LECTURAS A 50 años del Golpe

“Hubo una vez un patio”: reconstruir la desaparición de los padres

Ana Julia Bonetto y Martín Bonetto

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Ana Julia

Papá sería muy enamoradizo, pero conoció a mamá y bajó la persiana. Solo pudieron estar juntos cuatro años nada más, pero se dieron todo y no cedieron nada.

Alejandra, hermana de Anna

¡Anna sentía una gran admiración por Roberto! Lo adoraba. Ella ya tenía su ideología, pero Roberto la metió de cabeza en la militancia.

La historia de Anna y Roberto comienza en algún punto de 1973. La imprecisión va a ser una constante en el relato que se haga de su vida en común. De la misma manera que sus sonrisas quedaron congeladas en una juventud eterna, las medidas de seguridad que tomaron para proteger al entorno siguen operando: sus recorridos y sus debates están tabicados. Sus miedos también.

El relato familiar sostiene que se conocieron en un colectivo, Olga dice que su primer encuentro fue en unas reuniones nacionales de la JP que se hicieron en La Plata.

Olga “Panchita” Lanzoni, amiga de Anna

Anna era muy enamoradiza, igual que Roberto. Yo creo que se encontraron y enhorabuena. Enhorabuena porque cuando de la misma organización le dijeron que no podía militar con los demás, ella, como siempre a contramano, la peleó. A causa de su aneurisma, no podía hacer todo lo que quería pero hacía mucho. Y Roberto la bancó. Se organizaron lo mejor que pudieron. Para mí, eso es el amor.

En las primeras épocas, mantenían el romance a la distancia. Roberto estaba en Olavarría e iba a La Plata cada vez que podía para estar con Anna. Se divertían mucho juntos. Hasta en los momentos más difíciles siempre había risas. Roberto decía unas guasadas tremendas que nos divertían mucho. Más tarde decidieron irse juntos para allá. Ella dejó todo y se fue. Al tiempo fui a visitarlos a Olavarría y ahí confirmé lo que suponía: que era muy feliz con Roberto, que Anna era amada y tenía un grupo fabuloso de compañeros.

También Cacho recuerda que los primeros tiempos de esa historia tuvieron un brillo especial.

Cacho, hermano de Roberto y Kela

Mientras no estaban en la clandestinidad, venían juntos a Olavarría. Martín nació acá, incluso. Era todo muy lindo, por lo menos la época en que Roberto era un cuadro de una organización apoyada por Perón y que formaba parte de su gobierno.

Ana Julia

Hace poco descubrí que en la pata de un muñeco que era de Roberto, decía “Araceli”. Le pregunté si era ella y me dijo que sí, que ese muñeco se hizo en una jornada de militancia en Olavarría, donde Roberto se encargó del grupo de adultos, y Anna de un grupo de niños, haciendo manualidades. (En referencia a Araceli “La Poquito” Gutiérrez del Monte Peloni).

Pero la relación de Montoneros con Perón se deteriora a poco de la asunción del viejo caudillo. El 1 de mayo de 1974, el presidente los llama “imberbes” y los obliga a retirarse de la Plaza de Mayo y del gobierno. En La Plata, las cosas no están mejor que a nivel nacional. El gobernador Oscar Bidegain, de buenas relaciones con los sectores juveniles, es obligado a renunciar en favor del vicegobernador Victorio Calabró, vinculado con los sindicatos y las fuerzas armadas. Ese mismo año comienza a operar en la capital provincial la terrorífica CNU (Concentración Nacional Universitaria), una organización paramilitar de ultraderecha que poco después se integra a la triple A. La muerte de Perón y todo el poder a López Rega es parte del comienzo de la cacería. Cuando el 24 de marzo llega el golpe de Estado, hacía tiempo ya que Montoneros había pasado a la clandestinidad. Anna y Roberto se esconden un tiempo en Bahía Blanca. Allí transcurre el embarazo de Ana Julia.

Alejandra, hermana de Anna

Cuando supo que estaba embarazada de Ana Julia, Anna me dijo que no sabía si podría seguir con el embarazo. Tenía que consultar con la organización.

Para ese 1977 que recién empezaba estaban viviendo en La Plata, en un PH que estaba en 64 nº1670 entre 28 y 29.

Eduardo, primo de Roberto

Un día estaba en casa y Roberto me grita por la ventana: “Abrí la puerta y andá para el baño”. Como siempre, yo bajaba la tabla del inodoro, me sentaba y él me hablaba. Dijo: “Estamos en terrorismo de Estado total. ¿Vos sabés lo que es el terror?”. “Me imagino”, le digo. “No, no te imaginás”. Y me empezó a decir cosas terribles, las cosas que les hacían a los detenidos. “¿Y entonces por qué no se van?”. “No nos vamos a ir”. “¡Pero los van a hacer mierda!”. Y dijo: “El día que vos veas mi foto en el diario, vas a saber que ni yo ni Anna delatamos a ningún compañero”. Y fue así.

