El bunker del oficialismo Crónica

Una noche sin liturgia: nunca fue tan fácil llegar al escenario del Frente de Todos

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El primer bombo se hizo oír pasadas las 22. Un bum grave, un poco lejano. Más allá, unos veinte, veinticinco chicos hacían una ronda y cantaban, agitaban. Arriba un drone, allá otro. Iban y venían entre la humareda de los chulengos. A propósito, el índice “choripan” acompañó al índice “birra”: sánguche y lata a 200 pesos; se vendió muy poco. Nunca fue tan fácil llegar a las vallas del escenario del Frente de Todos. Aquella liturgia -siempre masiva, siempre ruidosa- que acompaña al oficialismo anoche no estuvo.

“No. ¿Cómo? ¿Esto es verdad? No puede ser. Si me pasé todo el día cantando L-Gante. Élegant, como dice ella. No: no puede ser”, dice una mujer y muestra la pantalla de su celular. El mensaje se lo ha enviado un amigo: “Cristina perdió todo”. Entonces la mujer confirma que sí, que de acuerdo a los primeros resultados oficiales los precandidatos del FdT no alcanzaron el porcentaje que esperaban. Ella, que había ido a escuchar a Cristina, repite: “Es increíble. ¿Cómo puede ser que la gente vote a la oposición después de todo lo que hizo este Gobierno para que sobrevivamos a la pandemia?”.

Es increíble. ¿Cómo puede ser que la gente vote a la oposición después de todo lo que hizo este Gobierno para que sobrevivamos a la pandemia?

Cristina presente. Cristina en remeras, Cristina en cuadros, Cristina en fotos a 300 pesos. Cristina en pines, en barbijos, en pañuelos, en banderas, en tatuajes. Y Cristina en silencio sobre el escenario, pasada la medianoche, a la izquierda del presidente Alberto Fernández, el único que le puso voz a la derrota. Alberto no habló en ese escenario donde la mujer esperaba que hablara Cristina, sino dentro del Complejo C, el búnker kirchnerista ubicado en Corrientes y Dorrego, Chacarita, muy cerca del cementerio. 

Nadie subió al escenario que fue armado al aire libre, donde aquella mujer -y muchos otros-  esperaba por los precandidatos del FdT. Ese escenario sólo se usó para proyectar consignas -”La vida que queremos”- y transmitir lo que pasaba adentro, que tampoco era el búnker, sino la carpa donde arrumbaron a los y las periodistas y donde todo estaba perfectamente sincronizado. Cada cuarenta minutos, en tandas de tres, funcionarios públicos respondían preguntas de la prensa. Afuera, por encima de los bombos de la murga Los Intocables de Villa Soldati, se oyó a Gilda, La Renga, Soda Stéreo y “Ella vendrá”, de Palo Pandolfo. No hubo interlocutores con ese puñado que se acercó.

“No llamaron a movilizar. La militancia organizada se ocupó de toda la logística que implicó un día de elecciones inédito, con muchas medidas de protección por el Covid-19. Asistir, organizar a la gente en las escuelas… Estar: estar en la básica, en los barrios… No hacía falta venir acá”, explicó a elDiarioAR una fuente que conoce las entrañas del movimiento y que pidió reserva de su nombre.  

Ahora, otro punto de vista, de una militante que se llama Mariana Despíndola y que ayer se acercó al Complejo C con un grupo de amigas. Ella no esperaba un festejo para esta PASO: “No sentí que la campaña haya sido para la gente preocupada por el trabajo y por el ahorro, además de que me parece que nuestros precandidatos no son sólidos. No me sorprende este resultado. Habrá que militar más. O mejor”, dice. Ya conocen el sabor de la derrota, pero si al kirchnerismo siempre le gustó medirse por volúmenes y cantidades, lo de anoche arruinó el promedio. 

VDM/SH