaciones distorsionadas sobre ese proceso de diálogo, uno piensa: ¿por qué tienen que acudir a esa práctica tan vergonzosa de estar diciendo cosas que no fueron las que se conversaron? ¿Por qué les es tan necesario mostrarse como que ellos son los que están llevando la conversación a puntos en los que nosotros no tenemos salida, o que nos están llevando a una situación de máxima presión, o que nos están llevando a un condicionamiento?

Nosotros eso nunca lo aceptaríamos. Y cuando se toca algo que roce esos planteamientos, ahí siempre va a haber una posición firme de la parte cubana y una negativa a continuar un diálogo en esas condiciones.

Ahora, nosotros creemos que el diálogo es necesario. Hay muchas cosas para las cuales nosotros tenemos disposición, por ejemplo, las inversiones norteamericanas en Cuba, que haya negocios de entidades norteamericanas en Cuba. Pero quienes las limitan no somos nosotros, sino que están limitadas por las propias leyes del bloqueo, por la propia política de bloqueo.

Si Estados Unidos quisiera tener ese tipo de relación con Cuba, tiene que levantar algunas de las limitaciones que impone el bloqueo y que imponen las órdenes ejecutivas.

Siempre ha habido un país que ha jugado el rol de agresor y otro el rol de agredido. Estados Unidos siempre ha sido el agresor y Cuba siempre ha sido la agredida. Hay una relación también asimétrica: quien ha llevado una política agresiva, quien ha llevado una política de bloqueo, quien ha llevado una política de ofensa hacia la otra parte, ha sido Estados Unidos hacia Cuba.

En otro momento hemos tenido conversaciones sobre temas como terrorismo y delito transnacional, temas migratorios, operaciones encubiertas que se han hecho contra Cuba, actos terroristas que se han fraguado en Estados Unidos contra Cuba. Aspectos de la aplicación de la ley. Y los diálogos en la Base Naval de Guantánamo.

Durante años hemos sostenido un diálogo mensual con representantes de las Fuerzas Armadas norteamericanas. Un mes se hace en territorio de la base y otro mes se hace en territorio de Cuba. Y eso se suspendió por parte del gobierno de Estados Unidos.

—Pero lo cierto es que en este tiempo de esta segunda administración de Trump, el bloqueo ha ido a más, las amenazas han crecido. ¿Qué vislumbra de aquí a esas fiestas de fin de año que son tan, tan importantes para todos? ¿Qué cree que puede pasar de aquí a que acabe el año?

—Uno, como revolucionario, siempre tiene una visión optimista de la vida. Y sin dejar de reconocer que estamos viviendo una situación muy compleja, muy dura...

—Y la incertidumbre pesa también mucho.

—Somos parte de un pueblo que ha dado un ejemplo a nivel mundial de resistencia, de heroísmo. Y uno no puede traicionar esa historia. Además, confiamos en el apoyo internacional, hay mucho apoyo a que se normalicen las relaciones y haya un diálogo constructivo.

Existe también la posibilidad de que el diálogo ayude a superar esta situación. Y, por otra parte, creo en la condición humana. En el mundo hay muchos que quieren un mundo mejor, que quieren otro orden económico internacional que sea más justo, que sea inclusivo, que dé oportunidades para todos. Hay muchos en el mundo que no están de acuerdo con que haya un país que sea supremacista, hegemónico, y que dicte las reglas.

En el mundo hay muchos que quieren un mundo mejor, que quieren otro orden económico internacional que sea más justo, que sea inclusivo, que dé oportunidades para todos. Hay muchos en el mundo que no están de acuerdo con que haya un país que sea supremacista, hegemónico, que dicte las reglas

Cada vez hay más personas, más gobiernos, más Estados que, apoyados por sus pueblos, defienden el multilateralismo y más inclusión, más igualdad y más posibilidades; que no miran con desprecio a los pueblos y a los países del sur global.

Y esa idea tiene que cruzar el mundo, se tiene que afrontar con dignidad. Porque lo que está pasando con Cuba no está pasando solo en Cuba. Pasó en Venezuela, ha estado pasando en ese cruel genocidio que se comete todos los días contra el pueblo palestino en Gaza, está pasando en Líbano, con la agresión a Irán.

El mundo tiene que darse cuenta de que todos estamos enfrentando por parte del gobierno de Estados Unidos una agresión multidimensional que se expresa en una guerra a nivel global, que es ideológica, cultural y mediática.

Es ideológica porque Estados Unidos está tratando de imponer al mundo su hegemonía; es cultural porque, para imponer su hegemonía y hacer que todos piensen como Estados Unidos, tiene que borrar la identidad cultural de todos nuestros pueblos y nuestros países, nuestras historias y nuestras raíces culturales; y es mediática porque, para lograr esto, desarrolla una enorme estrategia mediática basada en la calumnia, en el asesinato de reputación y en la mentira repetida, como lo están haciendo con Cuba.

¿Qué hicieron con Venezuela? La narrativa de que era un narcoestado, de que Maduro era un dictador, de que no había democracia en Venezuela, de la famosa vinculación de Maduro con el Cartel de los Soles. Y cuando hicieron toda esa artillería mediática, agredieron al país, incluso cuando estaban en conversación con ese país. Y ahí demuestran la traición, lo traicioneros que son. Secuestraron ilegalmente a un presidente y lo extrajeron de su país para juzgarlo ilegalmente en los Estados Unidos. Y a los dos días no había Cartel de los Soles. Todas las evidencias se perdieron.