Negro Gossio, amigo de Roberto

Una vez nos encontramos con el flaco Godoy y Beltra en La Plata. El flaco tenía una camionetita y Beltra le pidió que lo llevara por unoslugares que quería recorrer. Pasaron por muchas casas en las que, aparentemente, habían detenido a compañeros. Eran casas reventadas, era una situación muy difícil la que se vivía en ese momento. Días más tarde se produce la desaparición de Beltra. Tiempo después, el Flaco dijo que esa mañana, mientras daban vueltas, Beltra le había dicho que recibió consejos de que era conveniente que se fuera porque corría mucho peligro. A lo que respondió que no iba a irse, que no iba a abandonar la lucha ni a sus compañeros y que iba a seguir hasta las últimas consecuencias. Esto habla claramente de su compromiso, y hasta qué punto llevó adelante su compromiso ideológico. También nos había dicho a todos que si le pasaba algo, no lo buscáramos porque nos estaríamos exponiendo. Así que enseguida que desapareció ya nosotros sabíamos que no lo íbamos a volver a ver.

Olga “Panchita” Lanzoni, amiga de Anna

Tuvimos una discusión muy seria, porque yo no militaba en la misma organización. Yo estaba en el Peronismo de Base. Y ellos querían que me pasara a Montoneros, pero yo les dije que no. No acordaba con seguir la lucha. Yo estaba de acuerdo con el repliegue táctico. Lacorrelación de fuerzas no nos daba ni en pedo para seguir. No teníamos oportunidad sin replegarnos. Mis diferencias no pasaban porlo ideológico en términos de objetivos. Ni entonces ni ahora. A los pocos días ellos se van. A los tres días. No los vi más.

Cacho, hermano de Roberto y Kela

Estaba claro que la cosa estaba podrida. Empezaban a desparecer compañeros, era todo muy rápido. El último fin de año vino Roberto a Olavarría en secreto y tuvimos una conversación. Vino en colectivo. Ana Julia estaba recién nacida. Roberto me había dicho que no fuera a buscarlo a la terminal, tuve que ir a la ruta. Y ahí le dije: “Loco, ¿porqué no te dejas de joder? Tenés los pibes chiquitos, estás marcado, esto va a terminar mal...”. Él me contestó que no, que estaba dispuesto a morir por esta causa y no pensaba abandonar.

Martín

El Flaco Godoy era un gran amigo de mi papá y nos quería como si fuéramos su propia familia. Se encargó de que mi hermana y yo nunca perdiéramos el vínculo. Todos los años, cuando mi mamá o mi abuela no podían llevarme a Olavarría para ver a Ana Julia, él pasaba a buscarme por casa, en La Plata, y en su camionetita blanca me llevaba hasta lo de Kela. Allí me reencontraba con mi abuela, con Gabriel y con mi hermana. Lamentablemente, falleció antes de que comenzáramos este libro. Hubiera tenido grandes historias para contarnos. Gracias, Flaco.

Un relato de Ana Julia

Era uno de los mejores amigos de mi papá y era también “El cuarto Rey Mago”. O sea, venían Melchor Gaspar Baltasar... y el Flaco Godoy… Era clavado que cada año se apareciera con algún juguete para mí, y no era “cualquier juguete”. Eran los de Gales. LA juguetería de Olavarría, donde los reyes magos tenían sucursal y el Flaco “contacto directo”, porque era muy amigo de los dueños. En casa era la hora de la siesta. Hacía calor y se escuchaba clarito como alguien estaba “fruchando” algo por la puerta. El sodero no era, porque este ingresaba a hacer la “danza del sifón” por la ventana… Mientras una salía del baño o entraba a la pieza podía encontrárselo, eso era completamente normal. Un par de brazos transpirados en una coreo “sifónica” perfecta, que además, si tenías la cama deshecha, hasta te estiraba la colcha. Pero el sodero no era… Parece que era el cuarto Rey Mago, o sea, el Flaco Godoy, que estaba queriendo hacer pasar por la puerta a un Yoly Bell hermoso que recibiría el nombre de Anita. Pero que ni bien vi quise abortar, por no ser de los grandes como el de mi prima Lula o el de mi amiga Bernarda, que eran Yoly Bell bien alimentados. A este le faltaban un par de memas (como a mi), y por eso pasó por la puerta, supongo… Igual me puse muy contenta y escribí una carta para que me trajeran los mismos Reyes un vestido para mi muñeca Anita. No sé si ese año vinieron dos veces los reyes o qué, pero al poco tiempo lo tenía. Era de tul blanco transparente con motitas rosas y cintas de raso rosa también. Un sueño el vestidito. Se lo pongo a la Yoly Bell y me voy a lo de Caela, que era el almacén del barrio, y para mí ir sola hasta ahí era todo un ACONTECIMIENTO. Entro y estaba la vieja Caela sentada con olor a queso y atrás del mostrador la Raquel, hija de Caela, cortando fiambre y pellizcando todos los pedacitos que se le iban cayendo en cada pasada, siempre hacía lo mismo. Raquel apaga la máquina, se me queda mirando y suelta: “¡Ay, pero qué hermoso le quedó el vestidito a la Paulina!”. Paulina era la vieja alemana que vivía enfrente y hacía strudels, y se ve que también cosía “clandestinamente” para los Reyes Magos. Yo me quede dura y mareada por el “dolor” a queso… Balbuceando:

“Me lo trajeron los reyes… Me lo trajeron los reyes...”. Se hizo un silencio que atravesaba los picado fino y los picado grueso que colgaban interceptando el rostro de Raquel, que se ponía pálido por haber metido la pata hasta el fiambrín.

