El mapa del FdT

Sin plan B, La Cámpora juega a Cristina 2023 y mide la ventaja de sacar la PASO

Cristina Kirchner durante un acto en Plaza de Mayo

“Ya no se pertenece”. Escuchado en el primer anillo de La Cámpora, el dictamen puede interpretarse como una desobediencia a Cristina Kirchner, la jefa, porque a pesar de las señales de la vice sobre su recelo a subirse a otra aventura electoral y política como candidata presidencial, el dispositivo K abrazó el plan Cristina 2023 como bandera a la victoria o, quizá, a la derrota menos estruendosa. Se puede traducir más sencillo: que Cristina deba ser candidata aunque no quiera ser candidata.

Los duelos peronistas y los "No" de Juntos detrás del plan para crear una Corte de 15

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A 272 días del cierre de listas, con el alegato por la Causa Vialidad todavía tibio, la construcción de una postulación irreversible de Cristina apunta a terminar de ordenar el dispositivo del FdT que opera, casi todo el tiempo, en tres planos disociados. La vice metida de lleno en su laberinto judicial, Sergio Massa entregado a un engorroso ejercicio diario de domar una crisis económica que combina picos de actividad y de inflación, y Alberto Fernández, relegado, con los teléfonos rotos con casi todo el universo K. El presidente hace meses que no habla con Máximo Kirchner y sus contactos con Axel Kicillof, desde la crisis del FMI, son esporádicos y mínimos.

"Hay medidas con las que uno puede no coincidir pero Sergio agarró una situación peor que la que dejó Macri", dice Máximo Kirchner para defender a Massa y castigar a Alberto Fernández y a Martín Guzmán

Massa funciona como un jefe de Gabinete que además de “jefe de la administración” funciona como eslabón entre los Fernández que dejaron de petardearse 24x7 pero, en paralelo, redujeron casi a cero la comunicación. Durante la estadía del presidente en EEUU no hubo ni una comunicación telefónica entre ellos. En esas 96 horas pasaron cosas que, a simple vista, requerían algún tipo de interacción entre el presidente y la vice: empezó el alegado de la defensa de Cristina, Alberto llevó el atentado a su discurso en la ONU y tuvo una bilateral con Kristalina Georgieva, instancia que puede derivar en una ansiada revisión de las metas del acuerdo con el FMI en 2023.

La cosa económica

Los Fernández cedieron a Massa el manejo de la cosa económica, aunque surjan chispazos como la resolución del BCRA sobre el dólar soja. Si hay un entendimiento, implícito, entre el presidente y la vice consiste en “apoyar los esfuerzos de Sergio”, según dicen en Casa Rosada. La paradoja de esa concesión es que Alberto está más cómodo con el modelo Massa que lo que está el cristinismo que parece asumir que, aquí y ahora, la opción que ofrece el tigrense es la única posible.

El massismo tardío de los Fernández es un giro interesante. Hace dos meses, antes y después de Martín Guzmán, cuando el tigrense pujaba por entrar al gobierno, parecía existir una sola coincidencia, en un océano de disidencias, entre Cristina y Alberto: la desconfianza hacia Massa y el recelo a cederle una cuota de poder al socio minoritario del FdT que, al final, se convirtió en el conductor del gobierno. Algo así como si entre 2015 y 2019, durante el cuatrienio macrista, el rumbo de un resorte primordial de la gestión como la economía hubiese quedado en manos de Elisa Carrió, dueña de la cuota parte más pequeña de la alianza Cambiemos.

Máximo Kirchner, en una sobremesa en Lomas con un puñado selecto de dirigentes del conurbano, justificó la Massadependencia del FdT. “Hay medidas con las que uno puede no coincidir pero Sergio agarró una situación peor que la que dejó Macri”, dijo el jefe del PJ bonaerense que atribuye todos los males al acuerdo con el FMI y focaliza las críticas en Martín Guzmán, quizá para evitar ensañarse con el presidente, quizá por un escozor particular con el exministro, quizá ambas cosas y algo más.

Si hubo un plan maestro, con planificación y financiamiento, por encima de "Los Copitos" ¿ese plan está desactivado o hay, todavía, riesgos para la vicepresidente?

Post atentando, con la dimensión trágica que ofrece lo que pudo ocurrir, “el diputado Kirchner” -como lo mencionó la vice en su exposición ante el tribunal- desliza un mea culpa sobre no haber jugado más a fondo contra el acuerdo. Invoca una teoría intrigante: “Voltear el acuerdo era voltear a Alberto”, justifica la decisión de no boicotear, con más intensidad, el pacto con el FMI. ¿Había un plan B a entrar en default? No se habla de eso pero si de que intervino el límite que se autoimpuso Cristina de “no ser (Julio) Cobos ni Chacho Álvarez”.

Si hay un plan ¿pasó el peligro?

En modo judicial, en torno a la vice se instaló en la última semana un clima diferente ante la presunción de que el ataque del Fernando Sabag Montiel no fue un emprendimiento de un puñado de loquitos, sino que respondió a una planificación que excede a los protagonistas identificados hasta ahora. Cuando la vice tradujo que la “persecución judicial” dio licencia para el atentado, en la intimidad de su entorno se instaló un interrogante hacia adelante: si hubo un plan maestro, con planificación y financiamiento, por encima de “Los Copitos” ¿ese plan está desactivado o hay, todavía, riesgos para la vicepresidente?

