Misterio en la Triple Frontera

Una trama de espías en Iguazú: el viaje secreto de Santiago Caputo y el operativo argentino para sacar a Bolsonaro de Brasil

Posadas, Misiones —
28 de octubre de 2026 14:05 h

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Hay algo de las novelas de Tom Clancy en la historia. Un dirigente político que necesita abandonar su país después de una orden judicial, una frontera atravesada en plena noche, un avión privado esperando del otro lado y una operación que habría involucrado a los servicios de inteligencia de un gobierno extranjero. La diferencia es que esta vez el lugar no es Washington ni Moscú, sino Puerto Iguazú, en el extremo norte de Misiones, y uno de los posibles protagonistas es Santiago Caputo, el asesor de Javier Milei y fanático de las historias de espionaje del escritor estadounidense.

La trama tiene como protagonista a Flávio Bolsonaro, el candidato brasileño respaldado públicamente por Milei en las elecciones presidenciales del domingo, en las que terminó derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva. El escenario no podría ser más apropiado: la Triple Frontera, ese rincón de Sudamérica donde confluyen la Argentina, Brasil y Paraguay, y que desde hace décadas alimenta relatos de espías, contrabandistas, operaciones clandestinas y misterios nunca del todo esclarecidos.

Según pudo reconstruir elDiarioAR, el gobierno argentino tuvo una participación activa en el operativo que permitió la salida de Bolsonaro de Brasil rumbo a Estados Unidos, donde Donald Trump había anunciado que le concedería asilo político. La maniobra habría sido coordinada por la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) y la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), sin conocimiento de otros organismos federales como Gendarmería Nacional y la Policía Federal.

Pero hay un dato que agrega una dimensión política a la trama: Caputo habría viajado personalmente y de manera reservada a territorio misionero el lunes, apenas un día después de las elecciones brasileñas. Según la información recogida por este medio, su desplazamiento habría coincidido con la llegada a Misiones del avión privado que terminó siendo utilizado para trasladar a Bolsonaro fuera del país. Una de las hipótesis que circulan es que el asesor incluso pudo haber llegado en esa misma aeronave. Ese extremo, sin embargo, todavía no pudo ser corroborado.

Durante todo el martes, mientras comenzaban a conocerse los detalles del operativo, el Gobierno jugó al misterio. La Casa Rosada evitó pronunciarse sobre la victoria de Lula, pese a que el resultado electoral representaba un revés para la apuesta política que Milei había realizado en Brasil. No hubo felicitaciones al presidente reelecto ni explicaciones sobre los movimientos registrados en Iguazú.

El silencio oficial coincidió con una jornada de versiones cruzadas en la que se daba por hecho que Bolsonaro ya había conseguido escapar de Brasil y se encontraba a salvo en Estados Unidos. Sin embargo, el dirigente brasileño todavía no había ingresado a la Argentina: su cruce por el puente internacional Tancredo Neves fue recién por la noche noche. Mientras buena parte de la prensa intentaba reconstruir una fuga que suponía consumada, el avión que terminaría trasladándolo permanecía en Puerto Iguazú desde el lunes. La operación, lejos de haber concluido, todavía estaba en marcha.

Cortinas de humo

La estrategia tuvo un primer capítulo en la conferencia de prensa del vocero presidencial, Adrián Ravier, quien se limitó a señalar que el Gobierno había “tomado nota” del resultado electoral brasileño. Lejos de felicitar al vencedor, buscó justificar la ausencia de un saludo recordando que Lula tampoco había felicitado personalmente a Milei cuando ganó las elecciones argentinas de 2023. La respuesta dejó en evidencia que la Casa Rosada no tenía intención de modificar su posición frente al mandatario brasileño, con quien el Presidente mantiene un enfrentamiento político y personal.

