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Incrementaron la recompensa por su paradero

A 20 años de la desaparición de Jorge Julio López, sobreviviente de la dictadura y testigo clave en los juicios por delitos de lesa humanidad

Jorge Julio López

elDiarioAR

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El Gobierno de la provincia de Buenos Aires incrementó el monto de la recompensa para quien aporte información relevante sobre el paradero de Jorge Julio López en el día en el que se cumplen 20 años de su desaparición.

A través del Ministerio de Seguridad provincial, se determinó incrementar el monto de la recompensa ofrecida de $5 millones a $10 millones, para toda persona que aporte datos fehacientes que contribuyan a determinar el paradero de López, quien actualmente tendría 96 años y fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006, cuando salía de su vivienda en la localidad de Los Hornos, en La Plata.

En el caso interviene la Unidad Fiscal Federal de La Plata (FLP N° 509/2008) y la causa está caratulada como “López, Jorge Julio s/ desaparición forzada de personas”.

López fue víctima del terrorismo de Estado durante la dictadura cívico-militar argentina y, como sobreviviente del denominado “circuito Camps”, brindó su testimonio en varias oportunidades en procesos judiciales.

El 27 de octubre de 1976 fue secuestrado por los militares y durante los años siguientes pasó por varios centros clandestinos del circuito represivo en La Plata hasta que recién fue liberado en 1979.

Tras la reapertura de los juicios, su testimonio fue fundamental para señalar al excomisario Miguel Etchecolatz como su torturador y responsable de crímenes de lesa humanidad.

El 18 de septiembre de 2006, mismo día en que se realizaban los alegatos y la lectura del veredicto que condenó a prisión perpetua a Etchecolatz, López desapareció y desde ese día no se logró esclarecer su paradero ni dar con los responsables de su desaparición forzada.

El detalle del caso

En septiembre de 2006, Miguel Osvaldo Etchecolatz fue condenado por la Justicia federal de La Plata como genocida por primera vez en la historia judicial argentina.

Para sustentar esa calificación fue clave el testimonio que brindó el albañil Jorge Julio López, militante peronista sobreviviente de cinco excentros clandestinos de detención que en el marco de ese juicio, y tres meses antes de ser nuevamente desaparecido, denunció la presencia de Etchecolatz en las sesiones de torturas y en los fusilamientos de detenidos, por lo que no dudaba en asegurar que “era un asesino serial y no tenía compasión”.

En su testimonio del 28 de junio de 2006 ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, López relató: “A un costado estaba Etchecolatz y les decía 'dale, dale, subila un poco más (la electricidad de la picana), que este gringo que está en la parrilla una vez yo lo picaneé y se dio vuelta, porque era a batería esa máquina' (la picana)'... y se me ponía cerca con una capucha peluda de mono y me decía 'hacete el guapo como te hiciste aquella noche', ese día la picana no me hacía mucho porque era con batería. Sentía un cosquilleo. 'Ahora vas a sentir, prendela directo de la calle', ordenaba”.

Con su boina gris y su campera roja, López brindó aquel día un testimonio muy emotivo al recordar su secuestro junto a otros cuatro compañeros y compañeras de militancia que concurrían a una unidad básica de la localidad platense de Los Hornos, y de cuyos asesinatos fue testigo presencial.

“Él personalmente dirigió esa matanza”, aseguró López en alusión a los crímenes de Patricia Dell'Orto, Ambrosio de Marco, Norberto Rodas y Alejandro Sánchez.

En su alegato, López relató cómo ocurrieron esos hechos: “Etchecolatz decía 'Mirá, voy a felicitar al personal porque han agarrado a estos montoneros' y estábamos con Rodas y nos picanearon toda la noche”.

Contó también que a Patricia “la torturaban con nosotros y me dijo: 'Uno de estos hijos de puta me tenía los brazos y otro me violaba'. Le habían arrancado un mechón de pelo y sangraba. El marido estaba tirado, todo lastimado. Estaban deshechos los dos”.

“Después la sacan a Patricia, que gritaba 'No me maten, no me maten. Llévenme a una cárcel, pero no me maten. Quiero criar a mi nenita, a mi hija'”, recordó con voz quebrada López en aquel testimonio, y detalló: “Si un día encuentran el cadáver, tiene el tiro metido de acá (señalándose el centro de la frente), y sale por acá (la nuca). Después sacaron al marido, Ambrosio De Marco. Él no se levantaba, entonces lo agarraron entre dos o tres y lo sacaron a la rastra y otro tiró”.

“Un día pensé: si un día salgo y me encuentro a Etchecolatz yo lo voy a matar, yo”, dijo apuntándose con su índice el pecho, pero agregó que luego reflexionó “¿Qué voy a matar a esa porquería?”.

La contundencia de este testimonio no pasó desapercibida, ya que mientras otros sobrevivientes al declarar no podían identificar a sus captores, López lo hizo detallando nombres, datos fisonómicos, apodos y hechos que protagonizaron.

El 18 de septiembre de 2006, López salió de su casa rumbo al Palacio Municipal de La Plata donde se desarrollaba el juicio contra el expolicía, con el fin de poder escuchar los alegatos y ver a Etchecolatz, pero nunca llegó al edificio.

Rubén López, uno de los hijos del albañil, nunca tuvo dudas: Miguel Etchecolatz sabía lo que le ocurrió a su padre y aún recuerda con estupor cuando en el marco de otro juicio, el genocida fue visto con un papel en la mano dónde se podía leer el nombre de su padre.

