Lo obvio y lo no tan obvio sobre la discusión previsional: cómo construir otra sostenibilidad
El episodio de Marcos Galperín y la jubilada es una oportunidad para discutir algo que, aunque tristemente lo exprese un empresario multimillonario, lo piensa gran parte de la sociedad. ¿Hablamos de la sostenibilidad de los sistemas jubilatorios?
Primero, lo obvio. Esta señora, ama de casa, de la que se ríe Galperín, gana con suerte —y gracias a la moratoria— 463.000 pesos, mil pesos menos que la canasta básica total. Si solo tiene la PUAM, gana por mes $374.000. Eso por haber dedicado al cuidado, probablemente, más o menos 20 o 30 años.
Persiste la idea de que estas mujeres no “trabajaron” y, por lo tanto, no “aportaron”. Sin embargo, podríamos decir que aportaron tres veces. La primera, cuando al hacerse cargo de las tareas del hogar habilitaron que otros pudieran salir a trabajar y criaron hijos que luego se incorporaron como fuerza laboral. Esas horas de trabajo no remunerado representan el 14% del PBI, según cálculos oficiales del INDEC en 2024.
La segunda vez que aportaron fue al consumir. La gente piensa que las jubilaciones se pagan solo con lo que otros aportaron trabajando, cuando en realidad un 25% se financia con asignación específica de otros impuestos, en particular al consumo. Otro 30% se paga con transferencias del Estado a ANSES, también constituidas con impuestos. Y en esos impuestos también están las mujeres, incluidas aquellas que cuidaron. La tercera vez que aportaron fue cuando, al acceder al plan de facilidades de la moratoria, pagaron cuotas de aportes.
Suele afirmarse que las moratorias “le quitaron” la jubilación a quienes sí aportaron. Sin embargo, ese argumento omite que muchas de esas trayectorias laborales fueron posibles porque alguien sostuvo las tareas de cuidado detrás. Cuando ese cuidado no fue realizado por la propia pareja, lo fue por una trabajadora de casa particular, que también —si logró jubilarse— probablemente lo hizo a través de una moratoria -dada la alta informalidad del sector-.
Pero, explicado lo más “obvio”, vamos a lo no tan obvio. ¿Fue la moratoria una excepción? ¿Vamos a volver a ser “sostenibles”? ¿Cómo hacemos para jubilar a todos? Hay quienes creen que la moratoria fue una circunstancia extraordinaria y que está bien que el gobierno de Javier Milei la haya eliminado por ser insostenible. Incluso suponen que, en algún futuro, podremos volver a ser “sostenibles” bajo las reglas tradicionales: “aportes=jubilaciones”.
Sin embargo, hacia adelante es prácticamente imposible imaginar un escenario en el que la seguridad social se financie solo con trabajadores formales y cubra únicamente a trabajadores formales. El envejecimiento poblacional, la informalidad y la existencia de personas dedicadas al cuidado familiar van a obligar siempre no solo a pensar cómo dar ingresos a quienes no cumplieron aportes, sino también cómo obtener recursos que no provengan exclusivamente de esos aportes.
Necesitamos pensar una inclusión previsional permanente. A nivel global, la cobertura previsional está en aumento (pasó del 54% al 77% en diez años), y no porque la formalidad esté creciendo, crecieron los instrumentos de inclusión. Los países están desarrollando políticas para que los años de cuidado de niños cuenten a la hora de jubilarse y para que quienes no pudieron aportar accedan a un piso de protección social.
Sin las moratorias, solo el 55% de las personas mayores se hubiera podido jubilar en Argentina. ¿Por qué? Porque las exigencias del sistema previsional tradicional está pensado para la carrera laboral de un varón, continua, formal y sin interrupciones. Por eso, no solo Argentina, sino también Alemania, España y Uruguay, reconocen el cuidado como parte del acceso a la jubilación. Alcanza? No, tampoco alcanza una moratoria temporal. Tenemos que mejorar nuestro propio piso de protección social. Si eso quisiera ser la PUAM, está rodeada de incompatibilidades y ofrece un monto muy pordebajo de las necesidades básicoas.
Aun si lográramos que esa trayectoria de 30 años formales fuera la norma, la pirámide poblacional va a envejecer demasiado como para sostener el sistema solo con los trabajadores activos. En Futuros Mejores venimos trabajando en una agenda de política pública alternativa para la Argentina, que incluye la política previsional y sus cálculos de sostenibilidad. Partimos de que a nivel global, se reconoce que los sistemas públicos de reparto son más sólidos frente a crisis que los sistemas privados de capitalización (OIT); la discusión internacional no es privatizar, sino mejorar el sistema público.
Calculamos que, recuperando solo un tercio de las exenciones tributarias, se podría financiar un aumento del 20% para todos los jubilados de la mínima, sin excluir a nadie. También es necesario buscar nuevas fuentes de sostenibilidad gravando rentas extraordinarias y mejorando la administración tributaria para captar flujos ilícitos. En ese camino, será clave utilizar la información disponible —incluida la que manejan grandes plataformas como la del empresario en cuestion— para formalizar actividades, mejorar la recaudación y garantizar derechos previsionales a futuro.
Asimismo, es necesario armonizar diferencias entre regímenes previsionales e incluir una cláusula gatillo por salario real en la fórmula de movilidad. Otra necesidad, distinta pero también relevante, es contener a quienes pueden y quieren aportar más mediante sistemas privados complementarios, que contribuyan adicionalmente al financiamiento del sistema público obligatorio.
¿Hay una discusión pendiente sobre la gradualidad y la edad jubilatoria? Sí pero que la traccionen los modos de vida, no los recursos calculados de forma escasa.
Como corolario final, vale la pena detenerse en la contradicción: en las redes se ridiculiza a esta mujer que se dedicó a criar y, al mismo tiempo, se les pide a las mujeres que no hagan caer la tasa de natalidad. Si tenés hijos, no hay jardines suficientes; si los cuidás vos, no te vas a poder jubilar; se espera que dependas económicamente de tu pareja; y si sufrís violencia, muchas veces no se te cree. La brecha salarial creció cinco puntos porcentuales en los dos años de gestión de Milei. No sorprende entonces que el nivel de desaprobación del gobierno entre las mujeres sea tan elevado.
En lugar de desconocer el trabajo de cuidado, podríamos estar desplegando sistemas de cuidados como política laboral, social, educativa y, también, previsional. Se estima que en Argentina podrían generarse al menos 1.800.000 puestos de trabajo si se priorizara este sector.
Lucía Cirmi es economista y referente de Futuros Mejores
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