OPINIÓN
Vos sos la dictadura
Una de las cosas más complejas del trabajo de un historiador es definir las periodizaciones, el momento en que empieza y termina un ciclo histórico de rasgos distintivos. Nada comienza desde cero, ni concluye de manera terminante en una fecha precisa. Siempre hay continuidades de un pasado sobre un presente, no importa qué tan significativo sea un acontecimiento. Y, sin embargo, necesitamos las periodizaciones para ordenar de alguna manera el flujo del cambio. Necesitamos identificar momentos que parten las aguas, que inauguran una realidad diferente. O, al contrario, entender que un ciclo continúa, a pesar de las novedades aparentes. Sin periodizaciones no podemos comprender el pasado.
Tradicionalmente, se usaron hechos políticos para delimitar períodos. Los cambios de gobierno, por ejemplo, tienen la virtud de ser fáciles de identificar. Empiezan y terminan en un día específico y muchas veces traen novedades muy visibles. Sin embargo, otras veces nos impiden ver que las continuidades son más importantes. Por ejemplo, el paso del peronista Carlos Menem al radical Fernando De la Rúa apenas modificó la orientación de las políticas económicas. A tal punto, que incluso compartieron a Domingo Cavallo como ministro del área. Aquí, el color de la camiseta partidaria no fue demasiado relevante. Podría, por ello, considerárselos parte de un mismo ciclo, cuyo rasgo distintivo no es el partido, sino el régimen económico.
Cuando la alternancia no es entre partidos, sino el paso de un gobierno democrático a otro dictatorial, tendemos a percibir un quiebre más indudable. Sin dudas, la interrupción del orden constitucional es siempre una novedad relevante. Luego, si uno analiza las cosas con más detenimiento, como en todo, verá cambios y continuidades y habrá que evaluar si los primeros ameritan que hablemos de una nueva época. Con mucha frecuencia, un golpe de Estado significa un parteaguas real. No por nada hubo sectores que necesitaron violentar la democracia: normalmente, lo hicieron para torcer un rumbo. El golpe de 1976 es un buen ejemplo: en la economía, en la vida política, en la legislación, en la cultura, en todo trajo cambios profundos y duraderos.
Nadie discutiría que el retorno de la democracia en 1983 cambió el escenario político que habían impuesto los militares. Sin embargo, en otros terrenos prevalecieron las continuidades. Se notaron en particular en el ordenamiento económico, en el que la dictadura dejó marcas que condicionaron a todos los gobiernos que siguieron. El endeudamiento externo excesivo, el inicio de la tutela del FMI, la ley de entidades financieras que le dio mayor poder al capital, la desindustrialización, fueron algunos de sus signos visibles. Todavía nos acompañan.
Con dificultad, tanto los historiadores como la población común fuimos comprendiendo que 1976 inauguró un ciclo de declive económico y de vaciamiento de las instituciones democráticas que continuó luego de que los militares se fueron. Un ciclo que ha visto pasar gobiernos de signos políticos diferentes, incluyendo algunos que quisieron sacar al país de su influjo, y sin embargo no lo consiguieron.
Nuestra siempre vital política callejera encontró la manera de marcar esa perdurabilidad oculta detrás de los cambios de gobierno. Lo hizo mediante un cántico que, si no estoy equivocado, se escuchó por primera vez contra Menem: “Menem, basura, vos sos la dictadura”. Lo cantaban los movimientos de derechos humanos en señalamiento no solo de las políticas de impunidad, sino de las medidas económicas de la década del ‘90, que estaban en una obvia continuidad con las de los militares. Tan obvia, que algunos de los funcionarios clave de Menem, como su ministro Cavallo, ya habían prestado servicios en tiempos de la dictadura. Las mismas políticas con los mismos planteles.
No recuerdo que en ese momento ese cántico haya suscitado controversias. Pero sí las hubo, muy sonoras, cuando volvió a escuchárselo en 2016, esta vez dirigido contra Mauricio Macri. En ese momento, unos cuantos intelectuales y periodistas de simpatías con el gobierno (y un republicanismo, digamos, de ocasión), salieron a denunciarlo como un ejercicio inaceptable de intolerancia política. Equiparar un gobierno democrático con una dictadura era una aberración. El mismo cántico se repite hoy contra Milei. Ya no se escuchan tanto aquellas voces indignadas. Sospecho que les sería complicado volver a salir en defensa de una tolerancia política y un republicanismo de los que prescinde completamente el presidente que hoy apoyan con entusiasmo.
Claro que sería inaceptable, o en todo caso un error, equiparar un gobierno electo democráticamente con una dictadura. Ni el de Menem, ni el de Macri fueron dictaduras, ni lo es el de Milei, incluso si se coloca decididamente por encima de la ley.
Pero lo interesante del cántico es que, en verdad, no plantea tal cosa. No dice “Tu gobierno es una dictadura”. Dice “Vos sos LA dictadura”. Por un lado, el foco está en la persona. Por el otro, la relación no es con lo dictatorial en general, sino con la última dictadura en particular. Lo que nos dice es que Milei, como Menem y Macri antes, encarna el proyecto social y económico de nuestra última dictadura. Su persona es la continuidad de la última dictadura, hoy. Denuncia un ciclo que permanece abierto y que tiene continuidades muy importantes, por más que hayan cambiado profundamente los métodos políticos que las habilitan.
Hay allí una verdad, bien que expresada en el estilo del habla popular, más que en términos académicos. En estos tiempos de estupidez e incontinencia verbal, de hecho, el propio Milei se reconoce abiertamente como continuidad del proyecto de la dictadura. No me refiero al cotejo de sus respectivas medidas económicas y de los discursos que las explican –los de Milei retoman casi palabra por palabra los de Martínez de Hoz–, ni tampoco al hecho de que en su campaña electoral Milei haya justificado los crímenes de la dictadura en exactamente los mismos términos en los que lo hizo el ex almirante Massera. Tampoco me refiero al hecho de que haya llevado como vicepresidenta a una conocida defensora de la dictadura. Me refiero a algo incluso más explícito.
Hace unos días, Milei reivindicó su gestión con una frase llamativa: “Logramos hacer cosas que ni los militares lograron hacer, y lo hicimos en tres meses”. No hay mucha discusión posible sobre el sentido de estas palabras. Es evidente que Milei imagina estar haciendo lo que los militares intentaron hacer y no pudieron. Imagina ser más efectivo que ellos, utilizando menos violencia para llegar al mismo fin. En fin, imagina su gobierno en continuidad con el de la dictadura. Se vanagloria de estar haciéndolo mejor que sus antecesores. Filia en ellos su gobierno. Continúa su obra. Está claro que, en su propia visión, él encarna hoy el ciclo histórico que inauguraron los militares en 1976.
Eso es justamente lo que anticiparon los manifestantes cuando le cantaron “Basura, vos sos la dictadura”. A él y a sus predecesores.
EA/MG