Recordemos la guerra en Irak, cuando dijeron que había un programa de armas biológicas y nunca aparecieron las armas biológicas. O la guerra con Irán con el pretexto de que había un arma nuclear, y no ha habido ninguna acción nuclear por parte de Irán.

¿El mundo digno va a permitir que esa sea la manera de funcionar, esa perversidad? ¿O es que el mundo no puede sacar la experiencia de la historia? Esto es igual que el fascismo, esto es igual que lo que hizo Hitler en Europa. ¿El mundo va a volver a esa barbarie? Porque el tema no es solo Cuba, lo que le está pasando a Cuba lo pueden aplicar a cualquier país.

¿El mundo digno va a permitir que esa sea la manera de funcionar, esa perversidad? ¿O es que el mundo no puede sacar la experiencia de la historia? Esto es igual que el fascismo, esto es igual que lo que hizo Hitler en Europa. ¿El mundo va a volver a esa barbarie? Porque el tema no es solo Cuba, lo que le está pasando a Cuba lo pueden aplicar a cualquier país

—Si pudiera cambiar algo de los últimos cinco o seis años, que es algo que a veces se oye en algunos círculos aquí en La Habana, en lugar de invertir tanto en el sector inmobiliario hotelero, ¿se podría haber invertido más en la soberanía energética y alimentaria, y en la educación y la sanidad, que son los símbolos de la Revolución y ahora están siendo muy golpeados? ¿O alguna reforma económica que a lo mejor no se hizo o se pospuso para haber estado en unas mejores condiciones para afrontar este momento tan crítico?

—Siempre hemos estado mirando nuestros defectos y nuestros errores, pero también nos han condicionado. Y se habla de muchas cosas, unas con más propiedad que otras, porque también muchas reformas que nos hemos propuesto ha sido prácticamente imposible llevarlas adelante.

Porque para invertir hay que tener divisas, hay que funcionar en determinadas relaciones financieras y económicas internacionales. No todo es querer cambiar, sino tener también la posibilidad de cambio.

Hemos cometido errores, hay errores, y hay que ver también en qué condición se cometen esos errores, en la vivencia de plaza sitiada, y también está el hecho de que no se reconoce la cantidad de reformas que se han hecho en todos los tiempos de la Revolución.

Hoy, por ejemplo, el Gobierno norteamericano no reconoce la apertura que ha existido con relación al sector privado y las facilidades a la inversión extranjera. No es que Cuba cambie, es que quieren que cambiemos como ellos quieren, y que haya una privatización total, que se adopte un modelo neoliberal. Ese no es nuestro modelo.

Nosotros no le decimos a Estados Unidos qué cambios debe hacer, son problemas de ellos. Yo creo que la historia podrá responder hasta dónde nos equivocamos y hasta dónde, realmente, aunque no nos hubiéramos equivocado, el bloqueo ha sido la causa fundamental de la situación en que nosotros nos encontramos: quítame el bloqueo, a ver cómo tocamos. Si me quitas el bloqueo y nosotros no somos capaces de avanzar con el país, de seguir transformando, de seguir perfeccionando nuestra sociedad, entonces se podría responder que fuimos incompetentes y que no hicimos lo que teníamos que hacer.

Pero este país con bloqueo recrudecido, fabricó vacunas para la COVID, tiene indicadores de salud y educación, que no nos satisfacen, pero son mejores que los de la mayoría de los países del mundo. La igualdad que hay en Cuba, la seguridad que hay en Cuba, el respeto a la dignidad humana, la no discriminación, la solidaridad con otros lugares del mundo...

El Gobierno de EEUU dice que nosotros recibimos combustible sin pagar de Venezuela, y eso es otra mentira. Nosotros dábamos servicios médicos y se compensaban con combustible. Lo que pasa es que esa manera de ser, de actuar, de concebir la vida de forma distinta no cabe en la mentalidad de un supremacista, de alguien que piensa que está por encima de los demás, de alguien que trata a América Latina y a los pueblos de América Latina como su traspatio. Y ahora, con la Doctrina Monroe actualizada con un corolario Trump, se desprecia a nuestros pueblos.

¿Si somos tan incompetentes, por qué me bloquean? ¿Por qué no deja que me derrumbe por mí mismo? Porque no tienen ningún interés en que Cuba mejore. Eso es mentira. Ellos quieren apoderarse de Cuba, como han querido apoderarse de otros lugares del mundo, para sacar sus recursos, para apoderarse de ellos y no para mejorar la vida de la gente.

Y nosotros lo que siempre soñamos es con cómo podemos superar la adversidad con la participación de todos.

—Usted decía que Estados Unidos estaba buscando, entre otras cosas, un estallido social. Ahora vienen julio y agosto, una temporada de mucho calor, con cortes de corriente. Y se cumplen cinco años del 11 de julio. ¿Cree usted que podrían darse las circunstancias para que hubiera algún tipo de estallido? ¿Cómo piensa lidiar con la disidencia?

—Tenemos nuestros programas para cada uno de esos escenarios, para sortearlos. Pero en estos momentos tenemos un programa de movilización popular con proyectos a nivel de barrio, liderados por los jóvenes, que están orientados a cómo, a nivel comunitario, mejoramos la producción de alimentos, la atención a los vulnerables y trabajamos en función de los temas energéticos, la recreación, la cultura, el deporte y la espiritualidad.

Hay una cultura de resistencia, una cultura de resistencia creativa.

Producción y realización del vídeo: Gabriela Tamarit Guerrero, Liz Oliva Fernández, Alfredo Lazcano Valera y Germán Viamonte Fernández.