El “súper-RIGI” de Milei buscaría el desembarco de Palantir de Peter Thiel y otras empresas tecnomilitares de EE.UU.
“Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit no me queda otra que lanzar una MEGA BOMBA desde el avión presidencial”. Con esa frase, publicada este jueves en X, Javier Milei anticipó el envío al Congreso de un nuevo régimen de promoción de inversiones al que bautizó “súper-RIGI”, pensado —según dijo— para “sectores que nunca han existido en Argentina”. No hay letra del proyecto y el derrotero parlamentario es largo, pero la referencia del presidente no fue casual.
El B-2 Spirit es un bombardero furtivo estratégico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, uno de los aviones militares más sofisticados y costosos del mundo, diseñado para operaciones de ataque de largo alcance y capaz de transportar armamento convencional y nuclear. La comparación elegida por Milei funcionó además como una pista sobre el tipo de industrias que busca seducir con el nuevo esquema de beneficios.
Detrás del mensaje presidencial aparece un objetivo que ya empezó a discutirse en despachos oficiales y entre empresarios tecnológicos: atraer al país a compañías vinculadas al complejo tecnomilitar estadounidense, entre ellas Palantir, la firma de análisis masivo de datos cofundada por el magnate tecnofascista Peter Thiel, uno de los empresarios más influyentes del ecosistema de Donald Trump y Silicon Valley, que visitó a Milei hace dos semanas y está viviendo en la Argentina.
En el Gobierno imaginan un régimen especial para compañías dedicadas a inteligencia artificial aplicada a defensa, vigilancia, ciberseguridad, drones autónomos y procesamiento de datos sensibles. Además de Palantir, firmas como Anduril Industries, Northrop Grumman, Shield AI y Boeing aparecen como potenciales interesadas en desembarcar. Una pista la dio el libertario Nicolás Promanzio, quien tiene un programa sobre defensa y seguridad en el streaming libertario Carajo, vinculado a Santiago Caputo.
elDiarioAR reveló día atrás el avance de marcos regulatorios bajo el mileísmo orientados a facilitar el ingreso de Palantir al país, en medio de cambios impulsados por el Gobierno en materia de protección de datos personales, seguridad y vigilancia estatal.
Sin conocerse la letra del proyecto, el “Súper-RIGI” buscaría ofrecer beneficios fiscales, cambiarios y regulatorios aún más agresivos que los del régimen original aprobado con la Ley Bases. El RIGI actual es para inversiones de más de 200 millones de dólares en la industria forestal, infraestructura, minería, energía, tecnología, turismo, petróleo y gas y siderúrgica a cambio de beneficios fiscales e impositivos por 30 años.
El propio Milei dejó pistas sobre el perfil de sectores a los que apunta el proyecto al comparar su anuncio con el B-2 Spirit, símbolo del poderío militar estadounidense. Es otra señal del alineamiento político automático con Washington y el vínculo con empresarios del universo trumpista.
Las tecno-militares buscadas
Palantir, Anduril Industries, Northrop Grumman, Shield AI y Boeing podrían ser atraídas por Milei como señala el video colgado en X por Promanzio. “No hay nada por el momento”, adelantaron en el ministerio de Defensa de Carlos Presti, un funcionario alineado 100% a la estrategia militar norteamericana.
Palantir, la empresa fundada por Thiel, se especializa en integrar gigantescas bases de datos para tareas de inteligencia, seguridad y defensa. Sus plataformas son utilizadas por agencias militares y de inteligencia estadounidenses, fuerzas policiales y gobiernos occidentales. En los últimos años también se expandió hacia aplicaciones comerciales y de inteligencia artificial generativa. En concreto, operadores de Palantir llegaron a manejar drones suicidas o con misiles en operativos militares en Medio Oriente.
Anduril Industries es una de las startups de defensa más cotizadas de Estados Unidos. Fundada por Palmer Luckey —creador de Oculus VR—, desarrolla drones autónomos, sistemas de vigilancia fronteriza y plataformas militares basadas en inteligencia artificial.
Shield AI trabaja en pilotos autónomos para aeronaves militares y drones de combate. Northrop Grumman es uno de los gigantes históricos del complejo militar-industrial norteamericano y fabricante, entre otros sistemas, justamente del B-2 Spirit mencionado por Milei. Boeing, además de su negocio aeronáutico comercial, es uno de los mayores contratistas de defensa del Pentágono.
La posibilidad de que empresas de ese perfil operen con acceso a bases de datos, infraestructura estratégica o sistemas de vigilancia en Argentina ya generó preocupación entre especialistas en privacidad y derechos digitales, como adelantó este medio. “Hay una serie de riesgos estructurales que tienen que ver más con los problemas de Argentina en la incorporación de vigilancia. Porque estas tecnologías se adoptan sin ningún tipo de estudio previo ni discusión política más amplia sobre si son necesarias y para qué se van a usar. Nada pasa por el Congreso y son decisiones discrecionales del Poder Ejecutivo. Además hay una relación muy asimétrica entre la empresa y el Estado, que compra cajas negras y después no tiene posibilidad de exigir saber cómo funcionan esos sistemas”, advirtió Manuel Tufró, director del área de Justicia y Seguridad del CELS.
La combinación entre inteligencia artificial, vigilancia masiva y ausencia de controles robustos puede abrir la puerta a mecanismos de monitoreo estatal y privado de enorme escala. El desembarco de compañías como Palantir profundizaría ese debate. Por ahora, el contenido concreto del “súper-RIGI” se desconoce. Pero ya hay señales de una política directa hacia el ecosistema tecno-militar que apadrina el magnate Thiel, quien en un ensayo escribió: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.
MC/CRM
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