GUERRA DE MEMES

“¿Es delito tener un Falcon Verde?” Memes de la dictadura, provocación y “excesos”

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Los memes de la dictadura existen, los hemos visto todos, aunque no se nos presentan con la frecuencia de otros memes políticos, de figuras y eventos más actuales. Las fechas simbólicas, sin embargo, los traen de vuelta a la conversación digital, que a menudo se confunde con la realidad. Con esa capacidad para provocar y llamar la atención, de darse visibilidad por medio de la ofensa, quienes se expresan con estas imágenes y discursos buscan su objetivo de contar una realidad tal y como ellos la ven y creen: el universo paralelo en el que la dictadura, como diría el meme de Guido Kaczka: “estuvo mal… pero no tan mal”.

En el debate presidencial, el entonces candidato Javier Milei dijo de la dictadura militar había cometido “excesos”, reponiendo las palabras de Emilio Massera y abonado a una interpretación que limita los cuestionamientos y críticas a aspectos más bien cuantitativos y formales, secundarios. Esta mirada deja intactas sus razones de fondo, sus métodos ilegales y antiéticos, así como sus consecuencias a nivel social, político y económico, elementos que este discurso sobre la dictadura invisibiliza. La maniobra recurrente de discutir el número de desaparecidos sigue esa misma lógica.

Los memes de internet, como parte del discurso público, tiene un papel en esa operación colectiva de la desmemoria, lavando las viejas imágenes y símbolos del horror por medio de su reconfiguración risible y, como contrapunto, atacando los emblemas sobre los cuales se construyeron la retórica y política de los derechos humanos.

¿No tan mal?

La mayoría de los memes de la dictadura emplean lo más conocido de su iconografía: imágenes de Jorge Rafael Videla (acaso el más emblemático de los presidentes de facto de ese período), el Falcon verde y los vuelos de la muerte como símbolos de persecución y represión. Expresiones como “zurdos” o “zurditos”, epítetos descalificantes sobre la militancia de izquierda, son también comunes. El registro humorístico y border de estos memes impide saber, en muchos casos, si se los invoca de forma irónica, como por ejemplo en esta versión del meme del vendedor de autos a continuación, donde Videla exalta la capacidad del falcón para guardar “zurditos”.

En la imagen que sigue el emblemático vehículo de la dictadura aparece en el marco de otro meme: “Truck-kun”, que proviene de un género de mangas y animés llamado “Isekai” (de ahí la inscripción en la imagen) en el que el héroe o protagonista es transportado al más allá, por lo general luego de ser atropellado y muerto por un camión (truck). La invocación al Falcon como instrumento de muerte, por medio de este meme, si bien no cae necesariamente en un lugar de exaltación o reivindicación explícita del accionar represivo, se permite sí bromear sobre su irrupción en la vida política de los setenta y su lúgubre desenlace.

Este tipo de inserción lúdica de la imaginería del proceso permite su circulación fuera de las conversaciones sociales de la historiografía, la política y los derechos humanos, hacia el consumo de masas y el entretenimiento. Esto ocurre también en países vecinos con historias y procesos similares a los nuestros. En Chile, por ejemplo, hubo una gran controversia hace algunos años cuando se filtró una pieza de estas características sobre el pinochetismo y sus vuelos de la muerte en un juego de cartas con memes. En la imagen vemos a Pepe, la rana devenida en símbolo de la alt-right, sonriendo junto a un helicóptero que arroja personas al mar. Pepe toca un violín en miniatura, en referencia a un gag del dibujo animado Bob Esponja, ironizando sobre lo triste de la situación.

Aunque no sea local, este caso muestra y condensa componentes que se dan también en la Argentina: la reconstrucción risible del imaginario social de la dictadura, por medio de la cultura de los memes y las referencias a consumos mediáticos globales (de Estados Unidos o Japón), siempre a través del tamiz irreverente y distanciado con el que se discurre sobre cosas serias en entornos digitales. Este tipo de representaciones ya son más declaradamente pro-dictadura, en tanto que desdramatizan el accionar genocida, por medio de la ironía u otras operaciones.

