La guerra en Medio Oriente
León XIV contra Trump: el Papa que dijo ‘no’ tres veces al presidente de EE.UU.
El próximo 4 de julio, Estados Unidos celebrará el 250 aniversario de su independencia. Con este motivo, el vicepresidente (y católico converso), J. D. Vance, invitó al Papa a regresar a su país. Sin embargo, Robert Prevost tomó una decisión fundamental para entender la ‘guerra total’ que Donald Trump declaró al primer pontífice estadounidense: en lugar de acudir al acto en la Casa Blanca, León XIV anunció un viaje a Lampedusa, para poner énfasis, como ya hiciera Francisco, en la realidad de la migración. Algo que repetirá, por cierto, cuando viaje a Canarias el próximo mes de junio, y en lo que, como en tantas otras cosas, el actual Papa choca con la Administración republicana.
León dijo que no a Trump. En esa ocasión, y cuando el líder MAGA invitó formalmente a la Santa Sede a formar parte de la mal llamada ‘Junta de Paz’ para la llamada reconstrucción de Gaza, Prevost también se negó, desatando las iras del republicano, poco acostumbrado a que le den con la puerta en la nariz. Y dos veces.
Pero, sin lugar a dudas, el momento que marcó el comienzo de una tensión diplomática entre EE.UU. y el Vaticano sucedió cuando Donald Trump anunció un ultimátum a Irán para desbloquear el estrecho de Ormuz, y en caso de no cumplirlo anunció que destruiría esa “civilización”.
Ese martes, a la salida de Castel Gandolfo, el Papa se detuvo ante los periodistas y declaró: “Hoy, como todos sabemos, se produjo también esta amenaza contra todo el pueblo de Irán, y esto es realmente inaceptable”. Y a partir de ahí se desataron las hostilidades, con León ‘rugiendo’ en contra de la violencia y las guerras injustas, y con Trump llamando “débil” al pontífice, invitándolo a que se ocupara de ejercer como Papa “y no como político” y asumiendo que le debía poco menos que la elección papal.
No se quedó callado Prevost, como tal vez la prudencia vaticana le pedía. En declaraciones a los periodistas durante el vuelo que lo llevaba a Argelia, el Papa aclaró: “No tengo miedo a la Administración Trump”, recordando que “la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra”, y que él iba a seguir haciéndolo, “alto y claro”. Dicho y hecho. “El mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”, añadió León XIV en el viaje que está realizando al corazón de África, sin citar a Trump. No hacía falta.
El presidente de EE.UU., lejos de torcer el brazo, continuó el enfrentamiento, subrayando que no tenía por qué disculparse con el Papa, reivindicando su derecho a no estar de acuerdo con él y criticando con dureza a aliados como Giorgia Meloni, que le había afeado sus ataques al pontífice.
Con todo, el mayor problema para Trump no es tanto su fijación con el Papa (Estados Unidos no es un país de mayoría católica –aunque el Papa tiene un grado de aceptación del 84%– sino evangélica), sino su obsesión por presentarse como una suerte de ‘reencarnación’ de Jesucristo. Así lo presentaron, en plena Semana Santa, su asesora espiritual, Paula White: “Señor presidente, nadie pagó un precio como el que vos pagaste. Casi te cuesta la vida. Fuiste traicionado y arrestado, y falsamente acusado. (...) El tercer día se levantó, derrotó al mal y venció a la muerte junto al sepulcro”, sostuvo la telepredicadora, quien sujeta la cabeza de Trump en la fotografía viral de decenas de pastores bendiciendo al presidente en el despacho oval.
Esta misma semana, y tras su primera trifulca con Prevost, Trump colgó una imagen, elaborada con IA, en la que se lo presentaba como Jesucristo sanando a los enfermos. Posteriormente, sin dar explicaciones, la imagen fue retirada por la Casa Blanca, y el presidente trató de argumentar que pensaba que había sido retratado como un médico, “y nosotros ayudamos mucho a la Cruz Roja”. Al día siguiente, en su red social, publicó otra imagen, en la que Cristo lo abrazaba.
“Trump midió mal, y no entendió que, para un evangélico, representarse como Cristo, los santos o la Virgen es poco menos que una blasfemia”, sostiene un obispo español. “Trump se siente poco menos que un Mesías enviado para una misión divina, para la que es legítimo matar a civiles inocentes y cambiar el orden internacional, y eso es inaceptable para cualquier cristiano que lea el Evangelio”
(El de Trump) es una forma de liderazgo político que solo funciona en Estados Unidos cuando está vinculada a la religión, y optaron por la forma más extrema: ver a Trump como una especie de mesías, un salvador de la nación y la civilización
Por su parte, Massimo Faggioli, historiador del catolicismo y profesor del Trinity College de Dublín, sostiene la relevancia del ‘factor católico’ en EEUU. Para Faggioli, el de Trump “es una forma de liderazgo político que solo funciona en Estados Unidos cuando está vinculada a la religión, y optaron por la forma más extrema: ver a Trump como una especie de mesías, un salvador de la nación y la civilización. Pero no comprenden que el Vaticano siempre vio con recelo a cualquiera que se presente en estos términos. En su primer mandato, este aspecto era menos visible. En el segundo, es mucho más evidente: se está construyendo una narrativa religiosa en torno a Trump, lo cual, para los católicos, resulta problemático”.
“El catolicismo se convirtió verdaderamente en un elemento central, mucho más que los evangélicos y protestantes, quienes en gran medida permanecen como meros espectadores”, subraya el experto, quien añade que “lo paradójico, además de históricamente singular, es que haya un Papa estadounidense llamado a afrontar esta crisis de la civilización. Esto plantea muchas preguntas y demuestra cómo este pontificado está llamado a navegar por aguas que nadie había previsto tan turbulentas, y tan pronto”.
Al ser León XIV un Papa estadounidense, se produce una legitimidad absoluta para sus palabras, que tienen un alcance enorme en la conciencia estadounidense
Para el sociólogo Fernando Vidal, el ‘daño’ que Prevost puede hacer a Trump tiene mucho que ver con el hecho de ser un Papa estadounidense. “La cultura estadounidense es muy cerrada, muy ‘provinciana’ y desconsidera de una forma radical cualquier voz que no venga de la propia interioridad de Estados Unidos. Cualquier Papa que hubiera sido de China, Australia, Japón, Europa, África o Latinoamérica (como fue el caso de Bergoglio), hubiera sido deslegitimado como una voz externa a Estados Unidos, que no entiende Estados Unidos, que siente envidia de Estados Unidos, que está en contra de que Estados Unidos sea más fuerte”.
Sin embargo, “en este caso, al ser León XIV un Papa estadounidense, se produce una legitimidad absoluta para sus palabras, que tienen un alcance enorme en la conciencia estadounidense”. A esto hay que sumar, opina el experto, el “carácter prudente, contenido y educado” de Prevost, “la mayor impugnación posible para un Donald Trump que es todo lo contrario, un enemigo del mundo”.
Toda la información en www.religiodigital.org