QUÉ ESCUCHAR
Esos amigos del alma
Un guion cinematográfico –y es que por lo pronto hay un personaje– comenzaría con el clásico “Interior. Día”. Un estudio de grabación. Un adolescente, casi un niño, graba su primer disco, junto con un grupo de músicos tan jóvenes como él –y algunos más–. En un momento se acerca un conocido del padre. Saluda; toca algo en un piano. El padre es Donvi. El pianista es Aquiles Roggero, una celebridad del tango, integrante de la orquesta de Osmar Maderna y su director (con el nombre de Orquesta Símbolo) después de la muerte del fundador. Y lo que toca, para sorpresa y maravilla del joven, Lito Vitale, es una décima –la distancia, por ejemplo, entre un do y el mi de una octava más aguda–. “A mí me daba la mano pero nunca se me había ocurrido hacerlo. Después de eso empecé a utilizarlo. Me gustaba ese sonido que se producía y siempre me interesó aprender. De cualquier lado”, relata hoy. “Y aprendo también de mis errores”, agrega.
Hace poco le pidieron una obra para la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto. “La estor reescribiendo”, cuenta. “La compuse completa en los teclados pero, en la orquesta, no todo lo que me había imaginado funcionaba. Había cosas que sonaban francamente mal. Así que consulté con músicos y orquestadores que respeto, como Gabriel Senanes, y estoy corrigiendo.” Es, posiblemente, la encarnación más perfecta de aquel “tocó con todos” de León Gieco. Y, desde ya, tocó también con él. Más allá de la vastísima lista de hechos que, por sí solos, bastarían para hablar de alguien fundamental para la música popular argentina –y para las personas que la hacen sonar, que no es lo mismo–, hay un idea de diálogo, de alianzas por encima de las diferencias, de horizontalidad, que se dibuja con claridad en toda su trayectoria. “El origen está en mis viejos, obviamente. En esa casa en Vila Adelina, muy humilde pero donde ellos eran muy lectores los dos y donde se escuchaba de todo. Tanto mi hermana Liliana (Vitale) como yo tuvimos el estímulo para acercarnos a las músicas más extremas. Todo era una pregunta y la posibilidad de descubrir algo nuevo. Con respecto a la didáctica musical, que fue por donde empezó mi viejo, buceando en qué podía hacerse por fuera de lo tradicional, algo más cercano al aprendizaje del lenguaje, donde uno primera habla y después aparecen la lectura y la escritura. Tuvo que ver esa famosa profesora de piano que me puso y con la que yo improvisaba más que lo que leía. Ahí apareció el interrogante para mi padre. Y creo que es ahí donde empieza el respeto por toda la gente libre y por todo lo que no tiene a los grandes medios de comunicación a su favor. Eso es lo que se escuchaba en Villa Adelina. Su viejo, como él lo llama invariablemente, era Rubens Vitale, o Don Vitale o, más frecuentemente ”Donvi“. Y junto a su compañera, Esther Soto, arqueóloga y poeta, fueron los artífices de ese espíritu Villa Adelina pero además, de su encarnación material –y efectiva–: una cooperativa de músicos llamada MIA (Músicos Independientes Asociados) y, después, un sello discográfico y una editorial bautizados Ciclo 3. Entre los integrantes de aquella cooperativa estaban, además de Lito y Liliana, Alberto Muñoz, Verónica Condomí, Nono Belvis y Juan del Barrio. Y el sello fue el responsable de algunas de las mejores ediciones de comienzos de los ochenta. Una de las mejores bandas de sonido posible para el principio de la democracia. Entre ellos, Baraj Barrueco, de Bernardo Baraj y Juan Barrueco, ambos ex integrantes de Alma y Vida, Pocapalabra de Daniel Curto, Membrillar, del grupo del mismo nombre, y Candombe del Parque Chacabuco de Alejandro Santos. Además de las producciones del propio Lito y del extraordinario dúo de Liliana Vitale y Verónica Condomí.
El trío con Jorge Cumbo y Lucho González y su posterior encarnación con Baraj fue uno de sus proyectos preferidos. “Estoy haciendo parte de ese material nuevamente, con mi grupo actual”, dice. La casa donde vive y tiene su estudio es la misma, en San Telmo, donde su familia se instaló después de los tiempos legendarios en Villa Adelina. Allí donde se montó Ciclo 3 y en cuya cocina pasaba de todo. Sobre todo conversaciones. Y proyectos. Ligado a emprendimientos de otros tan diversos como el recordado dúo de Nono Belvis y el también dibujante Kike Sanzol, los comienzos de los Redondos, a quienes prestaron el estudio y aconsejaron en aspectos organizativos –y en ese “tocó con todos hay que contabilizar, desde ya, su participación en Gulp!, el primer disco del grupo– o el grupo Jade, de Luis Alberto Spinetta, del que fue su primer tecladista, sus éxitos personales contabilizan los 200.000 ejemplares vendidos por Ese amigo del alma, el primer álbum del cuarteto que conformó con Manuel Miranda en instrumentos de viento, Marcelo Torres en bajo y Cristian Jurducha en percusión. ”Estaba muy influido por el grupo de Pat Metheny y, en particular, por el estilo de su tecladista, Lyle Mays“, cuenta. Y creo que hubo algo que no nos gustaba pero nos benefició y fue la moda de la new age. Ahí el disco por ahí entraba medio en ese mundo, aunque eso estaba totalmente lejos de nuestras intenciones”. Y estuvieron también sus micro programas televisivos a la medianoche. Y su dúo con Juan Carlos Baglietto, que cumple este año un cuarto de siglo y que ha dejado joyas como sus versiones de “Tonada de un viejo amor” o de una de las más bellas canciones de Litto Nebbia, “El otro cambio, los que se fueron”.
“Mex (Urtizberea) era parte de aquellas juntadas en los tiempos de MIA –reflexiona Vitale– y sí, el espíritu de ¡Fa!, estas fiestas musicales, que muchas veces son también descubrimientos y aprendizajes, como antes y como siempre, es el mismo. Como creo que en cada idea de la que formé parte el principio básico es la libertad creativa y pasar por encima de las tribus. Yo creo que el rock argentino tenía ese espíritu, de juntarse. No sé, Litto Nebbia con los bombos de Domingo Cura, León Gieco, Luis (Alberto Spinetta) con los bandoneones. Y ¡Fa! Es un poco todo eso. Principalmente juntarse y escucharse y mirarse. Ahí están también los dibujos de Rep. Gente que se interesa en interesarse por otros. En ver qué tienen otros para decir de nuevo. Me parece que a pesar de la apariencia de quietud y de las dificultades, son, somos, muchos los que seguimos inquietos. Los que queremos escucharnos.”
DF/MF