“Lamento que se haya muerto sin decirme dónde está mi papá, porque él lo sabía, aunque no teníamos pruebas para involucrarlo, él tenía que saber lo que le pasó a mi viejo”, expresó en 2022 a la agencia Télam.

Quién era Miguel Etchecolatz

Miguel Etchecolatz, exdirector de Investigaciones de la Policía Bonaerense y mano derecha del general de brigada Ramón Camps, durante la dictadura militar, murió en julio de 2022 a los 93 años en la Clínica Sarmiento de la localidad bonaerense de San Miguel, donde se encontraba internado con custodia policial. Estaba condenado a prisión perpetua en varios casos crímenes de lesa humanidad que fueron unificadas en una pena única de reclusión perpetua, informaron organismos de derechos humanos.

Nacido en la ciudad de Azul el 1 de mayo de 1929, Etchecolatz muere con múltiples condenas a prisión perpetua, acusado por diversos crímenes de lesa humanidad, mediante sentencias dictadas en los años 1986, 2004, 2006, 2014, 2016, 2018, 2020 y 2021 que fueron unificadas en una pena única de reclusión.

Su nombre quedó asociado también con la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, luego que la declaración judicial del albañil en 2006 como testigo fuera determinante en una causa en contra del expolicía, y por la cual fue condenado a reclusión perpetua.

Años después, el 24 de octubre de 2014, el represor y otros 14 exmilitares fueron condenados por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino La Cacha.

Etchecolatz murió sin haber dicho una palabra de los detenidos- desaparecidos como Jorge Julio López o Clara Anahí.

Entre los crímenes por los que Etchecolatz fue condenado se encuentran el secuestro y asesinato de un grupo de adolescentes conocido como la Noche de los Lápices; la apropiación de menores y la desaparición de Jorge Julio López. Fue beneficiado por la aplicación de la Ley Obediencia Debida, pero en 2006 cuando fueron anuladas las leyes de impunidad, volvió a ser juzgado en las causas que habían sido cerradas. Se lo ha vinculado a la segunda desaparición de Jorge Julio López, testigo en uno de los juicios en su contra. En 2014, Etchecolatz fue fotografiado con un papel manuscrito en sus manos que decía “Jorge Julio López Secuestrar”.

Otras condenas fueron dictadas en 1986, 2004, 2006, 2014, 2016, 2018, 2020 y 2021.

Desde comienzos de la pandemia, Etchecolatz -de 93 años- estaba alojado en la Unidad 34 de Campo de Mayo. Inicialmente, desde esa dependencia se había informado que no tenían las facilidades para atenderlo. Desde hacía varias semanas estaba internado en una clínica de Merlo. Hace exactamente tres semanas, la Cámara Federal de Casación le había concedido la prisión domiciliaria al genocida.

Un mes antes, el exjefe de la Policía bonaerense durante la última dictadura recibió su novena condena a prisión perpetua junto a otro ex policía Julio César Garachico, acusados de haber secuestrado y torturado a siete víctimas y haber asesinado a otras tres. Las acusaciones contra ellos habían sido sostenidas por el sobreviviente Julio López, antes de desaparecer en plena democracia y cuyo paradero es un misterio desde hace desde hace 15 años. Precisamente, López testimonió contra Etchecolatz en el primer juicio que se hizo tras la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Etchecolatz llegó a escribir un libro donde cuestionó el trabajo de la Conadep, bajo el título “La otra campana del Nunca Más”, y siempre que pudo se ufanó de haber participado de la “guerra contra la subversión”.

Hasta el 2006 contó con el beneficio de la prisión domiciliaria lo que en ese año le fue revocado por poseer armas de fuego. No obstante en el 2017 volvió a contar con ese beneficio -que se hizo efectivo solo dos meses- hasta que en el 2018 fue revocado nuevamente.

Ese mismo año sufrió un escrache en su casa del bosque Peralta Ramos, en Mar del Plata, cuando la asociación de vecinos del bosque, se movilizó y se apostó en su casa, en una recordada protesta de la que participó la referente de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, Taty Almeida.

Casado, con una esposa que brindó diversas entrevistas en apoyo de su marido, el expolicía tuvo una hija, Mariana D. quién se cambió el apellido y marchó en 2018 junto a 500.000 personas contra el 2x1, pidiendo que su padre cumpla la condena en una cárcel común.

“Es un ser infame, no un loco”, declaró la joven.

“Por mi cargo me tocó matar y lo haría de nuevo”, fue una de sus provocativas declaraciones en el marco de los numerosos juicios que enfrentó.

La muerte lo encontró a los 93 años en una cárcel común pese a que a principios de junio había sido beneficiado nuevamente con la prisión domiciliaria por diversos problemas de salud.

Rubén López, hijo de Julio López, dijo al conocer la noticia de su muerte: “Lamento mucho que se haya muerto, no por él, por las víctimas, por los que no tuvieron un juicio. Se murió sin decir lo que tenía que decir sobre la segunda desaparición de mi viejo. No aceptó nunca sus crímenes. Lamento que no haya dicho dónde dejaron los cuerpos de los detenidos desaparecidos”.

Myriam Bregman, referente del Frente de Izquierda y en su momento abogada de Julio López, señaló en Twitter: “Murió Etchecolatz, estuvo en una cárcel común hasta el último de sus días. Logramos que se lo condene por genocidio. Nunca dijo el destino de Clara Anahí Mariani ni de los desaparecidos y se le garantizó impunidad en la desaparición de Julio López”.

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