“Volvé Videla”

En 2019 ocurrió un escándalo en la Policía de Córdoba luego de que se viralizó una publicación pro-dictadura de uno de sus funcionarios, en la imagen a continuación. El “chiste” de esta pieza es que Videla, a quien se le pide que vuelva, dejó su labor incompleta, sugiriendo así la necesidad de exterminar a actores de la política actual que se presumen como continuadores de los enemigos de la dictadura.

La vocación de Videla por el orden es ponderada por sobre sus métodos, que se justifican –para esta mirada– sobre el desorden y peligro con el cual eran representados sus adversarios, es decir la guerrilla y el terrorismo de izquierda. Tal es la idea de un lema que devino en broma y enunciado común en las redes: “el Falcon no se mancha”, alusivo a la conocida frase de Diego Armando Maradona. Videla es retratado, así, como héroe nacional que se sacrificó por sus ideales y que pagó, por estos, un precio alto.

Todas estas imágenes son memes porque comparten su estética, condiciones de generación y, más importante, su uso conversacional, especialmente como forma de intervención en foros y comentarios de redes sociales, espacios donde se hibridan lo público y lo privado con resultados problemáticos para personas que tienen cargos y responsabilidades institucionales y que quedan, así, expuestas.

Pero una en particular tiene la condición de ser uno de esos típicos memes que se replican participativamente con variaciones que introducen los usuarios. Se trata de una foto del dictador levantado tres dedos, gesto que inspira la consigna del meme: Videla pide tres cosas –un requisito mínimo, que se cuenta con los dedos de una mano– para un gran orden. La primera de estas piezas versa sobre la cuarentena, medida que requirió de un gran y sostenido uso de la autoridad del Estado. “Dame tres horas y les hago respetar la cuarentena, cosen barbijos y les hago cantar el himno”, dice Videla en esta variación del meme. Su caracterización en estas piezas es la de alguien cuyos métodos combinan sencillez y eficacia: pide poco y da mucho, la autoridad se ejerce con poco, en las manos adecuadas.

Provocaciones y excesos

Claro que muchas de estas expresiones están hechas deliberadamente para provocar, como se estila entre trolls. ¿Son, quienes comparten estas imágenes, deliberadamente pro-dictadura? Probablemente no, al menos no todos. En el afán de alterar a interlocutores cercanos al kirchnerismo y la izquierda, estos símbolos demuestran ser eficaces para ofenderlos y detonarlos. Y eso a los trolls les divierte. Después de todo, se trata de humor negro, de jugar con lo que es políticamente incorrecto, algo que es común en Internet pero que se ha nutrido también del consumo de cultura mainstream con programas como South Park o Family Guy. Joder con Videla, para estos parámetros, no es muy distinto a hacerlo con Adolf Hitler, Osama Bin Laden o Sadam Husein.

Sin embargo. es posible que la intención o deliberación particular de quienes postean estas piezas sea algo secundario, casi irrelevante, cuando se mira el entramado de discursos en el que ocurren estas intervenciones en lo público. Un progresivo pero constante proceso de reinterpretación del pasado reciente, en el que los consensos y valores democráticos son puestos en tela de juicio junto con el horror precedente. Esto se lleva a cabo, hoy, de una forma mucho más eficaz que la de la reivindicación abierta e hiperminoritaria de la dictadura. No se realiza diciendo “que bien lo que hizo Videla” sino permitiendo la pregunta de si en verdad estuvo tan mal (pregunta respaldada en otras como si realmente fueron tantos desaparecidos, si realmente fueron inocentes, etc.). Una operación compleja, de algún modo muy bien expresada en la réplica de esta influencer libertaria al periodista Sergio Chouza: “¿Es delito tener un Falcon verde?”

NC/DTC