QUÉ ESCUCHAR

Celebración de la intimidad

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“Había estado en una niebla creativa. Entonces, durante la pandemia, veía muchos artistas haciendo cosas y realmente no tenía deseos de nada”, contaba Dee Dee Bridgewater a la revista inglesa Jazzwise, en mayo de 2024. Antes, mucho antes para las leyes del mercado, había grabado un disco ejemplar. MemphisYes, I’m Ready, rendía homenaje al soul y el rhythm & blues del Sur Profundo, de Big Mama Thornton a B. B. King, y, en gran medida, había sido la despedida a su madre, a la que había cuidado los diez últimos años de su vida. Y después de siete años de silencio, la artista con más de medio siglo de carrera, ganadora de tres Grammys como cantante y un Tony como actriz, doctora honoraria en el Colegio Berklee de Música y la Universidad de Michigan, tuvo una epifanía. “Estaba sentada en mi sofá y mi voz interior dijo ‘Bill Charlap’”. 

Se imaginó cantando junto al gran pianista y se lo dijo a su agente. “Es interesante –dijo él– porque también soy su representante”. “¿Podrías preguntarle si quiere hacer un par de shows conmigo?”, preguntó Dee Dee. No se trató de unas pocas actuaciones sino de una alianza duradera. El año pasado llegó un disco, Elemental. Y Charlap, que en 2025 brindó, junto con su trío, una serie de actuaciones memorables en BeBop, el club de jazz de la calle Uriarte al 1600, vuelve ahora con ella para presentarse el próximo jueves 12 en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125). Nacida como Denise Eileen Garrett, hija del trompetista Matthew Garrett, ex esposa de otro trompetista, Cecil Bridgewater –de quien le quedó el apellido– y madre de la notable cantante y productora China Moses, Dee Dee, que cantó con el quinteto de Horace Silver en 1970, que en los primeros años de esa década se presentó con la célebre orquesta residente del Village Vanguard, dirigida por Thad Jones y Mel Lewis, que registró su primer disco hace 52 años y que tuvo a Ray Charles como invitado en la grabación de “Till the Next…Somewhere”, inluida en el álbum Precious Thing, de 1989, sabe que pertenece a una generación de leyendas. Y es absolutamente consciente del paso del tiempo. “Nuestras leyendas se están muriendo”, dice. “Perdimos a Chick (Corea); perdimos a Wayne (Shorter); Herbie (Hancock) tiene 85 años. La música, en general, está girando hacia mundos nuevos. Es difícil categorizar el presente. Y esto sucede en todos los géneros. Hasta el country, que es esencialmente conservador, está cambiando. Siempre fue un género blanco y hasta racista y ahora hay allí artistas afroamericanos. La música, desde el principio de los tiempos, jamás se quedó quieta. Y no veo por qué lo haría ahora.”

Por lo pronto, lo que es evidente es que quien no se ha quedado quieta es ella. Una recorrida por su discografía, por ejemplo, muestra piezas netamente enfcadas en el soul y el rhythm & blues –el citado Precious Things, por ejemplo–, otros puntillosamente cifrados en el jazz, como su homenaje a Ella Fitzgerald o su tributo a Horace SilverDear Ella, de 1997, Love and Peace, de 1995–, algunos cercanos al jazz-rock –Just Family, grabado en 1977 con un grupo que incluía a Chick Corea, George Duke, Stanley Clarke, Harvey Mason y Airto Moreira– y, también, una inmersión en los folklores de Malí y en el llamado blues del desierto –en Red Earth: A Malian Journey, grabado en agosto de 2006, donde participan Cheick-Tidiane Seck y Toumani Diabate, entre otros–. El presente tiene que ver con una celebración de la intimidad. Y, sobre todo, de aquello que sigue siendo la célula básica del jazz –y, tal vez, de todas las músicas–: escucharse. “Cada uno confía en el otro”, explicaba, a la revista JazzTimes, Charlap, quien, desde ya, es algo muy distinto a un mero acompañante. “Encontramos que había química entre nosotros. Algo que sólo se desarrolla con el tiempo y que para nosotros fue instantáneo. A partir de allí pudimos aprender la confianza mutua”.

DF/MF