Lo refleja la estadística: salvo en 2011 y algo en la legislativa 2021, el peronismo -como Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana o FdT- perdió votos, proporcional y comparativamente con lo que crecieron las oposiciones, entre los PASO y la general

En persona, Máximo Kirchner se confiesa abrumado frente a la posibilidad de exponer a quien es su jefa política pero, antes que todo, su madre. Tiene el registro de que había planeado, desde el PJ bonaerense, un acto en Merlo para el sábado posterior al ataque donde pensaban reunir 80 mil personas. Los mensajes que sugieren que Sabag Montiel se apresuró porque el ataque debía ejecutarse más adelante operan como un tormento sobre el riesgo que suponía un acto de esa dimensión. Anida, en ese temor, una contradicción: ¿cómo se imagina una campaña con Cristina como candidata inevitable?

La mención de la vice en el tope de la boleta del 2023 pone algunos mojones y establece límites propios y ajenos. Sugiere, por caso, que luego del experimento Alberto, el dedazo de la vice para poner un candidato presidencial tendría menos poder que en otro tiempo. “Ya no va a poder decidir al candidato con un video”, interpreta un dirigente que zigzagea entre la macro y el territorio. Impone, además, la idea de una candidatura única. Esto, a su vez, da una pista sobre el destino de las PASO.

En el FdT analizan los beneficios y perjuicios de eliminar ese instrumento electoral que, se admite, nunca le sirvió al peronismo. Lo refleja la estadística: salvo en la presidencial del 2011 -sumó 1,1 millones de votos- y, en algunas provincias en las intermedias del 2021, siempre el peronismo -con el nombre de fantasía Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana o Frente de Todos- perdió votos, proporcional y comparativamente con lo que crecieron las oposiciones, entre la PASO y la general. Encima casi nunca usó ese instrumento mientras el voto útil le sirvió a la alianza PRO-UCR a quien, además, las primarias le permitieron resolver sus cuitas.

Ahí hay una certeza: sacar las PASO, complica a JxC. Lo que, per se, no conviene al FdT es mantener el statu quo: si no elimina las primarias -hay cuentas que sugieren que hay ya número en el Congreso para hacerlo-, la lógica es que decida usarlas. Hay una presunción: si Cristina es candidata, eso impulsará a Mauricio Macri a competir también, y ese movimiento generará una fractura de hecho en Juntos porque la UCR, con Gerardo Morales como ordenador y Facundo Manes como fervoroso candidato, no encontrarán motivo para ir a competir -y muy posiblemente perder- con el expresidente.

En otros rincones del peronismo no existe esa nitidez sobre la conveniencia. En Santa Fe, por caso, Omar Perotti logró llegar competitivo a elección de la que salió gobernador gracias a que ordenó una interna panperonista que, de otro modo, sería casi imposible.

Sacrificios

En el ecosistema del PJ bonaerense no hay una sola voz que no empuja la postulación de Cristina. Hay una razón pragmática: es la figura que más mide y la que produce un alineamiento que ningún otro de las figuras en danza genera. La tesis de que con Cristina en la lista -por caso como candidata a senadora- alcanza está en discusión. Otra vez la experiencia Alberto pone en duda la migración de votos y el arrastre de voluntades. Son pistas que surgen cuando se hace lo que un dirigente denomina la “arqueología del fracaso” de la fórmula Fernández-Fernández.

En la lectura del peronismo del conurbano, Cristina es la candidata que más aporta para que el FdT logre su objetivo central: retener la provincia de Buenos Aires. Aunque eso pueda suponer un doble sacrificio: que se arriesgue a perder, incluso contra Macri, y quede a la intemperie, sin fueros, un pudor que parece más una preocupación de otros que de ella que en el 2015 quedó expuesta, situación que allanó la obsesión de Claudio Bonadio.

Un dibujo que a esta altura parece ficcional reparte casilleros futuros del FdT: la vice de Kicillof para Malena Galmarini o para Martín Insaurralde, y para Massa el tope de la boleta de senadores que dejaría libre Cristina

¿Soporta Cristina una PASO con otros candidatos? ¿Es concebible, por caso, una primaria donde se enfrenten hipotéticamente el presidente y la vice, más allá de que el resultado esté cantado? ¿Sirve una paso donde haya competidores que sean meros sparrings? “Me gustaría a ganarles una PASO a los que creen que puede haber peronismo sin Cristina”, deslizan desde el corazón de La Cámpora.

Si la prioridad es la provincia, la otra duda es qué mapa tiene la vice en la cabeza. Kicillof trabaja con su plan de reelección mientras “Wado” De Pedro se mueve como candidato potencial, para un casillero a definir, ninguno descartado. Máximo se muestra decidido a quedarse en Buenos Aires y, como parte de ese relato, desde La Cámpora se invoca a Pablo González, presidente de YPF; como candidato a gobernador en Santa Cruz ante la hipotética decisión de Alicia Kirchner de cerrar su capítulo ejecutivo. Un dato que a veces se pasa por alto: en el 2021, el FdT quedó tercero en Santa Cruz. ¿Sobre qué ecuación Máximo sería un candidato competitivo en la provincia donde se crió?

¿Puede irrumpir, si su gestión como ministro muestra resultado, Massa como candidato a presidente? A poco de jurar, en una charla con ruralistas tiró una frase donde dijo que dejaría pasar el turno 2027. Pareció un tropiezo pero, pasado el tiempo, se adivina como un desliz táctico de Massa que mira a la provincia como el lugar donde atravesar un potencial temporal amarillo. Un dibujo que a esta altura parece ficcional reparte casilleros: la vice de Kicillof para Malena Galmarini o para Martín Insaurralde, y para Massa el tope de la boleta de senadores que dejaría libre Cristina.

PI

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