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COLUMNA NÓMADE
Opinión

Denis Johnson, en el corazón de las tinieblas

Denis Johnson

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Se trata del verosímil, no del saber. Lo que sepas a veces no sirve para nada. Estoy en un auto hablando con un amigo y le digo, de golpe, sin que nada me haya hecho suponer que iba a decir esto: lo que nos cuesta en la vida es crear un verosímil. No para los demás, sino para nuestro mundo interior. Lo que piensan los demás, la lluvia ácida de las opiniones, las bendiciones, el humor, todo se convierte en un árbol de humo. Pero crear un verosímil para tu mundo interior, para que te puedas parar en medio las más furiosas tormentas, eso es necesario y precioso.

Los escritores que hacen funcionar la realidad a su favor no se traban pensando en “¿Cómo se tendría que narrar esto?, ¿Si desarrollo la novela en la guerra del catorce voy a buscar material que me informe exactamente que pasó?, ¿Y si tengo que hacer hablar a un chino?, ¿Cómo hago si yo no sé mandarín?” Bien, César Aira los haría hablar como los doblaban en las películas de Sábados de super acción, cuando, por ejemplo, un japonés trataba de sacarle algo a un prisionero: “Ahola velas maldito amelicano, conocelás los placeres de la toltula japonesa”. Y uno le cree porque Aira crea constantemente verosímil.

Los monstruos que ríen es una novela de Denis Johnson. Y eso es decir mucho, ya que Johnson -escritor de novelas, obras de teatro, cuentos, poesías y crónicas- nunca deja que el género se tranquilice. Tengo muchos libros de Johnson desde que quedé atrapado con un librito corto de cuentos titulado Hijo de Jesús. En español existe una extraordinaria traducción de Rodrigo Fresán. Recuerdo que una vez hablando con él o a través de un correo electrónico, él me ponderaba los poemas de Johnson -antes de publicar narrativa empezó con libros de poemas- y yo le pedía que los tradujera.

Johnson es muchos escritores en un mismo escritor. Tenemos los relatos de Hijo de Jesús, una visión de un mundo de adictos, con personajes violentos y oscuros, pero también comunes y nada sofisticados. Los cuentos que forman este libro magistral paracen un sueño inducido por algún somnífero, con la diferencia de que no podés despertarte. En realidad, ya estás despierto. ¿Por qué cuándo soñamos somos geniales y construimos personajes y situaciones potentes, y cuando nos despertamos somos tan previsibles?

En un sueño tu mujer está construida con la cara de tu hermana y tiene el carácter de una amiga que conociste en el secundario. Vos caminás descalzo, porque en los sueños nadie te ordena “Zapatero a tus zapatos”, en realidad te podés poner tacos o zapatillas o caminar por la ruta en malla, mientras los autos pasan por tu costado , a toda velocidad. Y con los restos diurnos, con lo que nuestro consciente no precisó, elaboramos la decoración del sueño. Pero cuando nos despertamos nos ponemos en escritores y con un lápiz de escritor en un escritorio de escritor sólo se puede hacer literatura. Ya no hay personajes inestables y múltiples.

Los libros de Denis Johnson parecen salir de los sueños. Y tienen una presión estilística, un fraseo, casi mágico. ¿Cómo se puede escribir así? Pensamos mientras los leemos. En Los monstruos que rien, lo que se narra es la historia de una amistad. Pero los amigos son dos espías -para decirlo de alguna manera- uno se llama Roland Nair y es danés –pero no sabe hablar bien danés- y trabaja para los servicios secretos de Estados Unidos, el otro se llama Michael Adriko, y es un buscavidas, un mercenario. Los dos personajes se conocieron en África haciendo contrainteligencia o lo que eso signifique y ahora se rencuentran porque Adriko invita a Nair a Freetown, Sierra Leona, para que presencie su boda con Dadivia, una chica de la que Nair se va a terminar enamorando. En el medio de todo, Johnson describe sistemas de correos secretos, formas de enlace de los agentes de la CIA o de la OTAN, situaciones que parecen tener en el escritor un supuesto saber pero que, uno sabe, no importa para nada porque está construyendo verosímil con la basura industrial que dejan las guerras y las noticias falsas y todo el imaginario que nos ronda a través del material que nos vemos obligados a leer para estar informados. Johnson tiene la precisión de las pesadillas para narrar. Uno puede oler las habitaciones de los hoteles africanos, con la luz cortada y el agua goteando en los baños. Uno pisa las carreteras enlodadas junto con los personajes: sus relatos se huelen, se tocan, no transmiten una experiencia, son tu experiencia.

Una cosa más: este libro me recuerda a Un recodo del río, la novela increíble de V.S. Naipaul que sucede en Africa, también a El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Lo único, que no se sabe quién es realmente Kurtz. Sobre el final, un personaje dice: (iba a escribir quién era el personaje, pero como la novela tiene la estructura de un sueño,ya no importa quién habla) “Una vez dijiste que la frialdad de mi corazón te convertiría en una mujer amargada. Creo que me elegiste justamente por esa razón. Debiste de quererlo así. Si estás amargada es por decisión tuya, y creo que me elegiste a mí, simplemente como instrumento . Así que déjalo ya. Dejá de quejarte todo el tiempo en mi mente”.

FC

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