Pero el verdadero misterio estaba a más de mil kilómetros de Buenos Aires. En Puerto Iguazú, un avión privado había despertado la atención de las autoridades y alimentado las especulaciones sobre la presencia de Bolsonaro en territorio argentino. Se trataba de un Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, perteneciente a la flota de Baires Fly, una de las principales compañías de aviación ejecutiva del país. La aeronave había llegado a Misiones desde Aeroparque el lunes por la noche, en coincidencia con el presunto desplazamiento de Caputo a la ciudad fronteriza.

La Dirección Nacional de Migraciones intervino públicamente el martes para descartar las versiones. En un comunicado, el organismo aseguró que no registraba ningún ingreso de Bolsonaro a la Argentina y que, ante la repercusión mediática provocada por la presencia del avión, se habían iniciado controles sobre la aeronave y su tripulación. También sostuvo que no existía ningún plan de vuelo que incluyera a la familia Bolsonaro.

La explicación, sin embargo, no consiguió cerrar los interrogantes. Horas después, Simón Levy, presidente del American Council y dirigente vinculado al universo trumpista, aseguró que el gobierno argentino había intervenido directamente para facilitar la salida del dirigente brasileño. “Está vivo gracias a la intercesión del presidente Milei”, afirmó el abogado mexicano, exviceministro de Turismo de su país, en una declaración que colocó a la Casa Rosada en el centro de la operación.

La versión oficial cambió este miércoles, cuando Migraciones terminó por confirmar lo que había descartado apenas unas horas antes: Bolsonaro ingresó a la Argentina el martes a las 22.50, acompañado por su esposa y sus dos hijas, a través del puente internacional Tancredo Neves, que conecta Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú. Según precisó el organismo en una nueva comunicación, la familia partió 23.30 con destino declarado a Guayaquil, Ecuador.

¿Entre la SIDE y la EBY?

La secuencia plantea una serie de preguntas sobre el funcionamiento de los controles fronterizos y el grado de conocimiento de las autoridades nacionales. Si la SIDE y la PSA participaron de la operación, como pudo reconstruir elDiarioAR, ¿quién impartió las instrucciones y por qué quedaron al margen Gendarmería y la Policía Federal? La primera de esas fuerzas tiene responsabilidades directas en la vigilancia de las fronteras, mientras que la segunda integra el sistema federal de seguridad. La eventual exclusión de ambas constituye uno de los aspectos más llamativos del procedimiento.

En ese escenario, la presencia de Santiago Caputo adquiere una relevancia particular. El asesor presidencial conserva influencia sobre la estructura de inteligencia. También mantiene vínculos estrechos con figuras vinculadas a la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), el organismo administrado conjuntamente por la Argentina y Paraguay que tiene a su cargo la represa hidroeléctrica del mismo nombre. Su presunto desplazamiento a Iguazú durante las horas previas a la salida de Bolsonaro alimenta los interrogantes sobre una participación mucho más directa que la de un simple intermediario político.

¿Es cierto que un exintegrante de la DEA, actualmente vinculado a Yacyretá y señalado como hombre de confianza del asesor presidencial, también fue visto este martes del otro lado de la frontera, en Foz do Iguaçu? ¿Y qué hacía allí, precisamente cuando se preparaba una operación que habría involucrado a los servicios de inteligencia argentinos? Por ahora, son preguntas que permanecen sin respuesta.

Anoche, mientras se desarrollaban los acontecimientos, Caputo también jugaba su propio partido en las redes sociales. El asesor presidencial publicó casi en simultáneo con los movimientos que habrían permitido la salida de Bolsonaro un mensaje en X en el que se burló de la prensa. “La cobertura periodística del día de hoy debe haber sido probablemente uno de los papelones más grandes del periodismo mundial de la historia. Dijeron cualquier cosa. Se desdijeron. Lo volvieron a decir. Todo con el mismo nivel de certeza y animosidad. En todas partes del mundo. No sé quien es el que los sacó a pasear en chota (SIC) pero toda mi admiración”, escribió.

