A casi un mes de la identificación del cuerpo

El caso Fernández Lima: la defensa de Cristian Graf pidió su sobreseimiento

La defensa de Cristian Graf presentó un escrito ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°56 en el que reclamó su sobreseimiento definitivo en la causa por la muerte de Diego Fernández Lima, el adolescente de 16 años desaparecido en 1984 cuyos restos fueron hallados este año en una obra en construcción de Coghlan.

El planteo, firmado por los abogados Érica Nyczypor y Martín Díaz, sostiene que no existen pruebas que vinculen a Graf con el hallazgo de los huesos y que el fiscal Martín López Perrando “construyó un relato” para presentarlo como responsable bajo la presión social y mediática, según supo elDiarioAR de fuentes vinculadas al caso. En el escrito se incluyeron certificados escolares, antecedentes laborales y recibos de sueldo de Graf para mostrar que llevó una vida “normal” desde los años 80, además de testimonios de excompañeros que aseguraron que apenas compartió la escuela con Diego, sin tener relación cercana.

El pedido llega en un contexto de fuertes tensiones procesales. Días antes, el juez Alejandro Litvack aceptó a la familia de Diego como querellante. Javier Fernández Lima, hermano del adolescente, asumió esa representación junto con los abogados Hugo Wortman Jofré y Tomás Brady, lo que les garantiza acceso directo al expediente y la posibilidad de impulsar medidas.

Aunque el magistrado rechazó por ahora citar a indagatoria a Graf, la querella insiste en que el caso no quede impune, pese a que el crimen común ya prescribió.

Consultado por este medio, Wortman cuestionó la estrategia de la defensa de Graf sobre el pedido de sobreseimiento: “Consideramos que el pedido es improcedente en una investigación que recién comienza. Evidentemente este hombre no quiere soportar una investigación judicial y está muy apurado por cerrarla”.

Un misterio de cuatro décadas

Un adolescente de 16 años que salió de su casa el 26 de julio de 1984 y nunca regresó. Durante más de cuatro décadas, la ausencia de Diego Fernández Lima dejó una herida abierta y se convirtió en un enigma sin respuestas, como tantas desapariciones ocurridas en el pasado en nuestro país. Aquel día el joven había almorzado en su casa de Villa Urquiza, le pidió dinero a su madre para visitar a un compañero de colegio y no fue visto nunca más. Este año, una obra en construcción en Coghlan destapó el secreto enterrado: 150 huesos hallados junto a la medianera de la casa que habitaba un viejo compañero de escuela. Meses después se confirmaría que era Diego.

El padre del muchacho murió en un accidente en los años 90 convencido de que su hijo había sido captado por una secta. En 1986, la revista ¡Esto! dedicó incluso una nota a doble página sobre el caso, pero nada acercó respuestas. El tiempo pasó sin pistas firmes, y Diego quedó registrado como uno de los tantos adolescentes desaparecidos en democracia durante los 80, sin vínculo con la dictadura y en un limbo que nunca encontró resolución.

¿Qué pasó? La línea de tiempo del caso

El 20 de mayo de 2025, obreros que trabajaban en una obra en Congreso al 3.700 encontraron restos humanos enterrados junto a la medianera de una casa. La propiedad, que en algún momento había alquilado Gustavo Cerati, líder de la banda Soda Stereo, fallecido en 2014, pertenecía desde los años 80 a la familia Graf. Los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) recuperaron 150 piezas óseas esparcidas bajo tierra y determinaron que correspondían a un varón adolescente que había muerto de manera violenta, con lesiones compatibles con heridas cortantes y posteriores intentos de ocultamiento (de todas maneras, cabe aclarar que no está confirmado en las pericias que las lesiones fueran efectivamente cortantes, ya que los documentos hablan de muerte violenta y ocultamiento, pero sin especificar arma). Los huesos estaban dispersos y no conformaban un esqueleto completo, lo que reforzó la hipótesis de descuartizamiento y ocultamiento deliberado.

El 7 de agosto de 2025, los análisis genéticos confirmaron que se trataba de Diego Fernández Lima. El cotejo con familiares directos cerró una incertidumbre de 41 años. Ese mismo día, la fiscalía informó que el principal apuntado era Cristian Graf, compañero de colegio de Diego y actual habitante de la casa lindante. Graf negó todo vínculo y aseguró que “no sabe cómo llegó el cuerpo ahí”. En entrevistas con medios, repitió que tenía “la conciencia limpia” y sugirió que alguien pudo “plantarle” los restos. También rechazó que su padre —ya fallecido— tuviera algo que ver.

Las versiones no cierran con el expediente. Testigos declararon que Graf controlaba de cerca las excavaciones en su casa, incluso pidió a los obreros que no cortaran un árbol cerca de la medianera, justo donde finalmente aparecieron los huesos. Ese detalle alimentó las sospechas de encubrimiento agravado y supresión de evidencia, delitos por los que fue imputado. Además, un excompañero de ambos que vive en el exterior recordó que a Diego lo apodaban “el Gaita” y a Graf, “el Jirafa”, y declaró por Zoom sobre el vínculo entre ellos. Es decir que Graf y Fernández Lima se conocían pero no hay registros por ahora de que existiera una relación de amistad, enemistad o rivalidad. Ni odio, ni cariño, ni envidia. Simplemente se conocían por el colegio, por lo que se sabe hasta ahora.

A casi un mes de la identificación del cuerpo de Diego, el caso sigue abierto. Pese al tiempo transcurrido y las trabas legales por la prescripción del delito, la aparición de los restos en Coghlan reabrió un misterio que parecía enterrado para siempre. La familia de Diego busca que la Justicia determine qué pasó con él en 1984 y cómo su cuerpo terminó oculto en la casa de un excompañero de colegio.

JJD/MC