Me dio chizitos.

Volví a casa masticando por esa vereda ancha de Las Heras agarrada bien fuerte de mi Anita para no tropezar con las baldosas de bronca, y cuando me vieron la jeta la abuela María y mamá Kela… al unísono cantaron todo. También que el cuarto Rey Mago era el

Flaco Godoy. Fin.

Gracias, Flaco, por la Magia.

Roberto y Anna María según Ana Julia

JOSÉ ROBERTO BONETTO

Nació el 8 de abril de 1943 en Olavarría a las once y media de la mañana.

Fue a la Escuela 17 y al Colegio Nacional.

La familia le decía Roberto.

A Roberto le gustaba el pastel de papa.

Se juntaba los viernes por la noche a jugar a las cartas y a fumar mucho con algunos amigos.

Sus amigos le decían Beltra.

A Beltra le gustaba ir a bailar al boliche “Rodríguez” y viajar.

Dibujaba sacando la lengua al costado en una punta de la mesa mientras la mamá cocinaba cantando tangos.

Roberto, siempre le decía: “Vieja, hasta que vos no te mueras, yo no me caso”.

Beltra se fue a vivir a La Plata, a estudiar Arquitectura y a trabajar en

Obras Publicas como dibujante.

En La Plata comenzó su militancia y fue dejando de ser un poco Roberto… un poco menos Beltra…, y empezó a tomar forma el sobrenombre de el Barba. Así lo llamaban los compañeros de militancia.

Una tarde de julio en un colectivo yendo a una movilización conoció a

Anna María Mobili, italiana 31 años, y se olvidó completamente de lo que le había prometido a la vieja…

A los meses se casaron. Militaban los dos en Montoneros. Vivieron en

Olavarría, Bahía Blanca y La Plata. Se fueron de luna de miel a Córdoba en carpa, ella con pancita de meses de Martín que nació en julio.

En diciembre de 1976 nace su segunda hija, Ana Julia.

Dos meses después desaparecieron. Pasaron de la cocina de su casa a la

Comisaría Quinta, de ahí a Arana y de Arana al Pozo de Banfield. Y de ahí se supone que al mar… Tenían 33 años.

Roberto, Beltra, Barba…, cada vez que Anna María, embarazada, se acostaba con los pies hinchados a la hora de la siesta en Olavarría, él se hacía bien chiquitito y se acomodaba como podía a su lado.

Me gusta imaginármelos así.

ANNA MARÍA MOBILI

Anna María nació en Nápoles, Italia, en un pueblito llamado Portici.

El 2 de febrero de 1943.

A los meses, en plena guerra, se va a refugiar a Turín.

Ahí Anna María jugaba con su primo Cesar a que ella era una princesita y el un superhéroe que lo podía todo y la defendía de los retos de su mamá.

Adolescente, viene a vivir a Argentina, a la ciudad de La Plata.

Comienza a estudiar Psicología.

Le gustaba mucho escribir, sobre todo lo que sentía cuando era chiquita y su mamá le hacía las trenzas con ruido a bombas de fondo.

Allá por el año 45 en Nápoles.

Se recibió de psicóloga en La Plata.

Le gustaba dibujar tejer y cocinar pato a la naranja.

Una tarde de julio, yendo a una movilización en un colectivo, conoció a Roberto, Beltra, Barba Bonetto. Militaron los dos en Montoneros. Se le hinchaban los pies por el embarazo de su primer hijo y Roberto, Beltra Barba se recostaba a su lado a la hora de la siesta en Olavarría. Se fueron a vivir a La Plata y nació su segunda hija, Ana Julia. Mientras la amamantaba, Martín se enojaba y le pellizcaba los piecitos. A Roberto y a Anna les gustaban las comidas agridulces y tenían muchos libros y una heladera que desgarraron el día que entraron a llevárselos. A él se lo llevaron primero, a Anna minutos después. Era el 1 de febrero de 1977 al otro día Anna cumplía 34 años. Pasó de amamantar a Ana Julia en su cocina, a la Comisaría Quinta, de ahí a Arana y por última vez al Pozo de Banfield. Los iban trasladando juntos, con su esposo Roberto, Beltra, Barba… Entonces…, tal vez…, él pudo recostarse al lado de ella con los pies hinchados y quedarse un rato abrazados en alguna siesta.

Me gusta imaginármelos así.