El mensaje adquiere otra dimensión a partir de las versiones sobre su presencia en Misiones. No hubo confirmación oficial sobre su desplazamiento ni explicaciones públicas acerca de los motivos de un eventual viaje. Tampoco quedó claro a quién atribuía la maniobra que, según sus propias palabras, había conseguido confundir a periodistas de distintas partes del mundo. Lejos de despejar las dudas, Caputo volvió a la carga este miércoles, cuando ya se conocían más detalles sobre la salida de Bolsonaro.

“No contentos con haber dicho infinitas idioteces ayer veo que se disponen a decir infinitas idioteces hoy”, escribió en X. El asesor volvió así a desacreditar la cobertura periodística, pero evitó aclarar si efectivamente había viajado a Iguazú y qué conocimiento tenía del operativo. Dos días de ironías y ninguna explicación sobre su eventual participación en una maniobra que, según pudo reconstruir elDiarioAR, contó con la intervención de organismos del Estado argentino.

Un avión bajo la lupa judicial

La identidad de la aeronave agrega otro elemento a una historia que parece acumular ramificaciones. Baires Fly, la empresa propietaria del Gulfstream G400 matrícula LV-JQW que trasladó a Flávio Bolsonaro, aparece involucrada en la investigación judicial por el presunto sistema de coimas y sobreprecios en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), el organismo que estuvo a cargo de Diego Spagnuolo, exfuncionario cercano a Javier Milei.

Como revelaron Mauricio Caminos y Sebastián Lacunza en elDiarioAR, el fiscal federal Franco Picardi señaló a Baires Fly y al empresario aeronáutico Sergio Mastropietro, exsocio de Federico “Fred” Machado, como presuntas “cabeceras del lavado” del dinero proveniente de las contrataciones irregulares de ANDIS. Según la hipótesis fiscal, el mecanismo consistía en canalizar fondos a través de transferencias realizadas por droguerías y laboratorios proveedores de la agencia, que posteriormente eran respaldadas con facturas por la “compra de kilómetros nacionales” y horas de vuelo. Se trata de una modalidad comercial habitual en el mercado de la aviación privada, aunque en este caso quedó bajo sospecha por su presunta utilización para justificar movimientos millonarios de dinero.

La investigación avanzó sobre esas operaciones y el juez federal Sebastián Casanello ordenó un embargo superior a los 7.000 millones de pesos. En febrero, sin embargo, la Cámara Federal porteña consideró excesivo el monto y dispuso que fuera recalculado. Actualmente, el expediente se encuentra en manos del juez Ariel Lijo. La empresa Baires Fly no está imputada como persona jurídica, mientras que Mastropietro rechaza las acusaciones y sostiene que su vinculación empresarial era con otra compañía, Baires Jets, de la que es propietario.

El dueño formal de Baires Fly es Luis Grande, socio de la firma desde 1991 y uno de los empresarios de mayor trayectoria en el mercado de la aviación ejecutiva. La compañía cuenta con una flota de alrededor de diez aeronaves y una cartera de clientes que atraviesa gobiernos de distintos signos políticos.

Mastropietro, por su parte, tiene una extensa trayectoria en el negocio aeronáutico y mantuvo vínculos comerciales con Fred Machado, el empresario investigado por narcotráfico que financió al exdiputado libertario José Luis Espert. Fue, además, uno de los intermediarios que conectaron a Machado con el exdiputado en 2019.

La utilización de una aeronave de Baires Fly para trasladar a Bolsonaro no supone ninguna conexión acreditada entre ese vuelo y las presuntas irregularidades investigadas en ANDIS. Pero suma un dato significativo a la trastienda y deja planteada una pregunta todavía sin respuesta: quién contrató y pagó el vuelo que permitió al dirigente brasileño abandonar la Argentina rumbo a Estados Unidos. En una novela de Tom Clancy, Jack Ryan probablemente habría participado del operativo para garantizar la fuga. Aunque, tratándose de una misión secreta, difícilmente hubiera dejado tantas pistas.

PL/CRM